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9 de septiembre de 2006
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Mejor no hablar de ciertas cosas

Transporte, Salud, Seguridad, áreas sensibles que hoy no funcionan como debieran, por gestión y por el uso de los recursos. La irrupción del gobernador en la política nacional les ha restado atención.

    Es evidente que la gestión de Gobierno sufre cierto resentimiento y que navega por aguas algo turbulentas e inquietantes. La marcha de las áreas más sensibles de la administración, como Salud, Seguridad y Transporte, no es la correcta ni la que debiera ser. Mucho más después de tanto recurso extra que se ha destinado a ellas con la promesa de mejorar esos servicios. Hay claros problemas de accesibilidad a los servicios primarios de salud, a los centros de salud, a los hospitales. Un tercio de la población relevada por la Universidad Católica Argentina (UCA) para determinar el barómetro social da cuenta de ello.

    El Gobierno lo admite. Pero no alcanza con eso. Hace mucho tiempo que en los hospitales se sufren esperas extraordinarias. En zonas retiradas del Gran Mendoza –en el interior del interior–, los centros de salud son escasos y algunos están muy distantes de las zonas pobladas.También está claro que los médicos no son suficientes. Las inequidades y la falta de oportunidades no sólo se manifiestan por una deficiente distribución de la riqueza, sino por no contar con un buen acceso a los servicios esenciales del Estado.

    Y la situación más crítica golpea, siempre, a los sectores más vulnerables. Con el servicio de transporte público ocurre lo propio. Si bien todos los Estados del mundo lo financian para evitar tarifas por las nubes, impopulares e inalcanzables para los más pobres, que son quienes más lo usan, la población sabe a cuánto asciende ese subsidio.O, al menos, en los países más avanzados y serios, se sabe cuánto es lo que se destina para sostener ese servicio. En Mendoza, donde también se subsidia, ese dato es un tanto errático.

    A comienzo del año eran 17 millones los del Fondo Compensador; ahora, el Gobierno pide ampliarlo con 18 millones más y es posible que, además, se necesiten otros 10 millones. La falta de explicaciones oficiales convincentes que justifiquen los permanentes pedidos de mayores recursos ha trabado, entre otras razones –como las políticas–, el tratamiento de la ley de regalías, que dispone el destino de unos 127 millones de pesos que ha pagado Repsol YPF a la provincia por malas liquidaciones.

    Y el Ejecutivo ha transformado esa norma en una ley ómnibus en donde le ha incorporado otros asuntos no menos sensibles, entre ellos, la autorización para desviar de unas partidas destinadas a obras 10 millones de pesos a ese mentado fondo que subsidia el transporte. El tema, en realidad, no es nuevo, como tampoco lo es el déficit de la Obra Social de los Empleados Públicos (OSEP), cuyo salvataje financiero también se ha incluido en esta ley de regalías.

    Pero como los humores políticos del momento han acelerado, inexplicablemente, los tiempos electorales, la discusión de estos temas de fondo en la Legislatura se ha trabado y enrarecido. Si de seguridad se trata, a la conocida falta de respuestas del Gobierno que estén a tono con las necesidades de la ciudadanía se le suma un escandalete por casi un centenar de nuevos nombramientos en la cartera conducida por Miguel Bondino que nadie aclara.

    Y se vienen más temas sobre desmanejos y corruptelas en otras áreas gubernamentales que administran fondos públicos. No son pocos los que han comenzado a mirar con detenimiento el funcionamiento del área de Deportes de la provincia. Más si se tiene en cuenta que los últimos trabajos de opinión pública coinciden en que la gente no percibe esfuerzos del Gobierno para universalizar la práctica deportiva, como lo había prometido el gobernador Cobos allá lejos y hace tiempo, cuando arrancaba su gestión.

    Ñoquis, familiares políticos y directos de algunos funcionarios influyentes, uso indiscriminado de bienes del Estado con fines particulares (los autos oficiales son un ejemplo de esto) y otras tantas lindezas van aflorando, se van conociendo a medida que se acerca el clave 2007. La cuestión es que siempre existieron. Ese es el punto, con esta administración y con las anteriores. Cobos no ha podido, contrario a lo que se creía, terminar con estos vicios.

    Peor aún, en algunos casos se habrían agudizados multiplicándose. Es interesante preguntarse por qué flaquean estos aspectos de la gestión. Y las causas serían tan variadas como la cantidad de políticos y funcionarios que se pudieran consultar. Lo que es claro, objetivo y evidente, es que Cobos ha relajado el nivel de atención de estos asuntos. Sin embargo, serán estos y no otros los que el grueso de la gente tendrá en cuenta al momento de volver a elegir conductores y responsables de la cosa pública.

    Tanto al gobernador como al presidente Néstor Kirchner les gusta florearse con frases que les resultan efectistas y ocurrentes cuando son consultados para hablar de los movimientos políticos que protagonizan: “Estamos trabajando”; “Estamos gestionando”; “Este es un año de gestión”; “Las elecciones son en octubre del año que viene”. Pero los resultados de las políticas públicas debieran encenderles una luz de alerta en sus tableros de comandos. Porque si bien hay mejoras que son claras en la marcha de la actividad económica general, su distribución sigue fallando.

    La brecha que separa a los más ricos de los ricos de los más pobres de los pobres se sigue ensanchando. Será difícil que el titular del Ejecutivo provincial y sus colaboradores más cercanos puedan volver a prestarle atención a la gestión como pudo haber sido en sus comienzos. Porque la pelea en el partido gobernante entre radicales K, con Cobos a la cabeza, y los lavagnistas, liderados por el titular partidario, Roberto Iglesias, se ahondará. Cobos tendrá otras razones que lo distraerán de la gestión: la situación interna del peronismo, la que podría comenzar a resolverse luego de la nueva visita del presidente Kirchner a Mendoza para encontrarse con su par chilena, Michelle Bachelet.

    Es que los peronistas mendocinos se han revelado contra el acuerdo entre Kirchner y Cobos.Como está sucediendo en Río Negro y en Córdoba. Cada vez son más los peronistas que no están dispuestos a acordar con los radicales, porque ven, con cierto grado de razón, que Kirchner, en realidad, está armando un nuevo movimiento político valiéndose del peronismo, pero que poco tiene de peronismo. Y en ese movimiento no entran todos. Entonces, los dirigentes anticoncertación hacen cuentas y aseguran: Con el viejo e histórico sello podemos arañar 20 por ciento en las elecciones, mucho más que en un acuerdo con los radicales que no cierra por ningún lado. Dicho de otro modo, a más de un intendente peronista la concertación con los radicales no le asegura la reelección. Prefieren jugársela con el sello y solos. Por ahora.

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