access_time 10:06
|
10 de noviembre de 2009
|
|
OPINIÓN

Matrimonio homosexual: una contestación desde lo natural (por Luis Sarmiento García, doctor en Ciencias Jurídicas y Sociales)

https://elsol-compress.s3-accelerate.amazonaws.com/imagenes/000/029/474/000029474-200911gaysjpg.jpg

No conozco ni tenía noticias del doctor Horacio Cecchi, médico, que escribió Un derecho en debate, en Página/12, refiriéndose al proyecto de ley que comenzará a tratar el Congreso.

No conozco ni tenía noticias del doctor Horacio Cecchi, médico, que escribió Un derecho en debate, en Página/12, refiriéndose al proyecto de ley que comenzará a tratar el Congreso. Haciendo burla de Dios, la religión católica, las hostias y demás conceptos cristianos, se expide a favor de los matrimonios homosexuales, que son, precisamente, de lo que trata este proyecto.

Soy católico pero no pienso contestar desde mi fe confesional ni lo haré con sarcasmos ni burlas ni adjetivos calificativos a los que piensan diferente a nosotros, los que creemos en Dios. Ni siquiera desde el derecho natural en el que no creen los ateos ni agnósticos ni las izquierdas fundamentalistas. Lo haré desde lo natural, la naturaleza, porque se trata de una pauta objetiva, científicamente demostrable y exenta de toda y cualquier ideología.

Una aclaración previa: respeto a quienes piensan y claman por el derecho de los homosexuales, gais, lesbianas, travestis y todos aquellos que desean vivir un sexo distinto al de la diferenciación entre hombre y mujer y pretenden ser matrimonios legitimados. Otra aclaración: confieso que creo en el amor y sexo entre opuestos solamente, lo que no obsta a respetar a quienes no participen de mis ideas. Estas dos aclaraciones, me parece, son fundamentales para elaborar una exposición breve desprovista de toda y cualquier descalificación, de mi parte hacia los que sean mis oponentes, pidiendo reciprocidad de ellos para conmigo.

La naturaleza es perfecta y todo en ella encaja con adecuación. Nada se crea, todo se transforma, decía Lavoisier. Nacer, crecer, reproducirse y morir es el ciclo natural del reino animal. Y lo que muere naturalmente se transforma en otro elemento vegetal o mineral o biológico –esto sólo para algunos–. Dentro del reino animal, tanto en el irracional como en el racional, el ciclo de la reproducción sólo y exclusivamente se puede dar entre sexos opuestos. La homosexualidad jamás puede lograr la reproducción de las especies por lo que es imposible que puedan perpetuarse en familias. La bipolar atracción de los opuestos no sólo es un principio físico, sino religioso y cultural, desde el Yin-Yang y Sulfuro Mercurio de la alquimia oriental hasta las religiones y culturas de nuestros días. Es tan perfecta la natura, que los muchos acontecimientos que los hombres creemos terribles o trágicos o destructivos, y desde nuestra perspectiva es así, como un terremoto que no es más que el reacomodamiento de placas subterráneas o explosiones volcánicas que liberan energías acumuladas; o un huracán que es un sistema de baja presión con vientos muy fuertes que rotan en sentido antihorario y destruyen todo a su paso. Puede ser una simple depresión tropical con vientos de 60 a 80km/h; una tormenta tropical, 100 a 120km/h, o un huracán, 140 o más. Cuando termina el fenómeno, vuelve a la normalidad y se corrigen todas las consecuencias destructivas naturales. En la naturaleza, todo tiende a su equilibrio. Lo natural en el hombre es la salud, o la ausencia de enfermedad para algunos. Y la enfermedad física es el desequilibrio del cuerpo humano o irracional. O es un desequilibrio psíquico, locura, esquizofrenia, paranoia. O es un desequilibrio moral, cuando el hombre pierde el control de sus frenos inhibitorios de lo bueno e incurre en lo malo. Podría seguir pero basten estos ejemplos, de por sí, comprensibles para todos.

