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17 de agosto de 2006
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Mendoza de mil cabezas

El fantasma de la violencia se ha decidido a no dejarnos tranquilos. Los radicales están en llamas como nunca en los últimos 40 años y sigue siendo un enigma por qué esta provincia no para de crecer.

    Se sabe que, donde hay dos radicales, hay tres líneas internas, o que el Gobierno, para los hombres de la UCR, es sólo el interregno que separa una interna de otra. Es quizás por eso que nadie se asombra de que los seguidores de don Leandro N. Alem estén otra vez llevándose a las patadas. La novedad es, sí, que desde aquella vieja escisión que derivó en el nacimiento del desarrollismo, nunca se estuvo tan cerca de dividir el partido, porque, simplemente, ya no se puede doblar más.

   Lamentablemente, tampoco es novedad que Mendoza sea noticia una vez más por la violencia emanada de un acontecimiento popular como el fútbol, como tampoco sorprende, de nuevo, la macroeconomía de una provincia que se acostumbra a vivir como un monstruo de mil cabezas donde cada una intenta chupar la mayor cantidad de sangre posible de un cuerpo que sobrevive como puede.

SIEMPRE LO MISMO. El acontecimiento de la semana que logró opacar todo fue el sábado negro en el Malvinas Argentinas. “Todo listo para quedarnos con la tapa del domingo y cuarenta bestias nos dejaron sin nada”, se quejaba, amargamente, un iglesista empedernido con un egoísmo sin límites. La verdad es que la que quedó para el demonio fue, una vez más, la provincia, algo que siempre que hay un espectáculo deportivo de magnitud aparece como un fantasma permanente.

    Más allá de los intereses que andan por allí aprovechando la situación para cargarse un ministro o determinada política, lo cierto es que esta vez la policía actuó bastante bien, se puede quizás hacer algún reproche al trabajo de los días previos, pero el día de los disturbios la noticia no sólo fue que los 200 imbéciles de siempre hicieron lo de siempre, sino que, a pesar de las veinte mil personas que había en la cancha, no hubo que lamentar lesionados entre los mendocinos de bien que querían vivir la fiesta de un equipo nuestro en la primera división.

LA MANÍA DE HACERSE EL DISTRAÍDO. El martes reclamamos desde este diario coherencia y hacerse cargo. Y la verdad es que los dirigentes de Godoy Cruz están a punto de hacerle tanto daño a Mendoza como los 200 bestias que el sábado les dejaron el papel de víctimas. Es incomprensible que después de lo que pasaron hayan hecho oídos sordos a dos citaciones del fiscal que quiere investigar los hechos y acusar a los barrabravas del delito de extorsión. Alguien que conoce el submundo del fútbol y la política con profundidad nos aseguraba el miércoles a la mañana: “¿Vos crees que van a mandar al frente a alguno de los barras o de los verdaderos jefes de la banda? Estás loco.

    ¿Sabés cuántos caen atrás y los papelones que pasarían?”. Según se dice en las plateas de las canchas y en los cafés donde los futboleros debaten a fondo, la violencia es parte de un sistema aceitado de negocios. “Cada tanto hace falta algo como lo del sábado, así se justifica más seguridad, más servicios extraordinarios, más miedo, más presión de un lado y de otro.

   ¿O vos crees los cuentitos rosas de los presidentes de los clubes que salen en los diarios?”, nos aseguraba un ex dirigente del fútbol de Mendoza apenas unas horas antes de que el presidente de Godoy Cruz le dijera al fiscal que no conocía ni podía identificar a nadie. Para cualquiera que conozca algo de la vida de las canchas, una declaración absolutamente inverosímil.

