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9 de mayo de 2021
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Entrevista

La nieta 127 lucha por conservar su actual apellido y se enfrenta a Abuelas

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Miriam Fernández rompió el silencio a más de tres años de haber sido recuperada por Abuelas de Plaza de Mayo

Miriam Fernández fue recuperada hace más de tres años y ahora decidió romper el silencio, en pleno juicio por el delito de su apropiación.

Hace dos meses arrancó el juicio por la apropiación de Miriam Fernández, conocida como la nieta 127, hija biológica de Carlos Poblete y María del Carmen Moyano. Está dentro de los casos de delitos de lesa humanidad que se cometieron en Mendoza durante la última dictadura. La mujer ya declaró en la causa y, a tres años y medio de haber sido "recuperada" por las Abuelas de Plaza de Mayo, afronta una disputa legal con ellas porque quiere conservar su apellido actual.

"Mis padres biológicos murieron defendiendo su ideología, yo tengo la misma genética y no quiero que me subestimen", expresó a El Sol la nieta 127 que, además, confesó que nadie la puede obligar a portar el apellido de sus progenitores.

"Mi apellido forma parte de mi identidad, algo que no se cambia de un día para el otro. Por ello solicité al juzgado, mediante una serie de justificaciones, que se rectifiquen los datos establecidos en mi partida de nacimiento, es decir, que se coloque el nombre de mis padres biológicos, pero con la opción de conservar mi apellido actual. La solicitud fue acatada por el juez ya que las razones eran viables", narró Fernández.

Lo cierto es que la medida fue apelada por las Abuelas de Plaza de Mayo, ya que argumentaron que la mujer no podía conservar el apellido de un apropiador. La situación derivó en un primer juicio que Fernández ganó y que actualmente está en Casación, a la espera de un dictamen judicial.

En primera persona

Los imputados en la causa son Iris Yolanda Luffi y Armando Osvaldo Fernández, oficial inspector en el Departamento de Informaciones (D-2). Además figura Abelardo Santiago Garay, también integrante de esa dependencia durante la última dictadura cívico militar, acusado de falsificar su rol como testigo del nacimiento.

Los tres están siendo juzgados como coautores de los delitos de retención y ocultamiento, de supresión de identidad y falsificación de documentación de Miriam Fernández, hija de Poblete y Moyano.

Mientras el proceso judicial se desarrolla, Miriam decidió hacer pública su historia personal.

- ¿Cómo y cuándo arrancó la búsqueda de tu identidad?

- Entre los 14 y 15 años comencé a sospechar. El tema de los desaparecidos durante la dictadura militar comenzaba a abordarse en los colegios porque antes era un tabú, y ahí empezaron a surgir mis dudas, luego de varios rumores que ya me habían llegado de terceros y decidí hablarlo con mis cinco hermanos.

En medio de la reconstrucción de mi infancia, mi hermano mayor me contó que él no tenía recuerdos míos de bebé, al menos, no en la panza de mi madre. Sí se acordaba que en la casa habían dos bebés refiriéndose a mi otro hermano que, cuando yo llegué a la casa, tenía apenas un año.

Fueron días y días de charlas entre hermanos, sin la presencia ni el conocimiento de mis padres. Hubo mucha búsqueda de recuerdos sin éxito, pero algo en mí estaba claro y es que nada me generaba ser hija adoptiva, es decir, si realmente mi sospecha se confirmaba no me modificaba en nada respecto al amor que sentía por mis padres y hermanos.

- ¿Cómo enfrentaste a tus supuestos padres?

- Todo me llevaba a creer que realmente era adoptada, incluso, por el año de mi nacimiento (1977) la sospecha de que era hija de desaparecidos crecía. Por ello, una mañana decidí enfrentar a mi papá y le pedí directamente que me contara la verdad porque algo intuía sobre mi historia.

La reacción de él fue de sorpresa, al comienzo, y luego me contó cómo llegué a la familia. Lo primero que me dijo fue que nunca conoció a mis padres biológicos, pero que si era mi necesidad encontrarlos me iba a acompañar en ese camino.