Dentro de la naturaleza, lo normal es el equilibrio y lo anormal, el desequilibrio. Y lo ordinario es que el desequilibrio en el orden natural es efímero y cíclico: luego del equilibrio perm

anente aparece el desequilibrio circunstancial, que se arregla, y vuelve al equilibrio. Y si no se equilibra, la naturaleza elimina lo desequilibrado, en el hombre con la muerte o la enfermedad síquica o moral con la degradación permanente o transitoria.

Tomás de Aquino (1224 a 1274) vivió 50 años y, con independencia de su santidad, fue uno de los filósofos más extraordinarios de todos los tiempos, así reconocido por sus propios detractores. Definía la ley humana como el orden de la razón, orientada hacia el bien común y promulgada por el funcionario a cargo y al cuidado de la comunidad. El “orden”, para Tomás, era el “orden natural de las cosas”. Las leyes no pueden orientarse ni fundamentarse en el desorden ni el desequilibrio. Y la razón es la “razón natural y justa”, de ninguna manera “razón antinatural”. Culminaba con el objeto de toda ley: “el bien común”, que no es el de unos pocos, ni minorías ni mayorías. Es el bien de todos los miembros de la comunidad. En igual sentido, todo el pensamiento griego, especialmente Platón y Aristóteles, Sócrates, Diógenes Laercio, Heráclito el Oscuro, Parménides y todos aquellos que vivieron desde seis siglos antes de Cristo.

La homosexualidad está en contra de la naturaleza de las cosas, desde los puntos de vista físico y filosófico. Etimológicamente, matrimonio deviene del derecho romano matri moniun, que era el derecho que tenía la mujer de ser madre (matri) y construir una familia dentro de la legalidad. Entonces, dictar una ley de “matrimonio homosexual” implica varias contradicciones: en la naturaleza, en la filosofía, en el derecho y en el concepto base. Por más que hoy se acepta socialmente a las “parejas” integradas por heterosexuales u homosexuales, no existe ningún proyecto sobre “matrimonio concubinario” porque matrimonio y concubinato son diferentes y no podrían ser iguales porque no están en “igualdad de circunstancias y condiciones” según la definición aristotélica que recepta el art. 16 de nuestra Constitución.

De igual modo, resulta imposible asimilar lo que se rechaza, entre matrimonio de sexos opuestos y de sexos iguales. Se sostiene hoy que algunos de los fundamentos más importantes para introducir el matrimonio homosexual en el país son: la libertad de elegir la inclinación sexual y hasta el sexo, operación mediante; no se debe discriminar en forma alguna entre parejas homo y hétero; la discriminación está prohibida por la ley.

En primer lugar, la discriminación proviene de los mismos homosexuales: existe una Comunidad Homosexual Argentina (CHA) pero no una Comunidad Heterosexual Argentina, motivo por el cual y de partida, la discriminación o la diferencia proviene de los propios gays y lesbianas. Existe el “orgullo gay” y no el “orgullo hétero”, otra diferenciación propiciada por gays y lesbianas.

Y por fin, así como los concubinos no pretenden ser “matrimonio civil” hasta que no contraen nupcias (boda), los homosexuales no pueden pretender ser matrimonio civil, exigiendo una ley contra natura. Sin perjuicio creo que pueden convivir, formalizar sociedades comerciales en las que se especifiquen sus derechos y obligaciones comunitarias al igual que en los contratos prenupciales de los hétero, otorgarse seguros de vida como beneficiarios y hasta derechos de pensionados, en caso de muerte. No comparto que pueda concedérseles derecho a adoptar hijos porque sería transmitirles a los adoptados una idea antinatural de familia, que podría perturbarlos.

Reconozco que aunque mis conceptos son firmes y creo en ellos sin un ápice de duda, admito que no será así para los que piensan distinto. De todos modos, si estamos en democracia, debe aceptarse que se den fundamentos similares o contradictorios, a favor y en contra. Sólo así se podrá deliberar sobre el proyecto, en la búsqueda de la mejor ley aunque quizá no sea la perfecta.

SEGUÍ LEYENDO:

Diario El Sol Mendoza. Domicilio: La Rioja 987, M5500 Mendoza. Argentina. Director Periodístico: Jorge Hirschbrand. © Copyright Cuyo Servycom SA 2020. Todos los derechos reservados.