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22 de septiembre de 2009
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TENSIÓN EN HONDURAS

Lula reclamó a "los golpistas" que respeten la integridad de embajada brasileña en Honduras

El presidente de Brasil habló desde Nueva York, luego de enterarse del cerco que rodea la sede diplomática donde se encuentra alojado el derrocado Zelaya. "No aceptaremos que alguien se crea con derecho para sacar de su cargo a una persona elegida democráticamente", subrayó.

"Nosotros esperamos que los golpistas no entren en la Embajada de Brasil", declaró Lula da Silva en Nueva York, cuando se enteró del cerco que el gobierno de Roberto Micheletti impuso desde temprano a la sede de la representación diplomática brasileña en Tegucigalpa. El jefe de Estado brasileño, quien había solicitado poco antes la necesidad de que las partes negocien en función de la pacificación, dijo también que habló por teléfono con Ernesto Zelaya, el presidente depuesto.

En Brasilia indicaron que las reglas internacionales deben respetarse y eso significa la inviolabilidad de la Embajada por ser considerada territorio brasileño en Honduras. Lula sostuvo también que ahora "los golpistas deben dar el lugar a quien tiene derecho a él, y que es el presidente elegido democráticamente por el pueblo". Defendió su posición de permitir la entrada de Zelaya en la embajada brasileña al señalar que "cualquier otro país democrático haría lo mismo".

Anoche Lula también se había referido a las razones políticas que lo llevaron a dar "la bienvenida" al presidente depuesto Ernesto Zelaya. En Nueva York, durante un discurso transmitido por el canal de noticias brasileño Globo News, sostuvo: "No podemos aceptar más un golpe militar". Y llamó a Estados Unidos a actuar en forma conjunta para preservar la democracia en la región: "Creo que la posición de Estados Unidos y de Brasil es importante porque fortalece la democracia en nuestro continente" subrayó.

Para el presidente brasileño no cabe entregar a Zelaya como reclamó el presidente de facto Roberto Micheletti: "No tenemos el derecho de aceptar que alguien se crea con derecho para sacar de su cargo a una persona elegida democráticamente y coloque en su lugar otra persona por entender que es mejor". Horas antes, el hondureño Roberto Micheletti le había exigido a Brasil que entregue al presidente depuesto Manuel Zelaya, refugiado desde media tarde en la embajada de Brasil en Tegucigalpa.

 El canciller Celso Amorim anticipaba la respuesta al decir que Zelaya "está ahora bajo la protección de Brasil". El ministro se apuró a comunicarse con el secretario general de la OEA Miguel Insulza para pedirle que vele por la seguridad de la sede diplomática brasileña.

Micheletti sostuvo ya entrada la noche: "Hago un llamado al gobierno de Brasil para que respete la orden judicial dictada contra el señor Zelaya, entregándolo a las autoridades competentes de Honduras". Incluso Micheletti llegó a "responsabilizar" a Brasil por cualquier acto de violencia que pueda suceder en la sede de la embajada de Brasil en Tegucigalpa. Amorim dijo que la presencia de Zelaya crea "un hecho nuevo" pero aseguró que él y el presidente Lula da Silva se enteraron después que el presidente depuesto se refugiara en la embajada.

Según Amorim, en Brasil nadie sabía lo que estaba por ocurrir. Pero lo cierto es que hubo señales previas del gobierno brasileño, durante la semana, que al menos se pueden considerar extrañas a la luz de los sucesos de ayer.

El jueves y viernes pasado, Brasil tomó varias medidas para extremar el aislamiento del gobierno de facto en Honduras. Pasó a exigir visas a los ciudadanos hondureños para su ingreso a Brasil, cancelando unilateralmente el acuerdo de ingreso sin visado que rigió hasta ahora. Y terminó tipo de ayuda y cooperación que aún restaba como remanente de las primeras medidas punitivas adoptadas contra el gobierno hondureño de facto

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