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29 de noviembre de 2021
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Salud y bienestar

Ley del Espejo: qué es, cómo funciona y por qué hay que respetarla

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Es una gran herramienta que permitirá autoconocerse y sanar la relación con otras personas, mediante el poder de la observación y el "reflejo" que el mundo exterior hace de la vida interna de las personas.

La llamada Ley del Espejo, acuñada hace unos años por el experto japonés en coaching y asesoramiento psicológico Yoshinori Noguchi, postula que la percepción del mundo y de las relaciones humanas son un reflejo de nuestro mundo interior.

Las circunstancias externas de la vida de una persona como, por ejemplo, una mala relación con un familiar o un trabajo que no satisface, resaltan cómo se está interiormente (creencias limitantes, maneras de pensar, entre otras).

En definitiva, lo que postula el experto es que “todos los cambios que queramos llevar a cabo con lo que se refleja en el mundo exterior deben suceder primero de manera interna. La causa de lo que te ocurre fuera eres tú mismo, la ley del espejo te invita a dejar de lado el victimismo y tomar acción en la vida, cambiándote tú primero”, señala la coach profesional Celia de la Hoz en una publicación de BioBio.

¿Cómo funciona esta ley?

Según Noguchi, existen cuatro mecanismos en que esta ley funciona para entender de qué manera lo externo está afectando nuestro yo interior.

1. La similitud: esta sugiere que reaccionamos de manera abrupta cuando observamos ciertos rasgos negativos en otras personas que nosotros mismos poseemos. En efecto, estas personas vienen a “reflejar” un lado de nosotros mismos que nos resulta oscuro o poco agradable. Ante ello, nuestro inconsciente reacciona rechazando un acto o a una persona en particular como mecanismo de defensa personal. No obstante, esta similitud es una gran oportunidad para ver aquellas cosas que consideramos defectos, aceptarlos y poder transformarlos.

2. La oposición: este mecanismo funciona de forma opuesta al anterior. Ocurre cuando nos enfadamos ante situaciones o personas que actúan en contra de nuestras características o valores más arraigados, principalmente aquellos que se relacionan con nuestra identidad (ser educado, tolerante, honesto, generoso, etcétera).

3. Comportamiento con otros: existen determinadas circunstancias en que reaccionamos de forma desproporcionada con otras personas que nos reflejan cómo nos estamos comportando con terceros.

4. La idealización: es el caso más común y consiste en “contaminar” con nuestras expectativas internas las relaciones con los demás. Ocurre cuando nos enfadamos o entristecemos por la forma en que un tercero se comporta con nosotros, volviéndose un espejo de nuestra decepción con que las cosas no hayan salido como hubiésemos querido.

¿Cómo sanar y perdonar los espejos de nuestras vidas?

En base a lo señalado por el experto japonés, existen algunos ejercicios para transformar los espejos de nuestras vidas en enseñanzas enriquecedoras, que nos permitan sanar y resignificar nuestras relaciones con los demás.

1. Sé consciente de aquello que no puedes perdonarles. Por ejemplo, “No puedo perdonar a mi padre su exigencia conmigo y hacerme ver que nunca soy suficiente en el trabajo”.

2. Enlista tus pensamientos negativos. Escribe absolutamente todos los aspectos negativos que consideras que tiene esa persona. Por ejemplo, “Mi padre es muy exigente, intransigente, controlador, crítico, etc”.

3. Identifica y entiende. Busca qué situaciones no has sido capaz de perdonar ni soltar. Por ejemplo, “No le perdono que no me reconociese nunca el trabajo dentro de su empresa”.

4. Agradecimiento. Ahora, intenta identificar aquellas cosas por las que estás agradecido de esa persona. Por ejemplo, “Estoy agradecida de mi padre por darme la oportunidad de trabajar en su empresa y por algún día heredarla, por inculcarme el valor de esfuerzo”.

5. Perdona con palabras. Recuerda aquello que esta persona ha reflejado de ti mismo y perdonártelo a ti mismo y a él/ella. Por ejemplo, “Perdono a mi padre porque su exigencia y nunca ser suficiente me ha hecho ver que yo nunca reconozco el trabajo ajeno, ni siquiera el de mi padre”.

6. Pide perdón. Cuando hayas puesto en perspectiva lo anterior y perdones a esa persona, siendo consciente de lo que ha reflejado de ti, observa cómo te has comportado. Es posible que viendo su espejo quieras disculparte por el posible daño causado a esa misma persona. Por ejemplo, “Lo siento papá por no haber reconocido tu trabajo”.

7. Aprendizaje. Lo que está haciendo este ejercicio es, concretamente, tratando de enseñarte algo de ti mismo. Intenta ser consciente de lo que debes aprender, del tipo de “espejo” que supone en tu vida y cómo quieres resignificar esa relación. Por ejemplo, “Tenía que aprender que yo hago lo mismo que mi padre, que lo que menos me gusta de él es lo que menos me gusta de mí. ya que también lo hago con terceras personas”.

8. Perdona de verdad. Finalmente, el autor japonés reconoce que incluso habiendo seguido todos estos pasos, es posible que mantengas cierto rencor hacia esa persona. Ante ello, propone que te digas a ti mismo “Le perdono” todas las veces que sean necesarias hasta que lo sientas de verdad. Noguchi destaca que aunque esta ley actúe a través de otras personas, el perdón no deja de ser a uno mismo.

Fuente: BioBio

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