El Concejo Deliberante de Maipú aprobó en octubre pasado la Emergencia Fitosanitaria y Estructural del Arbolado Urbano en todo el departamento, una medida que buscó dar respuesta a un grave problema de seguridad pública y ambiental provocado por el deterioro masivo de árboles en la vía pública.

La declaración de emergencia, que en principio fue establecida por 90 días, se adoptó tras una serie de episodios críticos, entre ellos la muerte de una mujer el 26 de septiembre, cuando un árbol cayó sobre su vehículo en medio de fuertes ráfagas de viento.

A esta situación se sumaron los daños registrados luego de la tormenta del martes pasado, relevados por Defensa Civil en distintos municipios de Mendoza. En el caso de Maipú, se contabilizaron seis incidentes, entre ellos un poste caído, cuatro árboles derribados y una vivienda anegada, lo que volvió a poner en evidencia el riesgo que representa el estado del arbolado urbano.

Desde el municipio señalaron que informes técnicos previos ya advertían sobre una alta proporción de ejemplares en mal estado, muchos de ellos con riesgo inminente de caída, lo que aceleró la toma de decisiones para prevenir nuevos accidentes.

Según el relevamiento actualizado, la comuna informó que se han erradicado 834 árboles que presentaban riesgo de caída inminente o se encontraban secos.

“Se intervinieron 960 árboles que, a causa de distintas enfermedades, tenían comprometida su estabilidad o ramas que representaban un peligro inmediato para las personas”, detallaron en diálogo con El Sol.

Desde Maipú también aclararon que el 90% de las arterias intervenidas son de jurisdicción de Vialidad Provincial, por lo que cada erradicación se realizó cumpliendo con todas las tareas administrativas y las normativas vigentes de protección del arbolado público.

Riesgos y dificultades operativas

La Municipalidad advirtió que el deterioro del arbolado urbano no solo pone en peligro a peatones, viviendas y veredas, sino que también impacta negativamente en los servicios ecosistémicos que brinda el bosque urbano, como la regulación de la temperatura, la mejora de la calidad del aire y la mitigación del impacto climático.

A esto se suma la alta complejidad de las tareas de intervención, ya que muchos ejemplares superan los 25 y 30 metros de altura, lo que obliga al uso de grúas, guindolas y maquinaria especializada, incrementando los costos y los tiempos de trabajo.

Otro de los factores de riesgo señalados por el municipio es la proximidad de numerosos árboles a líneas de media y alta tensión, lo que representa un peligro eléctrico constante para el personal de arboricultura que realiza las tareas de poda, saneamiento o erradicación.