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12 de enero de 2007
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MAIPÚ

Más de 20.000 niños trabajan en la cosecha

Viñateros y empacadores de frutas y verduras utilizan a menores como mano de obra barata. Les pagan un peso por cada cajón de tomate. Su salud y seguridad corren riesgo.

     Sus manitos se ven secas y agrietadas, sus caritas partidas por el sol, el viento y la lluvia. Pero lo que es más grave, viven como grandes cuando deberían estar jugando. El trabajo infantil es, sin dudas, una de las peores formas de explotación y abuso. Pone en peligro la salud, seguridad y educación de los más chicos.

    Sin embargo, todavía hay empresarios que se resisten a entenderlo. Los primeros relevamientos oficiales para detectar la presencia de niños en viñas y empacadoras de frutas y verduras, arrojaron datos escalofriantes: más de 20.000 chicos estarían trabajando sólo en Maipú.

     El proyecto piloto de la Dirección de Niñez, Adolescencia, Ancianidad, Discapacidad y Familia, Dinaadyf, arrancó la semana pasada en Fray Luis Beltrán. Cuando los operadores ingresaron a la primera finca para relevar datos, detectaron a más de 20 niños que cosechan tomate de lunes a sábados en jornadas extendidas. Por cajón, los pequeños reciben 1 peso. Pero el triste panorama se repitió una y otra vez.

    Para conocer los datos, debieron soportar el ocultamiento y la clandestinidad como respuesta de los finqueros. Es que, al detectar la presencia de los operadores en la zona, rápidamente esconden a los pibes y se comunican por celular con los encargados de fincas aledañas para advertirles que despachen a los chiquitos.

   Los operadores que recorren las zonas rurales calcularon que si hay un promedio de 20 chicos por finca, y teniendo en cuenta que Beltrán forma parte de una de las 5 zonas –con más de 200 fincas cada una– en que se ha dividido Maipú, es porque hay unos 20.0000 chicos trabajando a diario sólo en ese departamento.

     “Es que sus manitos chiquitas les resultan útiles para ciertas tareas”, resumió con indignación Rubén Castagñolo, jefe Técnico del Servicio de Protección de Derechos Infantiles de la Dynaadyf, a cargo del relevamiento piloto. Pero, además, es sabido que significan mano de obra barata y nunca exigen que su situación sea blanqueada ante organismos oficiales, lo que juega a favor de los empleadores.

     FAMILIAS ENTERAS
. Muchos de estos chicos son hijos de obreros golondrinas. Algunos desembarcan desde provincias norteñas y otros de países limítrofes, en busca de una vida mejor. Según los cálculos realizados por los operadores que realizan el trabajo de campo, a lo largo de la extensa jornada una familia tipo recolecta 50 pesos.

    Muchas de las mamás y papás de estos chicos vivieron lo mismo, pero no pueden cambiar sus destinos. Es que la necesidad de comer todos los días, sin dudas, es más fuerte. La temporada de cosecha comienza en diciembre y se extiende hasta abril, por lo que muchos de ellos comienzan tarde el año escolar.

    EN PELIGRO. Castagñolo comentó que las vidas de éstos niños corren serios riesgos todos los días. Los fertilizantes, plaguicidas, las tijeras de podar y muchos otros elementos que deben manejar de manera cotidiana resultan altamente peligrosos.

    El programa que conduce Castagñolo apunta a captar a los niños para ofrecerles tareas recreativas, educativas y de reflexión mientras los padres están trabajando. Para ellos se utilizarán las instalaciones de los Centros de Desarrollo Infantil y las escuelas. En ellos se piensa colocar piletas y profesores de educación física que guíen el entretenimiento. Pero para que esto sea posible, deberán desarticular el flagelo con empresarios dispuestos a no ofrecer trabajo a los niños y padres que ganen lo suficiente como para no mandar a sus hijos a trabajar.

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