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20 de noviembre de 2021
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Historias de vida

Final feliz: se enamoraron muy jóvenes, adoptaron 4 hermanas y tras 40 años se casaron en el parque

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La boda de Viviana y Daniel.

Viviana Carasa es maestra y Daniel Tolaba es celador. El sábado pasado celebraron su boda en el pulmón verde de la Ciudad de Mendoza. Todos los detalles de una hermosa historia de amor.

Tienen 57 años, se conocieron cuando eran niños jugando en el barrio San Martín. Cuando empezaron a transitar la adolescencia comenzaron a gustarse, pero no fue hasta los 17 años que se enamoraron.

A los 22 años quisieron casarse, pero un problema de salud los llevó a cambiar de planes. Sin embargo, siguieron juntos. Adoptaron a cuatros hermanas oriundas de San Luis y, tras 40 años de amor, se casaron el sábado pasado en el parque General San Martín.

Ella se llama Viviana Carasa, es maestra de nivel inicial y trabaja en el jardín maternal Rayito de Luz y en la escuela Armanini de Las Heras. Él se llama Daniel Tolaba y es celador en esta última escuela, lugar donde le pidió matrimonio a su flamante esposa tras una sorpresa armada en complicidad con sus compañeros de trabajo.

La boda en el parque

Tal vez muchos mendocinos no sepan que solicitando un permiso en la Dirección de Parques y Paseos Públicos pueden celebrar un evento en los espacios verdes. Fue así como Viviana y Daniel pidieron los permisos pertinentes y el sábado 13 de noviembre realizaron su boda en el Rosedal.

Cientos de transeúntes fueron testigos de ese día en el que, finalmente, la maestra y el celador pudieron unirse en matrimonio en una tarde radiante en el parque. Sitio al que suelen ir a tomar mate, a festejar cumpleaños y hasta celebrar la Navidad.

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“Llevamos casi 40 años juntos... La idea de casarnos salió porque somos grandes, teníamos ganas de hacerlo y siempre lo postergamos. Nuestras hijas se lo merecían porque lo venían pidiendo de chicas. Para nosotros casarnos es dejarles una enseñanza a ellas, es constituir una familia como corresponde”, afirmó Viviana.

Y continuó: “Pedimos permiso a las autoridades, hicimos la ceremonia y llevamos algo para comer y brindar. Mi familia estaba sorprendida y feliz. Hubo mucha gente mirando y aplaudiendo y no podían creer que se celebrara un casamiento así, de forma tan atípica. Lo que hicimos fue más que nada una bendición en ese lugar que a nosotros nos parece uno de los sitios más bellos de Mendoza”.

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“El amor lo puede todo”

No todo en la historia de Viviana y Daniel es color de rosa. De hecho, tienen vidas marcadas por el sacrificio, el dolor y la fuerza para trabajar y salir adelante. Se conocieron en el barrio San Martín, donde actualmente siguen radicados y esas cuadras fueron testigos de las risas y los llantos que tuvieron durante estas décadas.

Sin ir muy atrás en el tiempo, es una de las familias que fue golpeada por la pandemia de coronavirus. Dos hermanos de Viviana y su cuñada fallecieron por Covid-19.

“Mi sobrino Kevin fue uno de los padrinos, hijo de mi hermano Omar que fue el hermano de la vida de Daniel. Omar falleció por Covid-19 el año pasado, al igual que mi hermano Jorge y mi cuñada Inés. Es una de las situaciones difíciles que nos toca llevar. Por eso, nos pareció propicio el momento y el lugar para cargarnos de energía y demostrar que, a pesar del dolor, se puede seguir adelante”, señaló conmovida la docente.

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La adopción, una etapa larga con final feliz

Viviana y Daniel atravesaron varios momentos de sufrimiento. Hace unos años, tuvieron a su cargo a una sobrina, quien falleció de cáncer a los 11 años. La muerte de la pequeña fue devastadora para toda la familia, que es numerosa y muy unida.

“Estábamos todos destruidos con la muerte de Paula. Al poco tiempo, mi hermana adoptó a una niña, Mili, que nos hizo felices a todos y de allí surgió la idea de adoptar”, explica Viviana, quien recuerda que iba a San Luis en busca de una nena de 9 años, pero al llegar al juzgado le dijeron que debía tomar una decisión valiente: “Tiene que adoptar a las cuatro hermanas o a ninguna”.

Así, la pareja se hizo cargo de las pequeñas niñas que habían pasado por “situaciones difíciles e inimaginables”. Hoy esas chicas crecieron: Janet tiene 24 años, Ágata tiene 21, Sabrina tiene 18 y Alma, 10.

“El proceso legal fue muy complejo, nos costó 10 años tener la adopción plena. Con mucho esfuerzo hemos logrado salir adelante como familia”, dijo Viviana y finalizó: “Son nuestras hijas, el amor de nuestras vidas, por quienes nos despertamos y luchamos. Hacemos lo posible para que vivan bien y sus vidas sean hermosas. Y gracias a ellas hemos constituido nuestro matrimonio”.

 

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