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16 de diciembre de 2006
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Los vicios ocultos de la hegemonía

El Gobierno parece sufrir la notable falta de capacidad y creatividad. Pero descansa en el fenómeno de que no se vincula la gestión y sus inconvenientes con la buena imagen que le dan las encuestas a Julio Cobos. Comienza a preocupar, sin embargo, el combate que hace de las visiones críticas. Roberto Iglesias, su enconado rival, habla de persecución ideológica

        No ha sido el mejor comienzo para el último año de gestión. Nervioso, enfrentado con periodistas y medios a los que considera opositores y dando explicaciones que lo incomodan en demasía sobre el accionar de algunos de sus ministerios, Julio Cobos transita por un camino que le va alternando gustos amargos con dulces.


         Frente a un escenario nacional sumamente favorable por indicadores macroeconómicos que no dejan de dar buenas noticias, el Gobierno mendocino de Julio Cobos, aliado incondicional del de Néstor Kirchner, debiera estar degustando de las mieles del momento y no comenzar el 2007, año clave, con sobresaltos. Si Kirchner en la nación no tiene oponentes que se le animen, a Cobos en Mendoza le sucede más o menos lo mismo.


        Si Kirchner en la nación constantemente inventa un adversario con quien medirse ante la ausencia de una oposición que se presenta diezmada y confundida, en Mendoza, su por ahora partenaire para la campaña presidencial del 2007 parece imitar tal accionar. El adversario a ser asfixiado por la administración Cobos es todo aquello, independientemente de su naturaleza, que hoy ose oponérsele a semejante grado y nivel de buena imagen y satisfacción popular. El poder,muchas veces, permite ver en su total dimensión cómo es en verdad quien lo detenta.


         Algunos giros intolerantes y autoritarios del Gobierno se han ido acentuando en las últimas semanas, que sorprenden al más avispado. Si un funcionario torpe se fue de boca u algún otro mostró una planilla de datos con la proyección del delito en los próximos años con el fin de justificar un pedido de aumento en las partidas presupuestarias, el problema está adentro del Gobierno y no en las interpretaciones que se hacen afuera. Sin embargo, la destemplanza parece haber ganado terreno en el plano de la discusión política.


        “El gobernador es el que decide al final y el que no está de acuerdo deberá esperar ser gobernador para cambiarlo”, fue una de las respuestas que dio el jefe de Estado esta semana, molesto, en medio de la polémica que generó la confirmación pública de una maniobra que proyectaba un aumento del delito para justificar más plata en el área de Seguridad. La discusión se disparó en varias direcciones.


        Sin embargo, no se puso en valor el contenido real de la planilla y lo que eso significaría en verdad: que el Gobierno de Cobos, en definitiva, dé por perdida la lucha contra el delito y, en vez de un retroceso, lo que tenemos que esperar los mendocinos sea una avanzada del delito en sus varias formas, como ha venido sucediendo en los últimos años. Si fuera así, deberíamos estar más que preocupados. El Gobierno está adoleciendo de capacidad para explicar el momento que se vive y para idear las soluciones a los problemas que aparecen o que existen y que no necesariamente se eliminan o mitigan con plata, con recursos, con el poder de la billetera, sino que requieren creatividad e inteligencia.


       La carencia de un entorno ágil, sagaz y superador para dar cuenta de los problemas de gestión es lo que más se nota y la causa, quizás, por la que se pierde la oportunidad y el tiempo para realizar las reformas necesarias, las que son estructurales y de fondo. Al sorprendente asunto de la supuesta manipulación de los datos del delito para contar con más plata, como se descubrió en la Legislatura, se le sumó un sainete explicativo, inverosímil y casi bárbaro, en el que se sumió el Gobierno para salir al cruce de los desajustes del sistema de pago del transporte colectivo de pasajeros Red Bus. La falta de monedas, los inconvenientes para comprar la tarjeta más la tortuosa tarea en la que se ha convertido la recarga del plástico llevó a Mónica Lucero de Nofal, la flamante directora de Vías y Medios de Transporte, a afirmar que con el recibo que da la máquina cuando se paga el boleto mínimo con una moneda de 1 peso se podía exigir los diez centavos de vuelto en los puestos de venta y recarga. ¿Desde cuándo rige esto?, le preguntaron a la funcionaria en Elevediez: “Desde siempre”, contestó muy suelta de cuerpo. Si eso estaba previsto, nadie lo informó y se encubrió un negociado oficial que lleva acumulado casi medio millón de pesos.


       “Convengamos que no es tanto”, dijo más tarde Patricia Gutiérrez, al frente de la Subsecretaría de Servicios Públicos de la provincia, cuando desmentía que se pudiera canjear el ticket por los 10 centavos que se consume la maquinita de Siemens. No pasó nada. Todo continuó y continúa sin que a nadie se le mueva un pelo.


       Si lo de Nofal fue una torpeza, si la planilla de los delitos que se le “fue” al ministro de Seguridad Miguel Bondino entre los papeles que le mostraba a los legisladores también fue una torpeza, ¿cuál es el límite que se impone el gobernador sobre las torpezas que cometen sus funcionarios? Lo que está comenzando a preocupar es la extendida sospecha de que las torpezas están encubriendo otras cuestiones mucho más serias y sensibles. Pero este último aspecto no parece emerger como lo más importante o que llame tanto la atención de Cobos que obligue a resolverlo rápidamente

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