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4 de noviembre de 2019
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Más democracia y menos caudillismo

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¿Es posible abandonar la postura corporativa cuando se habla de política? La historia argentina indica que no, que la dirigencia y la militancia son incapaces de mantener una postura crítica cuando se posicionan en el oficialismo. Ese rol queda delegado y relegado exclusivamente a la oposición, y, de esa manera, cualquier debate queda reducido a una discusión con sesgos electoralistas.
Está instalada la creencia de que, cuando los cuestionamientos vienen del interior de una misma fuerza, lo que se pone en juego es la gobernabilidad. Es una falacia que no sólo desnuda las miserias propias sino que sirve para justificar la incapacidad de levantar la mano para marcar errores a quien lidera un movimiento.
Ahí radica la principal falla de las estructuras partidarias, en perder el enfoque democrático y caer en los caudillismos con tintes monárquicos. Ocurre de manera pronunciada dentro del kirchnerismo y se vio lo mismo en el macrismo. Por lo tanto, el problema es más profundo: tiene que ver con considerar que lo que debería ser una fortaleza es una debilidad.

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