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14 de agosto de 2006
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CRISIS DEL RADICALISMO

Mirada internacional

Lo que sigue es una nota de análisis de la agencia de noticias Efe, realizada por la periodista Maricel Seeger. El despacho de la agencia demuestra la importancia institucional que plantea la situación en la UCR y que es seguido en el exterior: la Unión Cívica Radical (UCR), la segunda fuerza parlamentaria de Argentina, se asoma a la ruptura con la consolidación de un sector interno que apoya la ?concertación plural? impulsada por el presidente Néstor Kirchner.

    Lo que sigue es una nota de análisis de la agencia de noticias Efe, realizada por la periodista Maricel Seeger. El despacho de la agencia demuestra la importancia institucional que plantea la situación en la UCR y que es seguido en el exterior: la Unión Cívica Radical (UCR), la segunda fuerza parlamentaria de Argentina, se asoma a la ruptura con la consolidación de un sector interno que apoya la “concertación plural” impulsada por el presidente Néstor Kirchner.

    Enfrentados a la jefatura del partido, los dirigentes y altos funcionarios que conforman este grupo ya se ganaron el mote de “radicales K”, dada su afinidad con el gobierno de Kirchner, líder del Frente para la Victoria, una fracción del Partido Justicialista. Su simpatía con el Gobierno agudizó en los últimos meses la crisis que atraviesa el partido y vislumbra un posible quiebre definitivo en la próxima convención nacional del radicalismo, que se celebrará dentro de dos semanas en la ciudad de Rosario.

  Mientras los integrantes de este sector interno bautizado como “Movimiento Radical Federal” anunciaron que no concurrirán a la cita, el presidente de la UCR, Roberto Iglesias, advirtió que “el que no va a la convención se queda afuera del partido”. Las advertencias se repiten pese a que la cúpula de la UCR tampoco está exenta de alianzas, dado que no descartan un apoyo a la inminente candidatura para las elecciones presidenciales del 2007 de Roberto Lavagna, ex ministro de Economía de los gobiernos de Kirchner y Eduardo Duhalde.

   “Los que no vayan serán unos gorilas, que prefieren este proyecto de Kirchner que es peor que el de (ex presidente Carlos) Menem (1989- 1999)”, insistió Iglesias este fin de semana, durante un encuentro con los radicales que se oponen a este espacio interno, entre ellos, el ex presidente argentino Raúl Alfonsín (1983-1989). Pese al aviso, los gobernadores, intendentes y concejales que forman parte de esta nueva vertiente anticiparon que se limitarán a llevar a la convención sólo a dos representantes encargados de ratificar allí su posición.

    Precisamente, las consideraciones de este movimiento se plasmaron el sábado en un documento que deja por sentado el apoyo a la “reconstrucción plural” del país que desde hace meses propone Kirchner. “No concebimos a la UCR como un mero espectador de las grandes decisiones”, indicaron los dirigentes en el texto difundido tras el Encuentro del Radicalismo que Gobierna, celebrado en las afueras de Buenos Aires con la participación de más de 2.000 personas, entre ellas, cuatro gobernadores.

    “Desde una identidad partidaria respetuosa del pluralismo y la libertad de decisión, sin renunciar a nuestras convicciones, reclamamos a nuestro partido que se sume a nuestra exigencia de los tiempos que corren, aportando nuestra gestión, nuestros ideales y nuestra historia centenaria”, enfatiza el documento. En el encuentro, también se eligió como referente de este movimiento al gobernador de la provincia de Mendoza, Julio Cobos, a quien algunas versiones señalan como próximo candidato a vicepresidente en los comicios del 2007, en una fórmula conjunta con el Frente para la Victoria.

    El alto nivel de popularidad de Kirchner, que actualmente ronda 60 por ciento, sumado al apoyo de otras fuerzas políticas, alimentan las posibilidades de que el actual presidente apueste a una reelección. Incluso, la crisis de la UCR le permite al Ejecutivo reforzar su poder y gobernar sin una oposición fuerte. De todas formas, la crisis de la agrupación no se inició con la administración K, ya que después del gobierno del radical Fernando de la Rúa (1999-2001), que finalizó abruptamente con su renuncia, el partido comenzó a vislumbrar sus primeros síntomas de malestar.

    Después del estallido socioeconómico con el que se despidió aquel gobierno, la UCR buscó recomponer su papel de oposición y desterrar así la crisis. “No me resigno a conducir las hilachas del radicalismo”, decía hace dos años el ex presidente de la UCR Ángel Rozas, en un nuevo intento por recuperar el partido. La realidad sugiere que no lo ha logrado.

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