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14 de diciembre de 2006
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VISITA DE LUJO

Mendoza vibró al ritmo de Ricardo Arjona

El cantautor guatemalteco convocó a una multitud, mayoritariamente mujeres, en su presentación de anoche en el estadio Malvinas Argentinas

           Luego de muchas especulaciones, idas y venidas, el guatemalteco Ricardo Arjona ofreció ayer, en el Estadio Malvinas Argentinas, su único concierto en nuestra provincia, ante más de 22.000 fans. A las 22.25, el artista que conquistó el corazón de las argentinas tras lograr un récord de 35 Luna Park, en Buenos Aires, apareció sobre el escenario vestido con sobretodo y remera, pantalones de jeans y zapatillas deportivas, como suele hacerlo en todas sus presentaciones.


         Ante su imponente y ansiada presencia, las mendocinas no dudaron en ovacionarlo y, enloquecidas, comenzaron a entonar, junto al músico, las primeras melodías de su repertorio. Tanto en las localidades más alejadas como en las que costaban 200 pesos, comenzaron a disfrutar de una noche inolvidable.


ACERCA DEL ESPECTÁCULO.


       Acompañado por su banda de ocho músicos (dos guitarras, bajo, teclado, percusión, batería, violoncelo y saxo) y una escenografía que simulaba el andén de una estación de ferrocarril –en la que se proyectaban imágenes del videoclip Iluso, todo supervisado por más de 150 agentes de seguridad–, el guatemalteco comenzó la primera parte de su concierto con canciones como Para Bien o para mal, Realmente no estoy tan solo, ¿Por qué es tan cruel este amor?, La nena y Mojados, canción sobre los indocumentados que cruzan la frontera norteamericana y que dedicó a su madre.


         A esta parte le siguió una sección titulada por él mismo como sus “caprichitos”, en el que incluyó Lo poco que queda de mí y Quesos, cosas, casas. La última parte de la presentación fue bien arriba e incluso fue la que despertó la pasión entre las fanáticas. Con canciones de probada eficacia, como Dime que no, Señora de las cuatro décadas, Se nos muere el amor y su nuevo hit, Pingüinos en la cama, el músico comenzó a despedirse de miles de mendocinas enloquecidas por él.


     Así, por más de dos horas y caracterizado por su simpatía y sensualidad, Arjona estableció, durante todo el espectáculo, su particular modo de seducción sobre la platea, a partir de las miradas, el silencio, las sonrisas y una serie de sobreentendidos con sus seguidoras, quienes no necesitaron traducción alguna para entenderlo y amarlo.

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