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3 de agosto de 2006
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MENDOZA QUIERE TENER LUN BANCO CON MAYORÍA ESTATAL

El gobernador quiere recrear el Banco de Mendoza, que los sucesivos gobiernos, con sus créditos políticos otorgados sin garantías suficientes, mandaron a la quiebra. Al gobernador o lo han engañado o no sabe del tema. Él piensa que el banco nuevo tendrá utilidades rápidamente para repartir, como ayuda social, entre la gente

        Me pregunto: Ya que tiene 28 millones para capitalizar al banco, ¿por qué no se los da al IPV y se hacen ya 1.000 casas que la gente necesita, en lugar de entregarlo en préstamos a las grandes empresas, que luego no se lo pagarán y, por lo tanto –desde cartera normal hasta cartera irrecuperable–, tendrá que previsionarlos, quedando así disminuida la utilidad? También pido que recuerde que en la Carta Orgánica del ex Banco de Mendoza, parte de las utilidades se repartían entre el Personal del Banco. Así que otra suma tendrá que detraerla y no podrá destinarla a ayuda.


       ¿Cuánto de las utilidades necesitará disponer anualmente el Gobierno para Seguridad, Salud, Educación, campañas de promoción del vino, del turismo, y para las donaciones a las ONG y carenciados? Para cumplir con las normas Basilea I y Basilea II, le tendrá que insuflar más capital todos los años, porque las normas internacionales son cada vez más exigentes. Este banco ya no es el Fondo de la Transformación y Desarrollo, sin controles del BCRA y sin auditorías externas. En el lugar elegido para sede social hay que terminar la construcción, es decir, inmovilizará capital que no podrá prestar y por lo tanto nada rendirá.


       Y para cada sucursal destinará un edificio que comprará o construirá, y seguirá inmovilizando recursos que no dan utilidades provenientes de los intereses. Dirán que los edificios se revalúan por el crecimiento de los precios de la construcción. Es cierto, pero cuando el Banco tiene una corrida, no hay tiempo para comercializar bien, se vende a precio de liquidación. Vuelvo a lo anterior.


      Lo han asesorado mal o pretende tirar una bomba de estruendo y no concretar el proyecto, es decir, mantener ocupados a los adversarios en un tema cuyo objetivo de marketing ha sido mal planteado desde el inicio. No habrá ayuda social con las utilidades del banco porque en los primeros cinco años no la conseguirá.

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