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13 de julio de 2011
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Messi

El Pochoclo Segura es uno de esos amigos que uno quisiera tener siempre arriba de la mesita de luz para darle un abrazo antes de que nos convenza el sueño

    El Pochoclo Segura es uno de esos amigos que uno quisiera tener siempre arriba de la mesita de luz para darle un abrazo antes de que nos convenza el sueño. Farrista por naturaleza, como dicen los cuyanos, no es que sea muy salidor, es, más bien, poco volvedor. Experto en vinos, política y mujeres. Tiene definiciones curiosas al respecto: dice: "Si al mundo vino y no toma vino, ¿para qué vino?".

    Dice de la política: "La política es el arte de evitar que la gente se preocupe de lo que verdaderamente importa". Dice de las mujeres: "No hay mujer fea, sólo hay belleza rara". Por supuesto que habitualmente se contradice. Algunos le dicen "Misión Imposible", porque cada vez que habla se autodestruye. Demás está decirle que es uno de los veinte millones de directores técnicos que tiene nuestro seleccionado.

    La semana pasada, después del partido contra Colombia, vertió conceptos de las siguientes características: "Messi es un pecho frío. El vago parece una reina, de visita. Hay que atenderlo hasta en los mínimos detalles. Tiene una barra de hielo en el pecho. Parece un esquimal, no transpira la camiseta. Yo no sé qué le ven para decir que es el mejor jugador del mundo. Sin Iniesta y sin Xavi, Messi es un jugador más. No vale los millones que le atribuyen. Yo lo hubiera sacado en el entretiempo".

    Ayer lo vi al Pochoclo Segura. Nos juntamos después del partido con Costa Rica a tomar un café. Anoté algunas de sus declaraciones: "Qué jugadorazo es Messi, por favor. Nunca he visto un jugador con esa calidad, con ese brillo, con esa estética de juego. Además, cuánto fervor, pidió todas las pelotas, se hizo cargo de las mejores jugadas y le dio una jerarquía al equipo que el equipo no tenía.

    Por algo dicen que es el mejor jugador del mundo. No le hacen falta ni Iniesta ni Xavi para sobresalir, en cualquier equipo sería un jugador con brillo propio. No hay que sacarlo nunca, aunque no haga nada, en cualquier momento te sorprende con una genialidad".

    Me fui del bar con una duda, no sabía si me lo habían cambiado a Messi o me lo habían cambiado al Pochoclo. Pensé, ¿no somos todos los argentinos un poquito como el Pochoclo? ¿No variamos según el éxito o la derrota? ¿Nuestra paciencia ha decidido no esperar a que el bueno tenga una oportunidad para demostrar que es bueno? Yo creo que si anoche, Guardiola, el laureado y famoso director técnico del Barcelona, vio el partido de nuestro seleccionado debe haber dicho: "Qué capo. Ojalá que en el Barcelona jugara siempre como jugó esta vez".

    A veces nos equivocamos en nuestras opiniones colectivas, una vez dijimos que Nicolino Locche no podía ganar el título mundial con su estilo de boxeo, una vez dijimos que lo de Astor Piazzolla no era tango, alguna vez dijimos que el Che Guevara era sólo una moda sesentista. Alguna vez votamos a Menem. Perdón, tres veces. 

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