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12 de agosto de 2006
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ENTREVISTA

?Mis hermanos son lo único que tengo en la vida?

Luciano Andrés Cabezas es un niño que, tras el sufrimiento, aprendió a valorar la vida.

    La historia de esta nueva edición pretende homenajear a todos los niños de Mendoza en su día y, por ello, hemos escogido como el gran protagonista de la vida a Luciano Andrés Cabezas. Luciano es un niño al que la vida le jugó una mala pasada siendo muy pequeño, pero con valentía, dignidad y mucha entereza supo enfrentar y ganar una dura batalla. Dueño de una infancia colmada de diversión y alegría, desde muy chico tuvo la oportunidad de descubrir la felicidad pues su madre, dentro de sus posibilidades, intentó otorgarle una niñez plena, en la que su mayor placer fue haber participado de un torneo de fútbol donde realmente encontró su verdadera pasión.

    Sin embargo, esa alegría y dicha no durarían mucho tiempo, pues este niño, con sólo 9 años, tuvo que enfrentarse con la tristeza de perder a su madre, su ser más amado. Desde entonces, él junto a sus tres hermanos, David, Gastón y Lourdes, debieron crecer y descubrir, dentro de su mundo de magia, ilusiones y fantasías, que existía una realidad a la que debían acostumbrarse, una realidad llamada soledad en la que debían empezar a vivir.

   “Cuando falleció mi mamá fue un momento muy duro, porque tanto mis hermanos como yo quedamos solos, sin nadie, ya que nuestros familiares no podían hacerse cargo de nosotros por razones económicas y, encima, ninguno teníamos a nuestros padres, por lo que realmente fue una situación muy complicada”, manifestó el pequeño en una charla con Los Protagonistas. Pero, a pesar de este trágico panorama y siendo muy chico para comprender esta realidad, Luciano jamás bajó los brazos y siguió apostando por la vida.

    Si bien sus días ya no eran felices ni divertidos como antes, intentaba continuar con su niñez lo mejor posible. “Mis tíos nos inscribieron en un registro para darnos en adopción, pero como no se daba la oportunidad, terminé internado en la colonia 20 de Junio. En ese lugar estuve casi un año y la pasé re lindo, lo único que me daba pena era que no estaba junto a mis hermanos, pero David, el mayor de todos, me iba a visitar todas las semanas y, con su presencia, de inmediato se me pasaba toda la angustia”, relató.

    “Cada vez que me iba a visitar, me llevaba cosas ricas, golosinas, ropa, y a mí me encantaba recibir a mi hermano, me permitía seguir conectado con mi familia, con mis raíces”. Si bien en ese hogar Luciano había encontrado la contención que necesitaba, en su corazón deseaba estar junto a sus hermanitos más chicos. Así fue como, impulsado por ese profundo sentimiento, un día, justo la noche anterior a su cumpleaños, tomó la decisión de escaparse de ese hogar para reencontrarse con ellos y no separarse jamás.

    “Me fui con lo puesto y dejé un montón de ropa y cosas personales, pero tenía ganas de estar con mis hermanos, los extrañaba un montón y me sentía con mucha pena. A raíz de ello, mis tíos empezaron los trámites para que me recibieran en el hogar Brazos Abiertos, donde estaban los chicos y en el que vivo junto a ellos desde hace tres años”, comentó orgulloso.

UN HOGAR SOLIDARIO. Brazos Abiertos es un hogar que alberga a 21 niños, los que son derivados por distintas circunstancia desde el juzgado de menores. Su presidenta, Nidia Mercedes Soto, junto a un grupo de voluntarias, es la encargada de asistir a estos niños. Pero su misión no es sólo brindarle un plato de comida y un techo donde resguardarse, sino que, además, son las encargadas de contenerlos, mimarlos y brindarles ese amor que, quizás, jamás recibieron en su seno familiar.

    “Cuando llegué a Brazos Abiertos me portaba re mal, todos me decían que estaba endemoniado porque hacía lío, contestaba mal, no quería comer. Después, con el tiempo me fui dando cuenta que éste era mi único hogar y debía respetarlo, y así cambié de actitud y comencé a obedecer a Nidia y a todas las mujeres”, dijo con su carita de pícaro. Ese mal comportamiento hoy se ve reflejado en muchos niños allí albergados.

    Paradójicamente, Luciano es quien, en la actualidad, se encarga de aconsejarlos para que obedezcan. “Yo les digo que jueguen sin pelear, que coman sin hacer ruido y todos, por suerte, me hacen caso. Me convertí en un referente para los más chicos y eso está re bueno”, expresó sonriente. Gracias a este hogar, Luciano recuperó su hermosa y radiante sonrisa, sus días volvieron a tener un significado, comenzó a interesarse por la escuela, algo que jamás había hecho. “Cuando vivía con mi mamá no estudiaba nunca porque no me gustaba, repetía y ni siquiera había aprendido a leer ni a escribir.

    Pero ahora, luego de varias conversaciones con Nidia y los profes que nos brindan apoyo escolar en el hogar, me di cuenta que es re importante estudiar y me encanta. Tengo calificaciones re lindas y siempre me felicitan”, refirió tímidamente. Y esas ganas de luchar y de intentar perfeccionarse fue lo que le inculcó Nidia, su mamá de la vida, una mujer que se desvive por él y por cada niño del hogar. Al preguntarle a Luciano qué significa ella en su vida, respondió: “Es una gran persona, yo la quiero mucho y le agradezco por todas las oportunidades que nos ha brindado, tanto a mí como a mis hermanitos”.

UN SUEÑO POR CUMPLIR. Luciano, hace muy poquitos días, cumplió 14 años. Sus ansias de llegar a ser un hombre de bien ya han comenzado a incorporarse en su pensamiento. Por ello, y siempre pensando en su futuro, tiene en su mente un sueño que desea cumplir con todo su corazón, que es ingresar a estudiar en el Liceo Militar General Espejo. “Mi meta es poder hacer la carrera de militar,me encanta ver a los chicos lucir sus trajes, su pelo corto y sinceramente sueño con que, algún día, pueda estar en esa escuela para poder ser como ellos”, expresó.

    Pero, lamentablemente, para que este jovencito pueda alcanzar su propósito hace falta de la solidaridad de los mendocinos, ya que la carrera demanda muchos gastos y en este momento ni el Hogar ni Luciano están en condiciones de suplirlos. Por ello, a través de esta sección, apelamos a la ayuda de un alma comprometida y deseosa de convertirse en madrina o padrino de este niño para que pueda lograr su cometido. “Me gustaría que alguien me ayude económicamente para poder asistir al Liceo, desde siempre quise ingresar y ahora, que ya tengo la edad adecuada, necesito que me ayuden”, refirió algo ansioso.

    Es una causa noble y vale la pena que aquella persona que se encuentre en condiciones pueda hacer feliz a este niño, al que la vida golpeó siendo muy pequeño, y que, a pesar de ello, aún hoy tiene ganas de seguir apostando por sus ideales. La historia de hoy refleja la niñez de un joven en la que el entusiasmo y las ganas de crecer se transformaron en ejes y pilares de su vida. Sería propicio concientizarse de que Luciano, con sólo 14 años, se ha convertido en un ejemplo de vida, digno de destacar por su entereza y admirable modo de afrontar la triste realidad que le tocó vivir. Si todos nos unimos, es posible que este niño alcance su meta. Juntos podemos hacer posible un sueño que espera ser cumplido.

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