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12 de agosto de 2019
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Macri lo hizo: un nuevo país surge en el horizonte por su fracaso generalizado

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El triunfo de Alberto Fernández, del peronismo unido y con Cristina Fernández de Kirchner traccionando, fue mucho más contundente de lo que la misma oposición podía llegar a presagiar y de todas las conjeturas que surgieron de las consultoras políticas. Pocos vieron venir semejante aluvión de votos.

Cuando recién se asomaba la crisis cambiaria que puso sobre la lona al país, allá por abril y mayo del 2018, Alfredo Cornejo avizoró que si no despegaba el cronograma electoral de la provincia del nacional, el poder que todavía tiene Cambia Mendoza correría serio riesgo de perderse por esa suerte de ola que comenzó a formarse en contra del gobierno de Mauricio Macri y que por momentos se transformó en un tsunami con todos los índices económicos a la baja. Y no se equivocó.

La persistencia por desdoblar –incluso discutida con el propio Macri a comienzo de año– luego de que el presidente les reclamara a sus socios radicales que no se desmarcaran de la elección nacional y que siguieran su suerte, al fin y al cabo, le terminó dando la razón. La mala onda contra la gestión nacional, entendida desde los pésimos resultados económicos, la recesión, los niveles de inflación, el desempleo y demás, se habría llevado puesto, casi de manera definitiva, lo que Cornejo entiende que comenzó a construir en la Gobernación desde el mismo momento en que se hizo cargo, en diciembre del 2015. Lo de ayer, sin embargo, se lo puso en riesgo.

Los resultados de las PASO 2019 han sentenciado –todo así lo indica– el futuro de la administración de Mauricio Macri y la de María Eugenia Vidal en la todopoderosa e influyente Buenos Aires. Nada ha sido más importante para los argentinos que la crisis económica producto de los desvaríos de Macri y de su elenco más cercano en el que ha sostenido su gestión nacional.

El triunfo de Alberto Fernández, del peronismo unido y con Cristina Fernández de Kirchner traccionando, fue mucho más contundente de lo que la misma oposición podía llegar a presagiar y de todas las conjeturas que surgieron de las consultoras políticas. Pocos vieron venir semejante aluvión de votos. La incógnita está planteada en qué cara nos mostrará el país de las muchas que esconde desde hoy hacia delante, en medio de un larguísimo proceso electoral que le sumó angustia a la situación financiera a lo ya mal hecho por el Gobierno.

Así y todo, el país tiene que esperar hasta el 27 de octubre, el día en que se estará definiendo todo, para develar la decisión final y mayoritaria de la ciudadanía. Lo que está claro es que la mayoría se ha expresado en contra de una salida de cierto statu quo si eso significa más penurias. O, quizás, lo que sí descifró mucho antes que muchos estrategas políticos, particularmente del oficialismo, que el cambio profundo no pasa por lo que ofreció Macri en estos tres años y medio.

Uno de los aspectos a seguir de cerca es la reacción del candidato opositor, Alberto Fernández, sobre de qué manera administrará lo que ayer consiguió en las urnas y lo que seguramente reafirmará en octubre. Cuánto pesará en sus decisiones la relación con los países de la región, los vecinos, y el rumbo que tomaron en su mayoría más cerca del de Macri que de lo que él expresa en su integralidad, teniendo en cuenta que detrás de él se ha consolidado La Cámpora, de la que no pocos exponentes expresaron reparos con algunas de sus visiones, en especial sobre las económicas. Son incógnitas que se irán develando sobre la marcha.

Sin embargo, y quizás mucho más importante que los caminos que seguirá Fernández –el virtual sucesor de Macri, hay que decirlo– será la respuesta del Gobierno nacional ante semejante golpe que recibió en la línea de flotación. Las dudas de cómo se piloteará la tormenta sin apoyo. Porque la elección de ayer resultó ser la muestra más acabada del malhumor que fue creciendo a la par de sus decisiones y, aunque las encuestas lo manifestaban, se creyó que una porción importante, minoritaria desde ya, pero importante, podía todavía estar dispuesta a seguir el camino del que habló hasta el borde mismo del examen electoral.

Cornejo desde hoy mismo comienza a fortalecer su refugio mendocino con la idea de convertirlo en una isla frente al avance opositor. Está con vida, como la vida que ganó el peronismo ahora conducido por Anabel Fernández Sagasti. Anoche, en el Gobierno provincial dejaban trascender que se enfrentaron a Cristina y a Alberto, desconociendo la relevancia de Anabel y de sus candidatos. Pero, también, el oficialismo provincial debió luchar contra el propio Macri, el gobierno del que ha sido socio. Para Cornejo y para el candidato a sucederlo, Rodolfo Suarez, comienza otra historia desde hoy. Harán lo imposible para reducir la discusión electoral a lo netamente provincial y, atención, si lo ven necesario, hasta es posible que comience a visualizarse un divorcio del elenco del Gobierno nacional.

Ese divorcio no hay que descartarlo por varias razones: una es la provincia, el objetivo máximo de Cornejo. Hay otras, como la reacción y la presión de la Unión Cívica Radical nacional, de la que es presidente y la que comenzará a analizar su futuro.

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