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13 de agosto de 2019
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Macri y Suarez, más desconcertados y confundidos

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Es notable, pero cuando los oficialismos caen derrotados de la manera en que perdió Juntos por el Cambio el domingo, la primera reacción es buscar culpables fuera del entorno.

Afirmar que por la victoria del kirchnerismo el dólar trepó hasta las nubes, con un efecto y una consecuencia que será devastadora en el proceso inflacionario argentino o bien que el riesgo país subió más de trescientos puntos en segundos o que las bolsas de los títulos argentinos en el exterior se precipitaron junto con los bonos no pareció ser la respuesta más inteligente del presidente Mauricio Macri, ni mucho menos sensata, en su afán de revertir la complicada posición electoral del oficialismo de cara a octubre.

Es notable, pero cuando los oficialismos caen derrotados de la manera en que perdió Juntos por el Cambio el domingo, la primera reacción es buscar culpables fuera del entorno. Esto no ha sido exclusividad de Macri, el líder del oficialismo argentino. La historia está llena de ejemplos parecidos, y eso forma parte de las tantas malformaciones y enfermedades que aquejan a la política nacional.

En una línea y dirección parecidas a la de Macri se condujo ayer el intendente de Capital y candidato a gobernador por Cambia Mendoza, Rodolfo Suarez. Suarez, que se mantuvo al margen de la campaña previa a las PASO, inauguró en el arranque de semana lo que puede llegar a ser un rol necesariamente más activo y ocupó el espacio de silencio por el que optó el gobernador Alfredo Cornejo.

El intendente y carta dura del radicalismo para suceder a Cornejo se despegó de Macri al recordar que no debió haber asumido la candidatura a la reelección con más de un año de recesión económica tras las crisis de confianza que se abatió sobre la administración nacional en abril del 2018. Era previsible, aunque no aconsejable, una reacción de esa naturaleza abrumado por el temor que se ha apoderado del oficialismo mendocino ante el resurgimiento del peronismo como una alternativa competitiva que jugará sus chances el 29 de setiembre, el día de la elección provincial a gobernador. Un peronismo que tiene a Anabel Fernández Sagasti, hija política dilecta de Cristian Fernández, como su exponente principal, y que intentará capitalizar todo lo que pueda ese aluvión de votos K que se expandió por el país en las PASO nacionales en todo el territorio nacional.

Ninguna de las dos reacciones resultó acertada, ni la del presidente ni la de Suarez. Fueron a contramano de lo que se esperaba en una situación de desconcierto e incertidumbre. Porque, las respuestas de Macri no satisfacen a los sectores medios que lo apoyaron en el 2015, lo ratificaron en el 2017 y que el domingo se le volvieron en contra. Macri habló de los mercados y confirmó la desconfianza de los mismos frente al triunfo en las PASO del kirchnerismo. Porque votaron al kirchnerismo sube el dólar, caen los títulos, sube el riesgo país y tendremos un rebote inflacionario en los meses venideros. Eso dijo el presidente. No hubo medidas de emergencia ni correcciones del rumbo económico ni acciones para calmar, ya no a los mercados, sino a los argentinos que votaron a Alberto Fernández, fuertemente embroncados con un presidente en el que habían depositado la confianza algunos meses atrás.

Ese fenómeno es algo que el gobierno de Macri no ha visto o no quiere ver. Los electores son, más o menos, siempre los mismos en Argentina, y son los sectores medios los que inclinan la balanza hacia un color político u otro. Es la clase media la que va prestando el poder a los dos conceptos políticos en pugna en el país, a los dos bordes de la grieta, a los que protagonizan la polarización. Su bronca y frustración por la derrota lo llevó sólo a focalizarse en su adversario, más que en las propias debilidades, que fueron muchas, y que explican el resultado de las elecciones del domingo.

De seguir así, a Macri le resultará más que difícil remontar la pendiente y volver a ganarse la confianza de esa porción trascendente de un electorado que no tiene en su radar el comportamiento de los mercados; que sabe claramente de qué se trata –de movimientos de fondos especulativos a los que pocas veces los motiva un interés de apostar por algún desarrollo económico y productivo o alguna que otra oportunidad de negocio sobre la base de una inversión a riesgo, sino todo lo contrario–; que no se beneficia de ellos, sino que en verdad sufre por sus intervenciones y que lo único que pretende del Gobierno es que, desde dentro del país se le alivien las penurias que padece. Todo lo demás, le parecen explicaciones marcianas y fuera de foco.

Lo de Suarez era esperable, pero también probablemente poco efectivo y, quizás, equivocado. Porque, tomar distancia hoy de Macri, del Gobierno nacional y recordar todo lo que el radicalismo le sugirió hacer y que no hizo claramente no le garantiza la cosecha de votos que necesita para suceder a Cornejo. Para eso está la opositora Anabel Fernández Sagasti. En ese terreno puede perder la batalla a la que se expone: esa confrontación dialéctica por la que pretende apoderarse del discurso opositor, por ver quién es el más crítico de todo lo que ha hecho Macri. Su camino más acertado y del que podría beneficiarse el 29 de setiembre, tal vez, debería pasar por concentrarse en todo lo que el mendocino, mayoritariamente, rescata de la administración de Cornejo y que se reflejó el domingo, claramente. Porque, sin un desdoblamiento electoral y sin Cornejo en la lista –lo que amortiguó el desánimo con la administración nacional–, la derrota en Mendoza pudo haber sido mucho más dura para el oficialismo.

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