Luego enfrenté a mi madre que, en un principio negó la historia, pero luego motivada por mi padre la admitió y llorando me dijo que lo hizo por amor y que lo volvería a hacer.

- ¿Cómo llegaste a ese hogar?

- De acuerdo con el relato que me dio mi papá, un día un militar me llevó hasta la casa de ellos. Yo tenía días de vida, aún estaba con el cordón umbilical. Le pidió que se quedara conmigo unas horas, ya que mi madre estaba gravemente internada en el Emilio Civit y mi padre iba a pasar a buscarme al día siguiente.

"Intuyo que me dejaron con ellos porque mi mamá era ama de casa y, además, tenía un niño de un año al que amamantaba".

"Lo cierto es que al momento de llegar a esa casa, mi madre estaba realizando las compras y cuando volvió y me encontró en su cama. No entendía nada. Mi mamá era una mujer que sólo se ocupaba de la casa y de sus hijos, nada la llevó a pensar en algo relacionado con la dictadura o el robo de bebés".

"Al otro día, obviamente nadie me retiró y mi padre se acercó a la Brigada Aérea para reclamar por la presencia de mi supuesto progenitor, pero nadie le dio explicaciones. Ya cuando se retiraba hacia su casa, un abogado que escuchó el relato le recomendó que me anotaran en el Registro Civil para comenzar a realizar los controles médicos pertinentes, ya que el cordón umbilical se estaba infectando y necesitaba curaciones".

"Así fue como llegué al hogar de mis padres y nunca me fui. Mis padres y mis cinco hermanos fueron y son todo en mi vida. Tuve momentos muy complicados con mi vida personal y mi papá se hizo cargo de todo. El amor y la contención que recibí de ellos es la misma que recibieron mis hermanos. Les agradezco todo y siempre van a ser mi verdadero sostén".

- ¿Cómo fue el paso de Miriam Fernández a la nieta 127?

- Conocida mi historia y habiéndosela contado a mi hijo, en ese momento adolescente, nunca más sentí la necesidad de hablar de eso. Sí a veces buscaba en internet información respecto al tema, pero no me quitaba el sueño. No tenía la necesidad de conocer más allá de lo que sabía.

"Un día, luego de una denuncia anónima de un conocido de la familia, llegó una notificación del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos que me citaba al Juzgado Federal. Se me vino el mundo abajo, intuí lo que se venía y averiguando sobre el tema me informaron que tenía que ver con un trámite genético para determinar si era o no hija de desaparecidos. Es decir, me tenía que someter a un ADN, algo que no estaba dispuesta a hacer".

"En ese entonces no quería saber nada, no me interesaba conocer mi identidad y así fue como me escapé a Chile para no someterme a las pruebas. En medio de esa huída se montó un operativo en la puerta de mi casa que incluyó una guardia de gendarmes durante tres días. Realmente me sentí tratada como una delincuente, siendo una víctima. Fue horrible, realmente".

"Cuando volví a Mendoza y habiendo analizado la situación busqué un abogado penalista y me presenté ante la Justicia, pese a que no quería conocer mi identidad".

"Obviamente la citación tenía que ver con la prueba de ADN y si bien la realicé, en el medio planifiqué una serie de estrategias para no resultar la persona que ellos buscaban, hasta que finalmente accedí al examen entendiendo que no tenía muchas alternativas".

"El 23 de diciembre del 2017 me notificaron que el resultado de la prueba era del 99,99% y me informaron acerca de la identidad de mis padres biológicos. Cuatro días después mis padres de crianza fueron imputados y se dio a conocer la noticia de la nieta 127 restituida".

- ¿Y después qué pasó?

