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27 de octubre de 2009
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NO IRÁ A LA CÁRCEL

Mató al padrastro y recibió dos años y seis meses de prisión en suspenso

?Karina Castro actuó en estado de emoción violenta. La joven tenía con el hombre una hija. Lo acuchilló porque la víctima quiso tener sexo y la amenazó con llevarse a la criatura.

    Quedó acreditado que Karina Gisell Castro Mamaní (20) asesinó a su padrastro, con quien tenía una hija, en estado de emoción violenta. Así lo alegaron las partes y de esa manera lo entendió el tribunal al momento de dar a conocer el veredicto: dos años y seis meses de prisión en suspenso. La joven le asestó una puñalada en el cuello a Nicolás Fabricio Muñoz, de 37 años, cuando el hombre quiso tener relaciones sexuales bajo amenazas de llevarse a la bebé si no lo hacía. Ocurrió el 10 de febrero en la manzana 20 del barrio Lihué, en Guaymallén, y ahora la chica deberá afrontar un tratamiento psiquiátrico para seguir adelante con su vida. El fiscal de la Primera Cámara del Crimen, Javier Pascua, argumentó que Castro debía recibir tres años de prisión efectiva, porque, más allá de haber actuado envuelta en un estado de emoción violenta, los informes psiquiátricos le salieron en contra al asegurar que tenía una personalidad peligrosa.
    Por su parte, las defensoras oficiales, Carolina Debeta y María Laura García, no cuestionaron la opinión del fiscal sobre la excusabilidad de la acción de la joven, pero sí lo hicieron en cuanto a la pena requerida. Las letradas sostuvieron: “Más allá de que nuestro trabajo como defensoras sea solicitar la pena mínima, entendemos que tres años en efectivo es mucho tiempo, debido a que la mujer debe velar por el cuidado de su hija y siempre se sometió a proceso mientras estuvo detenida bajo prisión domiciliaria en estos meses”. Para los miembros del tribunal, integrado por la presidenta Lilia Vila y Orlando Vargas y Julio Carrizo, Castro actuó en ese estado, que reduce la pena a tres años de prisión como máximo y, por ese motivo, la sentenciaron a dos años y seis meses en suspenso. Es decir, la joven recuperó inmediatamente la libertad y deberá someterse a los controles del tribunal durante todo ese tiempo, además de someterse a un tratamiento psiquiátrico.
DEL BANQUILLO A LA CALLE
. La veinteañera comenzó a ser juzgada el viernes en la Cámara en lo Criminal. Llegó acusada por el delito de homicidio simple, arriesgando una pena de entre 8 y 25 años de prisión. Estaba en la escena. Las pruebas en su eran contundentes y nada hacía presumir que recibiera menos de 8 años de cárcel. Pero el desarrollo del juicio fue clave para demostrar que cometió el homicidio, pero envuelta en un estado de emoción violenta, motivado por una sola causa: que la víctima le quitara a su hijo en caso de no acceder a tener relaciones sexuales con él. El hecho ocurrió minutos después de las 21.30 del día citado y antes de las 22, la casa ya estaba llena de policías y hasta la cúpula del Ministerio de Seguridad –el por entonces jefe de la policía, Luis Parigi, y subsecretario de Seguridad, Orlando Rosas– estaba en el teatro del hecho. Desde ese momento ya se sabía que el hecho se había originado porque Muñoz se quiso llevar de la vivienda a la pequeña.
    En tanto, Angélica Mamaní –madre de la chica y pareja de la víctima–, presenció la discusión y tenía pleno conocimiento de la relación que existía entre su concubino y su hija. Sin embargo, nada pudo hacer para que la tragedia no ocurriera. Mientras discutían y ante el insistente pedido para tener sexo, la joven tomó un cuchillo de cocina y se lo asestó en el cuello. Muñoz murió en el acto, desangrado. El viernes, la agresora de Muñoz declaró ante el tribunal y explicó que él fue a vivir con su madre, cuando ella tenía 12 años. “Desde esa época andaba detrás mío, aunque yo al principio no me daba cuenta. Después me enamoré de él y la relación fue normal, hasta que me quedé embarazada. Cuando se enteró, me dijo que no lo tuviera y me golpeaba en la panza y que no le dijera a mi madre que él era el padre y que dijera que el verdadero papá era un compañero de la escuela”.
    En el juicio –y también durante la instrucción–, se ventiló que había sido víctima de un abuso sexual cometido por Muñoz y que un año antes del hecho lo había denunciado por maltratos en la Oficina Fiscal Nº8 de Guaymallén. “Me dijo que nos iba a matar a todos si llegaba a decir algo”, explicó Castro en referencia a los motivos por los que no incluyó en esa denuncia el presunto abuso sexual. Después de escuchar el veredicto del tribunal, la joven no pudo ocultar su felicidad al saber que no iba a ir a la cárcel, y luego se fundió en un abrazo con sus familiares, quienes la acompañaban en la sala.

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