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2 de noviembre de 2006
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Luz amarilla

La intervención del radicalismo mendocino dejó a los cobistas en el papel de víctimas que buscaban. Mientras, la provincia necesita atención urgente

    Si todo puede pasar en política, pasará. Pero no siempre lo que pasa es lo que parece. Desde el martes a la noche, cuando el radicalismo mendocino entró en llamas, el cobismo parece en pie de guerra. Sin embargo, lo que pasó fue lo que estaban esperando ansiosos: que Iglesias se saliera de las casillas (es cierto que desde otro lado, no desde el agrande que padecen desde el domingo misionero) e interviniera el partido provincial.

    Así, los seguidores del gobernador lograrían el objetivo deseado desde hace tiempo, transformarse en víctimas, traducido así: “Los que estamos cerca de la gente y la entendemos somos castigados”. Y, como si esto fuera poco, pueden exhibir que quien los castiga es nada más y anda menos que quien negoció con Lavagna, aliado a un procesado por las coimas en el Senado como José Genoud. La verdad que los cobistas poco más pueden pedir a su favor para seguir creciendo en la simpatía de la gente común, de los votantes. Las cosas irán evolucionando, seguramente pareciéndose más a una riña de gallos que a otra cosa, de acá al domingo, fecha prevista para un congreso que nadie sabe si se hará ni en qué terminará.

RAREZAS. Pero es extraño. Mientras el cobismo agita la bandera de que son los que están cerca de la sociedad, algunos de sus hombres de gobierno andan a los tumbos (por ser suaves) y a contramano de ese discurso. El gran interrogante es hasta cuándo el gobernador podrá seguir sosteniendo y despegándose de la gestión de un ministro suyo. Como dice la formula de juramento de asunción, el cargo correcto es ministro secretario, o sea, un ayudante del gobernador para manejar un área, no una persona independiente que hace lo que se le da la gana.

    Obvio que hablamos del área más sensible de la provincia, la de Seguridad. Uno preferiría no personalizar, que cada línea no parezca una caza de brujas en un Hallowen tardío, pero es casi imposible. La lista de desaciertos es larga y acrecienta una interna sorda llena de diferencias entre quienes –en la práctica– manejan la poca seguridad que hoy se puede brindar en la provincia y quienes siguen al ministro –que cada vez son menos–.

    Los últimos dos moñitos, el ocultamiento liso y llano del robo al restorán Tapiz –el que sólo llegó a los diarios porque una persona cercana al diputado Enrique Thomas estaba allí– y el verdadero papelón del traslado de los cadetes del Sur al centro mendocino para dar la falsa imagen de presencia policial dan una idea de cuál es el nivel de seriedad que hoy anida en la calle Salta de Godoy Cruz. La misma con la que hasta hoy el ministro no pudo o no quiso explicar la verdadera dimensión de gran parte de los 83 contratos de locación que descubrió este diario y que se llevan más de un millón de pesos al año o el manejo del combustible de los móviles que reveló un medio colega. Está claro que, así, será difícil que los mendocinos recuperen algo de la seguridad perdida en el último lustro.

PRESIONES. Pero no es el único frente que el Gobierno deberá atender en los próximos días y con la llegada inminente del año electoral. Veamos, por un lado, la presión de los gremios estatales y, por otro, una presión incipiente de un sector empresario que ya comenzó su avance en busca de mejorar sus ingresos. Se sabe por dónde pasará la lucha de los estatales en busca de más ingresos, pero no por dónde la de los empresarios que buscan mejorar las tarifas de la energía.

    Es cierto que, quizás, aquí en Mendoza las tarifas de muchos servicios estén relativamente atrasadas con respecto a valores internacionales, pero, a nivel nacional, la mayoría está sufriendo que, durante mucho tiempo, prefirió girar ganancias al exterior antes que invertir y prepararse para el futuro y, a nivel provincial, los nuevos dueños de Edemsa no pueden aducir inocencia ni que no sabían lo que compraban y cuáles eran las reglas de juego.

EL AVANCE. Llamativamente y como alguna vez contamos, hay cosas que no cierran entre el sindicato de Luz y Fuerza y su relación con Edemsa. Los representantes de los empleados suelen funcionar, con asiduidad, en demasiada sintonía con los intereses empresariales más que con los de los trabajadores, ya sea de su sindicato o en general. Es recordada su solicitada de hace unos meses reclamando un aumento de tarifas. Esta semana se produjo otra de esas “coincidencias”, pero sólo una mitad se conoció públicamente.

    La presencia de los gremialistas en la Legislatura con denuncias contra el titular del EPRE, al parecer, con bastante poco sustento. Lo que no se sabía hasta hoy es que, casi al mismo momento, el desembarco del grupo Vila-Manzano en Edemsa quedaba plasmado en la designación de un director de su riñón y, con ello, también los manzanescos métodos de reclamo.

    Un enviado de Edemsa formulo serias advertencias a hombres del Gobierno sobre la inconveniencia de que Mario de Casas siguiera al frente de EPRE, después de la multa por el Zonda y de su oposición tenaz a un aumento de tarifas sin inversión ni mejoras, lo que lo transformó en enemigo número uno de la distribuidora de energía. Vaya coincidencia, otra vez, entre empresarios y sindicalistas. Por lo menos dos fuentes consultadas después de enterarnos de la presión nos aseguraron que el fantasma de una fuerte campaña mediática sorbe el EPRE y el Ministerio de Obras Públicas flotó en el aire de esa reunión.

DESAFÍO.Como ya dijimos alguna vez, Mendoza necesita atención urgente. Los tiempos electorales se acercan y suelen exacerbar los ánimos, no sólo en el chiquitaje de la política, sino en cosas que pueden comprometer seriamente el futuro de la provincia. Y está claro que la desatención en algunas áreas, por estas horas, es demasiado fuerte como para no prender una luz amarilla.

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