- Luego de que todo trascendiera y tomara estado público tuve que viajar a Buenos Aires para pedir el expediente a la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CoNaDeP). El viaje decidí hacerlo con mis hermanas y mi madre y visitamos la ex Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), hoy convertida en un Museo de la Memoria. De repente sentí la necesidad de conocer un poco sobre mi origen, al menos, saber dónde nací y fue en ese momento donde me hizo un click en la cabeza. Lo más impactante, más allá del lugar, fue escuchar relatos de testigos que daban cuenta de mi nacimiento que no fue cualquier nacimiento: fue el primero en ese lugar. Nací en el sótano y, a partir de mi caso, los militares montaron la sala de enfermería para que las mujeres embarazadas tuvieran sus hijos allí. En el museo uno ingresa a esa habitación y aparece una grabación que relata el momento en que mi mamá dio a luz.

"Lo cierto es que con el aporte de una testigo que presenció mi parto, una voz en off cuenta que a mi mamá la hicieron bajar tres pisos hasta el sótano, en pleno trabajo de parto, y con grilletes en sus pies. Frente a esto mi madre llorando pidió que le sacaran esos aparatos porque con el ruido de las cadenas no podía parir".

"Además, esa testigo narró que mi mamá le suplicó que no se fuera de la sala ya que no quería quedar sola con sus asesinos, que eran los enfermeros que la hicieron parir".

"De acuerdo con los testigos estuve entre 3 y 8 días con mi madre en ese lugar, luego se la llevaron y supuestamente desapareció en los vuelos de la muerte, en el río de La Plata. A mí me contiene otra madre parturienta que estuvo en el lugar y finalmente me trasladan a Mendoza, donde se encontraba mi familia materna".

"En teoría, los militares les decían a las mujeres que los niños iban a ser restituidos a sus familias y, en mi caso evidentemente la intención estuvo porque regresé a Mendoza. Pero no me ubicaron con mi familia de origen, algo que lamento, sobre todo, por el amor que mi abuelo tenía hacia mí".

"Él murió a los 97 años de tristeza por no haberme conocido. Le avisaron que me iban a restituir, pero nunca nos encontramos. Me buscó incansablemente y nunca sabremos qué pasó en el medio".

- ¿Qué pasó cuando te encontraste con tus familiares biológicos?

- Al año de conocerse el caso tuve relación con dos tías de parte de mi mamá y no hubo mucho vínculo por la parte paterna, que reside en San Juan. Ellos sólo estuvieron cuando Abuelas anunció mi caso, es decir, que habían recuperado a la nieta 127, pero luego no tuvimos mucho contacto. Sólo aparecieron para la foto.

La nueva lucha de Miriam

En unos meses el juicio llegará a su fin y sus padres apropiadores tendrán una condena. Sobre esta instancia, Miriam aseguró: "Lo vivo como algo injusto si se tiene en cuenta que fueron y son mi pilares. Mis padres y mis hermanos son parte de mi identidad. Mi vida y la de mi hijo gira en torno a ellos. Son ellos a los que yo elijo, respeto y valoro".

"Lo único que pido a los jueces es que me escuchen y no me subestimen. Hoy necesito conservar mi apellido y defender a esa mujer que sin conocer nada del entorno de mi papá me crió como una hija más. Me refiero a Iris Luffi, mi mamá, por la que doy mi vida ya que es el ser más inocente de este mundo", culminó.

Quiénes fueron los padres biológicos de Miriam

María del Carmen “Pichona” Moyano nació en Godoy Cruz y, luego de un primer allanamiento a su domicilio, a raíz de su labor en la villa San Martín, decidió mudarse a San Juan, donde formó pareja con Carlos Poblete, con quien compartió militancia en Montoneros.

Entre abril y mayo de 1977, "Pichona" y Carlos fueron secuestrados en Córdoba, cuando ella estaba embarazada de entre ocho y nueve meses.

La pareja fue vista por sobrevivientes en el centro clandestino de detención La Perla, en Córdoba, y, luego, María del Carmen fue trasladada a la ESMA, donde dio a luz a una niña (Miriam) en un parto atendido por el médico represor Jorge Luis Magnacco.

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