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14 de agosto de 2019
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Punto de vista

Mauricio y Alberto, en la era de la madurez

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Día políticamente perfecto desde el punto de vista comunicacional. Los mensajes y los gestos que se reclamaban llegaron. Hubo puntos de encuentro, cordura y bajada de línea.

Puede haber sido un falso romanticismo. Tal vez decidieron jugar los dos para la tribuna. Como sea, Mauricio Macri, en su rol de presidente, y Alberto Fernández, principal referente y candidato de la oposición, decidieron ponerle un toque de cordura a tanta locura. Se pararon por encima de la vorágine temeraria en la que se convirtió Argentina en los últimos tres días y mostraron los gestos y las señales que, por lo menos, se vienen reclamando desde hace una década.

Un pedido de disculpas, un llamado al diálogo, una respuesta coherente y una conferencia de prensa moderada. El resumen de un día políticamente perfecto en un país sumido en una grave crisis financiera, precisamente, por sus problemas y divisiones políticas.

La duda es saber hasta dónde ese mensaje fue recibido por quienes ahora tienen la misión de poner en práctica esa bajada de línea pacificadora. Desde la militancia hasta los medios de comunicación que están jugando su propio partido en este tema. Y no tiene que ver con el derecho lógico de los periodistas a preguntar y repreguntar. Está relacionado con la sensación de que existen grupos ansiosos y necesitados de conflictividad social.

Se vio durante la conferencia que dio Alberto Fernández. Mostró serenidad, coherencia y espíritu conciliador; incluso, en sus comentarios críticos respecto de la marcha de la económica bajo la gestión de Macri. Respondió sin emociones violentas una y otra vez las mismas preguntas que iban orientadas a generar una respuesta que desencadenara conflictividad. Lo evitó con cierto grado de caballerosidad.

Quienes pedían gestos que vinieran de arriba los tuvieron. Los de abajo deberán interpretarlos. Deberán abandonar posiciones jihadistas y reconvertirse. La belicosidad tiene que quedar en el pasado. Ni soldados de una causa ni defensores del otro.

AF no tiró nafta ante la actual crisis. Por dos motivos: porque está cara y porque fue franco en su análisis, el dólar estaba bajo con relación al peso. Esto iba a pasar, antes o después de las PASO. Pero era inevitable.

Hizo algunas apreciaciones y marcó cuáles son los puntos que lo diferencian de Macri. Se refirió con respeto institucional sobre el mandatario y reconoció que, incluso ideológicamente en las antípodas, hablaron de no causarles más angustia a los argentinos.

Lo había hecho más temprano Macri, en una cadena nacional que tuvo todos los condimentos que se le reclamaron al presidente en los últimos meses. Pidió disculpas -sinceras o no- por los exabruptos de días después de las PASO. Se hizo cargo de los problemas del país, pidió un diálogo abierto con la oposición y anunció una serie de medidas que, si bien tienen un claro objetivo electoralistas, eran necesarias para calmar los ánimos en medio de la incertidumbre que generan palabras tales como dólar, inflación, mercado, combustibles e Impuesto a las Ganancias.

Informalidad pura. Un mensaje por WhatsApp, una repuesta y una charla de 15 minutos, con la promesa de dejar un canal de contacto abierto para garantizar que el proceso electoral se desarrolle con normalidad. Y que gane el que sea elegido por voluntad popular. Nada raro. Se llama democracia. Y este miércoles empezaron a respetarla.

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