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9 de septiembre de 2006
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ANCIANIDAD

Maltrato,una actitud peligrosa

Cómo debe abordarse la agresión a personas que transitan la tercera edad.

    A menudo, el maltrato en los ancianos es tomado como un tema menor en comparación con otras problemáticas sociales. Sin embargo, pese al reiterado silencio con que esta situación es encubierta, lo cierto es que existe y puede producir terribles consecuencias. Luego de asesorarnos con el geriatra Marcelo Barcenilla, presentamos los detalles más importantes a tener en cuenta tanto por los familiares como por los propios ancianos.

LAS CARAS DEL MALTRATO. “Trato abusivo que reciben los mayores por parte de sus cuidadores” es una primera definición del problema que, en sí, encierra muchos aspectos. Aunque su incidencia es ligeramente menor a la de los malos tratos efectuados contra los menores, sólo se notifican una sexta parte de los casos de malos tratos a los adultos mayores. El concepto ofrecido anteriormente engloba tanto el abuso como el abandono. Independientemente de si el paciente sufre malos tratos reales o una falta de atención, lo cierto es que en todos los casos corre riesgo la salud y el bienestar del anciano.

    Es importante saber que el maltrato puede manifestarse de diferentes formas: físico (sucede cuando el paciente está sujeto a un traumatismo, dolor, lesión o coacción física) y sexual (que consiste en cualquier forma de intimidad en la que participe el anciano y otra persona sin el consentimiento del mismo). Antes de continuar con la descripción, es válido destacar que, en algunos casos, los pacientes pueden padecer algún trastorno psicológico o demencia, por lo cual no pueden proporcionar información respecto de lo que les sucede, dato que hay que tener en cuenta a la hora de abordar el problema.

    Asimismo, en muchas ocasiones, los victimarios, ya sean estos enfermeras, cuidadores o familiares, se niegan a reconocer el maltrato, sexual o de cualquier otra índole, por lo que hay que indagar al anciano sobre todo lo que este pueda recordar. Otros tipos de maltratos pueden ser: material o económico, cuando la persona al cuidado del sujeto que transita la tercera edad se aprovecha de los fondos o recursos destinados para ese paciente (no le compra los medicamentos necesarios, no lo alimenta como debería ser y utiliza esos fondos para consumo personal) y negligencia por no administrarle cuidados necesarios.

    Este último tipo se puede presentar de dos maneras, o bien en forma pasiva: falta de conocimiento sobre los cuidados que requiere un anciano y la activa ocurre cuando el cuidador tiene conocimiento de lo que debe hacer y no lo hace o cuando no busca la atención médica adecuada en caso de que el paciente esté enfermo. Esta negligencia, que puede pasar desapercibida, ocasiona severas consecuencias y agravamiento de la patología que sufre esa persona.

¿POR QUÉ? Quienes infringen maltrato a los seres que transitan la tercera edad hacen que la longevidad se convierta en una etapa dramática y, sobre los padecimientos naturales del paso del tiempo, agregan una gran cuota de trastornos, en muchos casos, irreversibles. El anciano no puede defenderse ante agresiones ni negligencia. Sin embargo, según comentó el especialista consultado, Marcelo Barcenilla, quienes asisten a las victimas manejan algunas teorías.

    En este marco, el maltrato puede deberse a: deterioro físico y mental propio de la ancianidad, que lleva a quien lo padece a depender en forma permanente de personas; enfermedades psiquiátricas propias del cuidador, quien puede estar atravesando una depresión producto de circunstancias personales; violencia transgeneracional, es decir, generar agresión por haberla padecido durante la infancia; sobreexigencias laborales que llevan al cuidador a no poder manejar la situación con tranquilidad y, por último, también la causa puede radicar en actitudes sociales, que tiendan a discriminar a quienes transitan la ancianidad y, por lo tanto, a dispensarle un trato agresivo.

CÓMO DETECTAR ESTAS SITUACIONES. Un anciano manifestará signos evidentes de maltrato, los que no sólo pueden traducirse en lesiones físicas. También la pérdida de peso, la ignorancia sobre los medicamentos y la frecuencia en que los ingiere, el temor, la ansiedad, la fatiga, la vestimenta inapropiada, la depresión, los cambios drásticos de la personalidad y los trastornos en el habla son, entre otros, los signos de una trato agresivo.

    El anciano debe afrontar el maltrato, principalmente, a partir de una toma de conciencia respecto de su padecimiento. Esto será posible sólo si alguna persona de su entorno lo acompaña y ayuda a detectar el problema. En esta tarea, profesionales de distintas áreas (geriatras, psicólogos y asistentes sociales) deberán tener conocimiento inmediato de la situación, para implementar un plan de apoyo y contención del paciente agredido (ver aparte). Sólo quienes acompañamos a los ancianos podemos ayudarlos a atravesar la vejez con plenitud y a vencer los obstáculos que se les presentan día a día. De lo contrario, los conduciremos a una vida teñida de padecimientos y, por sobre todas las cosas, evitables.

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