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23 de septiembre de 2006
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MINISTERIO DE SEGURIDAD

Me voy a permitir, con ustedes, el relato de una tragicómica situación que viene sucediéndose desde hace bastante años

    Me voy a permitir, con ustedes, el relato de una tragicómica situación que viene sucediéndose desde hace bastante años. Al título de la nota lo cambiaría por una cruel paradoja: el misterio de la inseguridad. Observamos atónitos, como han ido desfilando innumerables jefes de la manoseada seguridad. Con mi mayor consideración, uno más inoperante que el anterior o el posterior. Por supuesto que las causales son variadas. Por ejemplo, una a tener en cuenta es que la repartición que nos ocupa no puede ser, de ninguna manera, un instrumento de la politiquería de turno.

   La mezcla de los compromisos de partido y los tecnócratas serviles es sencillamente tenebrosa e inoperante. Siempre llegan a la conclusión de que las falencias giran en torno al número insuficiente de policías, además de adolecer de la falta de elementos como vehículos, armas y sueldos escasos. Ante semejante panorama, me permito reflexionar acerca de la inutilidad de las frías estadísticas cuando no se las interpreta con sentido común y razonando. Todos los días nos encontramos con las noticias de la sección policiales en las que llama la atención la frecuencia de las situaciones sin resolver o mal resueltas. ¿Será casualidad?

    ¿O tal vez se tiende a encubrir la falta de disposición preventiva o protectora y a abusar de la actitud represiva y, a veces, cómplice? Pueden sonar un tanto crudas mis palabras, pero les aseguro que hablo con conocimiento y siempre he bregado en este sentido. Luchemos, para que las fuerzas de seguridad, sean idóneas y dignas de respeto. Como médico, les sugiero que pensemos si, en una situación hipotética, es más lógico un solo cirujano capaz para operar a un enfermo o varios sin capacidad para hacerlo.

    Por más elementos sofisticados o poderosos que se pongan a su disposición, si no se los sabe usar con responsabilidad y, fundamentalmente, con respeto al que les toca atender, socorrer o, en definitiva, proteger, el resultado será como un recipiente con un agujero al que se le echan elementos y nunca son suficientes o eficientes. Es una invitación a compartir conmigo mis reflexiones, aceptándolas o no. ¡Gracias!

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