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6 de septiembre de 2006
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Los vigilantes de la moral

Durante el régimen talibán, la Autoridad para la Conservación de las Buenas Costumbres y la Prevención del Vicio tenía mala fama en todo el mundo. Su policía religiosa torturaba y daba palizas por motivos como que la barba de un afgano no era lo suficientemente larga o que el velo que llevaba una afgana no cubría lo suficiente.

    Durante el régimen talibán, la Autoridad para la Conservación de las Buenas Costumbres y la Prevención del Vicio tenía mala fama en todo el mundo. Su policía religiosa torturaba y daba palizas por motivos como que la barba de un afgano no era lo suficientemente larga o que el velo que llevaba una afgana no cubría lo suficiente. Tras el derrocamiento del régimen radical islámico, hace casi cinco años, esta autoridad no fue disuelta, sino que cayó en una especie de letargo.

    Fue integrada al Tribunal Constitucional y se la desposeyó de poder, pero ahora el presidente Hamid Karzai quiere recuperar a los vigilantes de la moral. El Gabinete ya ha acordado que la Autoridad pasará a formar parte del Ministerio de Religión. La Asamblea Nacional (parlamento), integrada principalmente por conservadores, todavía tiene que aprobar su restablecimiento. El futuro jefe de este organismo sería el director de las mezquitas en el ministerio, Sher Mohammad Ibrahimi, quien se apresura a disipar las preocupaciones.

    “Les aseguro que el departamento no estará bajo los talibanes”, dijo, a la vez que subrayó que no existe intención de crear una policía religiosa. Los empleados del organismo no causarán daño a las personas, sino que las asesoran en asuntos religiosos. La diputada y defensora de los derechos de la mujer Shukria Barakzai pertenece a una de las fuerzas progresistas que en la Asamblea Nacional votará contra el plan de Karzai, pero no cree formar parte de la mayoría. “Es una decisión errónea.

    ¿Para qué necesitamos un departamento de esas características? ¿Quiénes son ellos para decirme cómo se es un buen musulmán?”, se pregunta. Karzai se encuentra bajo presión de los fundamentalista y quiere tomar la delantera a los talibanes con la recuperación de este organismo. Lo que no queda del todo claro es la función que tendrán los vigilantes de la moral, dijo Barakzai. También Ibrahimi reconoce que hay que definir las tareas. Barakzai considera que los afganos son mucho más conscientes desde el derrocamiento de los talibanes y no necesitan ser humillados de nuevo por una policía religiosa.

    La diputada espera que la reactivación de ese organismo sea meramente simbólica. Una esperanza que no comparte en absoluto Kasim Ajgar, de la Comisión de Derechos Humanos.“No será algo simbólico”, afirma Ajgar. “Sin duda alguna, comenzarán con objetivos inocentes, pero cuando obtengan éxito, volverán a recuperar la policía religiosa”, agrega. “Agrederán los derechos básicos de los ciudadanos”, añadió. Los talibanes, que entretanto controlan amplias partes del convulso sur de Afganistán, no quedarán debilitados con la reactivación del organismo, sino que se verán reforzados.

    “Ello alentará a sus seguidores, que creerán que empiezan a ganar en Afganistán”, aseguró. Ibrahimi considera que los afganos no están descontentos con estos planes de reanimar a las autoridades religiosas. En realidad, muchos afganos están frustrados por la falta de avances y la situación de seguridad en el país, la que empeora. Con los talibanes –argumentan–, la situación era dura, pero al menos imperaba el orden.

    Ibrahimi explica así el resultado de una encuesta realizada por la fundación alemana Konrad Adenauer, en la que más de 71 por ciento de los 273 entrevistados están a favor de recuperar ese organismo, y esta aprobación también se percibe entre las mujeres, ya que sólo una de cada cinco la rechazó. Y no sólo fueron consultados afganos del sur, más conservador, sino también personas de la capital, Kabu.

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