Mauricio Macri y Alfredo Cornejo.

Al cierre de su charla con la periodista Florencia Donovan, en la Universidad Austral, a Mauricio Macri le hicieron una pregunta cargada de simbolismo e intencionalidad política, aunque elaborada desde la metáfora: “¿Te ves conduciendo una constructora en el 2027?”. Tras la sonrisa que en principio le generó la analogía, serio y sin perder el buen modo, respondió: “Ya estoy grande para eso”.

Fueron palabras dichas apenas unas horas antes de su visita a Mendoza, la que se dio el viernes, en el contexto del “próximo paso tour”, una movida que lo está llevando por todo el país para reanimar las fuerzas del PRO o de lo que quede de él, con la intención de convertirlo en una alternativa electoral y en competencia para el crucial año electoral que se avecina. Y acá en Mendoza, volvió a decir lo mismo, tanto en reuniones privadas y de tono más reservado que tuvo, como en las más amplias que protagonizó. “No busco, ni voy a ser candidato” en el 2027.

Sin esconderse en el off, quienes entornan hoy a Macri, sus más cercanos, entre ellos el diputado nacional Fernando de Andreis, convertido casi en un vocero del ex presidente, admiten haberse sorprendido por repercusiones favorables que no imaginaban con esa magnitud cuando se lanzó la cruzada del “próximo paso”. Creen ver una demanda social por aspectos que hoy Javier Milei no podría, no querría o no sabría responder: la necesaria revolución de la economía de a pie o la del bolsillo, la que en verdad cuando se da y se alcanza, conforma un clima de humor social favorable, optimista y esperanzador sobre la marcha del país, independientemente de quien gobierne y de la ideología con la que se dirija el país.

Y quizás por el fortalecimiento de esa demanda que amenaza seriamente al gobierno libertario, sumada a la necesidad propia del partido amarillo de trascender y evitar la desaparición fagocitado por el partido de Milei, La Libertad Avanza, o por la propia supervivencia territorial de sus dirigentes en los distritos que gobiernan, como CABA y Luján de Cuyo –por caso en Mendoza–, es que bien pudo elaborarse o justificarse la aventura por la vuelta de Macri.

En el fondo, también aparece la reedición de aquella idea primigenia que unió al PRO con los radicales y la Coalición Cívica en la gesta contra el populismo en el 2015.

Los radicales están detrás del mismo objetivo compartido con el PRO. Referenciados en los gobernadores como Alfredo Cornejo, Maxi Pullaro (Santa Fe), Carlos Sadir (Jujuy), Leandro Zdero (Chaco) y Juan Pablo Valdés (Corrientes), van por el resurgimiento de un partido que a veces camina lentamente y otras parece hacerlo a la velocidad de la luz hacia su propia extinción.

A la par, otros históricos del partido, como Ernesto Sanz, Jesús Rodríguez, Mario Negri, Facundo Suárez Lastra, Adolfo Stubrin y Mario Barletta intentan lo propio en un encuentro previsto para el 29 de mayo en CABA. Lo llaman “reunión horizontal entre radicales y demócratas”. Se han convocado detrás del lema “por la democracia social y un liberalismo progresista”, pero han dicho y escrito en algunos documentos una frase ponzoñosa que incomoda a los gobernadores, o cuanto menos a Cornejo, el que no podría manifestarla a viva voz por esa suerte de equilibrio que necesita en la relación con la Nación para gobernar más o menos sin zozobras la provincia: “Cada día que pasa se pone más en evidencia la distancia que nos separa del actual gobierno nacional”, han manifestado los históricos para agregar: “Es preciso que con nuestras ideas y experiencias nos pongamos a gestar una alternativa”.

Son razones que explican las ausencias de unos, los gobernadores, en la reunión de los otros, los históricos, y viceversa. Cuestiones de la casi habitual interna tradicional del radicalismo, claramente.

La movida de Macri en Mendoza y su encuentro a solas por unos minutos con Cornejo –antes de esa cena un poco más amplia que compartieron en un bodegón de Chacras, el viernes a la noche–, insinúa moverse con esa lógica. “El cambio no está blindado”, dijo Macri en Mendoza, advirtiéndole al gobierno de Milei que la interna sangrienta desatada en la cúpula del poder, explicitada además en las redes, le hace perder energía para sostener el cambio frente al populismo que todavía conserva vida y que hoy se concentra en el gobernador bonaerense Axel Kicillof.

Macri y Cornejo compartirían, en principio, el mismo diagnóstico. Con la salvedad de que Cornejo no enfrentará abiertamente a Milei porque tiene un acuerdo electoral en la provincia con La Libertad Avanza para el 2027 y porque coincide, como lo ha dicho, con el rumbo. De ninguna manera ve pertinente, ni mucho menos beneficioso –al menos para él en lo personal y al día de hoy–, enfrentar al presidente, diferenciarse y mucho menos pararse enfrente a tirarle piedras.

Y Macri igual, mal que le pese a la dirigencia local del PRO que tiene en mente romper con Cornejo o, al menos, no ser parte de un acuerdo electoral que, según la mirada de los más duros como el actual presidente en Mendoza Gabriel Pradines, los llevaría a la extinción absorbidos por Cambia Mendoza.

Cornejo, en cambio, se siente cómodo con un liderazgo del PRO en manos del intendente de Luján, Esteban Allasino, el que fue colmado de elogios por el propio Macri. Y a Allasino y también a Macri, más que enfrentar a Cornejo, lo que más les interesa es mantener latente la identidad del partido, el municipio claramente y un acuerdo razonable con Cambia Mendoza que se respete, independientemente de lo que Cornejo termine cerrando para el 2027 con Milei en la provincia. De eso se habló el viernes en Chacras, de la renovación del acuerdo provincial entre Macri y Cornejo.

Las alquimias electorales comienzan a probarse, como está visto, y a trascender en formas y versiones interesadas, con lo que como siempre todo debe tomarse con pinzas. Tanto como que aquí en Mendoza, y con Macri, habría circulado la versión de que el ex presidente, tal como respondió en la Universidad Austral, no piensa en una candidatura propia para volver a la presidencia, sino en un actor surgido del mismo espacio que comparten el PRO, Milei y los radicales que gobiernan provincias como Mendoza.

Esa mirada tiene un problema serio: no hay candidato, ni siquiera asoma. Tampoco ven a Milei como una carta necesariamente exitosa para su propia reelección en el 2027, sobre todo si la macroeconomía no logra derramar sus logros sobre la economía de bolsillo, la real.

“El cambio no está blindado”, insistió Macri en Mendoza.

Cornejo hace equilibrio y, como sus pares, espera y especula. Falta el Mundial, falta la crucial elección de medio término en Estados Unidos y el derrotero de Donald Trump, el sostén internacional político y financiero de Milei. Faltan muchas cosas todavía.