    Es sabido que a la AFA no le gusta que la Justicia se inmiscuya en el fútbol, ni siquiera en hechos como el del sábado, porque se podrían destapar demasiadas ollas. Por eso no deben sorprender las patéticas declaraciones del mismo presidente tombino ni bien bajó del avión, quejándose porque los jugadores, en vez de estar entrenando, estaban declarando ante el fiscal. ¿Qué pasaría si alguien se decide a contar todo lo que sabe? Es, seguramente, una buena pregunta con respuesta impredecible

ENTRE FALSEDAD Y CEGUERA. Pero así vamos caminando, rozando la falsedad y la ceguera con una persistencia que asombra, con una constancia que deja claro que tenemos una idiosincrasia peligrosa, tanto como el juego perverso en el cual está cayendo la política. Como una n o v e l a barata de traiciones interminables, cada día es un sinfín de sonrisas para los buscadores de noticias, es que no hay respiro para las baterías de los celulares, que se agotan de tanto transmitir informaciones verdaderas, semiverdaderas, especulaciones o, directamente, operaciones burdas en la búsqueda de ganar un centímetro más en los diarios del otro día.

    Nadie atina a dar una explicación clara de por qué estalló todo tan de pronto, quizás sean las ambiciones, que suelen ser más fuertes que cualquier voluntad humana. La necesidad de saldar la lucha política cuanto antes se apoderó con fuerza de radicales y peronistas. Un amigo radical porteño nos decía, en un rápido paso por esta provincia, que de repente Mendoza se ha transformado en el centro del país: “Ustedes quizás no se den cuenta, pero los tiempos se han acelerado para nosotros y para el peronismo por culpa de la interna de ustedes. Entre Iglesias y Cobos han puesto patas para arriba a toda la política del país”.

    El amigo tiene razón, pero queda la sensación de que esta interna nos puede llevar puestos a todos. El martes en la noche, durante la inauguración de un nuevo hotel céntrico, tres periodistas y un funcionario comunal fueron testigos privilegiados del saludo que se prodigaron el gobernador y el intendente capitalino. Si los testigos fueran extraños a la provincia, podrían haber jurado que Cobos y Cicchitti era la primera vez en la vida que se veían.

    “Si no se conocieran, se hubieran saluda mejor”, comentó uno de los presentes, todavía incrédulo por el saludo y la actitud del intendente, que no sabía cómo hacer para alejarse de la compañía del gobernador. Cuando lo comentamos en la mañana del miércoles con un par de amigos del riñón del cobismo, nos quedó claro que lo que habíamos visto era el fiel reflejo de lo que pasa día a día en la relación entre iglesistas y cobistas. Según nuestros interlocutores, al gobernador y a su equipo los terminó de sacar de quicio las acusaciones de Iglesias y Ernesto Sanz, en el acto de Andes Talleres, de que no saben gobernar.

    “¿Querés que te digamos la cantidad de plata que estamos pagando cada mes por las pavadas y recortes ilegales que hicieron ellos mientras gobernaban? ¿Querés que hagamos un repaso de las barbaridades que hicieron y nos legaron?”, desafían los cobistas, seguros de que la respuesta los favorecería. Así es cada día en el oficialismo, y esto se traslada con la misma virulencia a un peronismo que está desorientado y sin rumbo.

LAS MIL CABEZAS. Los hombres y mujeres del radicalismo, o lo que queda de él, son otras de las cabezas de este monstruo. Un gigante que parece preferir convivir con mil rumbos a, decididamente, encarar el que más le conviene. La Mendoza de la gente, en tanto, sigue creciendo y generando interrogantes, porque, para ser serios, es difícil marcar dos o tres políticas concretas de Estado que nos digan dónde estamos.Ni siquiera en el turismo, sector en el que crecimos y nos hemos posicionado fantásticamente, se puede decir que estamos cien por ciento.

    Cualquiera que salga y ande por Mendoza se dará cuenta de lo que nos falta en el rubro servicios y atención, y se sabe que cada vez queda menos de aquella Mendoza limpia que asombraba. Sin embargo, en base a esfuerzos sectoriales, aislados y a veces muy poco apoyados, seguimos expectantes, colgados del carro de la vitivinicultura y nuestras bellezas naturales. No caben dudas de que hay un camino, el problema es que hay muchos que Ilustración Pablo Pavezka no parecen decididos a tomarlo.

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