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26 de enero de 2022
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Vulnerables

Entre el barro y las balaceras: las casas de madera resistieron la lluvia, pero ahora temen por sus hijos

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Las familias están preocupadas por la seguridad de sus hijos.

Las 11 familias que pertenecían al barrio Razquín que fueron mudadas a la Isla del Campo Papa están preocupadas por el conflicto entre bandas que se vive los fines de semana.

“Las casas están bonitas, no te lo niego. No son calurosas y no nos llovimos. Pero estamos cansados de tener miedo porque llega el fin de semana y vuelan las balas”. La misma frase con mayor detalle del conflicto y sensaciones encontradas repitieron este miércoles algunas de las 11 familias que pertenecían al barrio Razquín Alto y que fueron reubicadas a mediados de enero en módulos de emergencia a la Isla del Campo Papa, en Godoy Cruz.

El temporal que azotó a la provincia la tarde del martes dejó el nuevo loteo con las calles de tierra anegadas y, si bien los hogares de madera que fueron construidos por la ONG TECHO resistieron, fue inevitable que el barro ingresara en ellos.

“No se podía caminar afuera y mi casa fue la única en la que se filtró el agua y saltó la térmica”, indicó Cintia Molina, quien se mudó al lugar con sus tres hijos.

Las lluvias, la falta de agua corriente o de gas no son problemas que le quiten el sueño a los vecinos, pero sí los mantiene en estado de alerta estar en medio de una zona de conflicto entre bandas rivales que cada fin de semana mantienen disputas.

“Allá (por el barrio Razquín Alto) era más tranquilo. Ahora tenemos miedo. Acostamos a los chicos en el piso porque los tiros podrían atravesar la madera”, indicó una de las pobladoras.

En el mismo sentido, otra mujer aclaró que “los disparos no van dirigidos a nosotros”, pero “estamos en el medio del conflicto y llamar a la policía también nos da temor porque quedaremos como los que señalan a tal o cual banda”.

El 11 de enero, 11 de las 24 familias que vivían en el Razquín Alto aceptaron la propuesta de la municipalidad de Godoy Cruz para mudarse del asentamiento -que tenía riesgo aluvional y tecnológico- y tener su propia vivienda y poder escriturar. El resto, acordó una compensación económica.

Para darles una respuesta rápida hasta que se pueda edificar y llevar los servicios básicos, en principio se los mudó a estas viviendas de emergencia tras un acuerdo con la ONG TECHO, que con la ayuda de 60 voluntarios levantó las construcciones de 6x3 que cuentan con un módulo sanitario, que incluye baño y cocina. Además se les entregó un kit eléctrico para la conexión de este servicio.

En cuanto al agua, cada viernes, la comuna llega con un camión cisterna para llenar los tanques, que, a decir de los habitantes, en ocasiones resulta insuficiente y por la tierra del lugar se ensucia rápidamente. También los recolectores pasan periódicamente para llevarse la basura.

“Allá teníamos casas de material y eso se extraña. Estas son lindas, pero son chiquitas y con la lluvia de este martes se dificulta limpiarla o evitar que termine todo embarrado”, dijo Belén Lucero, quien vive junto a su pareja, Juan, y a sus tres hijos.

La mayor de las niñas tiene 7 años y una dermatitis en el rostro. “Nos dijo la médica que es por la tierra y que no se iba a solucionar de otra forma que cambiando las condiciones de vida. Es por eso que decidí, al menos, tirar cemento para que ella tuviera una zona para jugar. No tenía ni fratacho”, recordó Juan, quien es recuperador urbano y trabaja con un montacargas que recibieron de la comuna. 

Al igual que estos pequeños, los hijos de la familia Flores, de 11 y 4 años, duermen con sus padres en el mismo espacio que está dividido del comedor por una tela. En ese lugar, solo cabe una pequeña mesa y el televisor. 

“A mi me gustaba más allá”, se atrevió a decir uno de los niños mientras se tiraba en la cama.

Ana Rogel, con Joel (1) en brazos, también aclaró que no tuvo problemas con la tormenta y se limitó a reclamar por los más chiquitos del barrio.

“Tenemos miedo por nuestros hijos. Es lo único que nos importa”, dijo la joven cuya vivienda es una de las más expuestas. 

Los vecinos entienden que llegaron a la Isla para lograr tener una vivienda propia y un mejor futuro, pero les inquieta que la decisión de vida podría terminar en tragedia si una bala perdida hiere a uno de los niños. 

“Tenemos los ladrillos que nos trajimos de las que eran nuestras casas para hacer algún tipo de cierre perimetral”, dijo otro de los vecinos y pidió la colaboración de las autoridades municipales.


La intervención de la comuna

La secretaria de Desarrollo Humano, Florencia Santoni, sostuvo que tras el temporal la municipalidad estuvo en el barrio para hacer un relevamiento en el lugar.

“Sólo una vivienda tuvo filtración, pero los ingenieros explicaron que se soluciona rápidamente con la colocación de una membrana y no hace falta desmontar el techo. En cuanto al terreno, se ha compactado en algunas partes donde ya estuvo trabajando la municipalidad. Es un loteo nuevo en el que tampoco había pasado ninguna lluvia con la gente estando en el lugar”, dijo.

Y aclaró: “Se van a llevar todas las mejoras necesarias o si hay que hacer un sistema de drenaje. Pero nos ha dejado tranquilo que han pasado una lluvia tremenda por primera vez con una conexión eléctrica segura, con térmicas y situaciones que antes ellos no tenían”.

La funcionaria afirmó que, hasta hace unos meses, estas familias estaban en una zona de peligro ambiental y tecnológico en el barrio Razquín y se les dieron diferentes opciones para dejar el lugar. Puntualmente, vivían bajo una línea de alta tensión y al borde de una cuenca aluvional donde algunos cierres perimetrales se habían desmoronado y caían al vacío.

“No es lo mismo estar en un asentamiento que tener la posibilidad de tener tu casa propia y avanzar en la escrituración. Es un anhelo de un montón de familias que no han tenido la oportunidad de tener un lote propio”, analizó Santoni.

“Tener la red completa lleva entre unos 70 y 90 días, luego se empezará a trabajar en la vivienda definitiva que va adelante del lote, por eso todas las construcciones de TECHO están hacia el fondo”, especificó la funcionaria y aclaró: “Urbanizar la zona no es complejo, pero lleva su tiempo, por las licitaciones y demás, pero son los procesos administrativos formales que hay que cumplir”.

En cuanto a la inseguridad indicó que “ellos tenían pensado, con el material que se les trasladó, realizar los cierres medianeros, que también la municipalidad les entregó el cierre completo con tela romboidal, los postes, y ellos lo pueden hacer perfectamente”.

Y se lamentó: “El tema de la inseguridad nos aqueja a todos, pero estas medidas se pueden tomar si ellos necesitan, incluso la municipalidad les puede ayudar en algunas cuestiones. Le sugerimos que hasta tanto estén hechas las redes, hicieran sólo el cierre trasero para que después no les vayan a romper nada de sus paredes divisorias entre lote y lote”.

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