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21 de marzo de 2007
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MANIFIESTO DEL RADICALISMO DEL 83 A LAS NUEVAS GENERACIONES

Después de 50 años, en 1983, el radicalismo mendocino ganó las elecciones y consagró al que fuera el mejor gobierno de la democracia. A partir de allí se lograron excelentes resultados en los comicios siguientes, en 1999 se vuelca la ciudadanía a favor de la UCR y se ganan las elecciones consagrando a un nuevo gobernador y, en el 2003, se reitera la victoria. Ese patrimonio político parece haberse dilapidado en estos tres últimos años.

    Después de 50 años, en 1983, el radicalismo mendocino ganó las elecciones y consagró al que fuera el mejor gobierno de la democracia. A partir de allí se lograron excelentes resultados en los comicios siguientes, en 1999 se vuelca la ciudadanía a favor de la UCR y se ganan las elecciones consagrando a un nuevo gobernador y, en el 2003, se reitera la victoria. Ese patrimonio político parece haberse dilapidado en estos tres últimos años.

    El actual gobernador decidió encolumnarse con el presidente, al punto de anunciar que lo llevará a él o a su mujer en la boleta cobista. Tamaña decisión constituye un grave alzamiento contra lo dispuesto por la Convención Nacional de la UCR, que resolvió que los radicales debían “construir una alternativa opositora al Gobierno nacional”.

    La Ley de Partidos Políticos establece que las agrupaciones nacionales, como es el radicalismo, tienen como únicos órganos de gobierno al Comité Nacional y a la Convención Nacional, esta última para dictar la plataforma electoral y para fijar las estrategias del partido.

    Para mayor claridad, expresa que los distritos provinciales no podrán alzarse contra sus decisiones, por lo que pueden ser intervenidos. Es precisamente esta norma lo que ha permitido que el radicalismo sobreviviera por más de un siglo, sirviendo a las libertades públicas.

    Si la Justicia electoral no cede a las presiones del poder, deberá resolver como lo ha hecho siempre, ajustándose a la Ley de Partidos Políticos y, en ese caso, sólo podrán representar a la UCR quienes acaten las resoluciones de la Convención Nacional, integrada por representantes de todas las provincias.

    Los que han optado por la alianza con el actual presidente, los que prefieren seguir contribuyendo a la acumulación descontrolada de poder del Gobierno nacional, los que aplauden la concentración de atribuciones judiciales y legislativas en el Poder Ejecutivo, no pertenecen a la Unión Cívica Radical.

    Todo cuanto hagan en su nombre carece de legitimidad jurídica, política y moral. Hacemos un llamado a todos los correligionarios dispuestos a luchar por los principios de una democracia participativa, actuando en consonancia con las plataformas e ideales aprobados por los órganos de conducción nacional de la UCR.

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