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2 de abril de 2007
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EL NIÑO FUE ASESINADO EL SÁBADO

Los seis perros ya habían atacado anteriormente

Lo aseguró el tío de Abel Cataldo, el bebé fallecido. El hombre aseveró también que los animales no son cimarrones, sino que habitan en una finca cercana. Por las graves heridas, el chico llegó sin vida al Notti

    Los perros que en la mañana del sábado mordieron al pequeño Abel Adrián Cataldo –de un año y ocho meses– provocándole la muerte ya habían atacado a otras personas anteriormente. Así lo aseguró Aldo Cataldo, primo del padre del niño y quien encontró al menor entre las viñas de la finca Bolan, en Buena Nueva, de la que los Cataldo son caseros. El hombre indicó que fue su cuñada, madre de la víctima, Graciela Videla, quien muchas veces observó que los animales atacaban a gente que transitaba por la estrecha calle Tunuyán al 2300, en la que está ubicada la propiedad.

    Si bien en un primer momento aseguraron que se trató de perros cimarrones, el hombre señaló que los seis canes que mataron a su sobrino pertenecen a una finca vecina. Por eso, los Cataldo señalan a sus vecinos –de los que no trascendió la identidad– como responsables e iniciarían contra ellos una demanda.

MINUTOS FATALES. Aldo subrayó que el sábado a las 8.30, su primo arrancó el tractor con el que se dirigía a trabajar a las viñas, mientras él, su cuñada, el pequeño fallecido y los otros tres hijos del matrimonio –dos niños de entre cinco y seis años y un bebé de ocho meses– permanecían en la vivienda. Esta fue la última vez que vieron a Abel con vida. El hombre recordó que, luego de la partida de su primo, él se dispuso a cortar leña para el calefón en la galería de la casa. Desde entonces, no transcurrieron más de quince minutos hasta que su cuñada le preguntó si sabía dónde estaba Abel.

    Como no pudieron encontrarlo dentro de la casa ni en la galería, Aldo salió a buscarlo en las viñas, no sin antes revisar un pozo hondo que se encuentra junto a la vivienda. Y la escena que halló lo dejó atónito, tanto que permaneció unos instantes paralizado hasta que, por fin, pudo reaccionar. En el piso se encontraba el cuerpo del pequeño Abel, con el cuero cabelludo destruido por las mordidas, así como la cara y el pecho.

    “Sólo pude espantar a los perros, pero no lo quise tocar, quedé muy impresionado”, afirmó. Fue entonces que la mamá del niño corrió al lugar, alzó al bebé, lo envolvió en una frazada y se apresuró a pedir ayuda. Ambos se trasladaron sin demoras al Hospital Humberto Notti, pero el menor ya estaba muerto. “Se notaba que eran perros caseros, no salvajes. Esos perros tienen dueño”, manifestó el tío del pequeño. Sin embargo, nadie se hizo cargo de los animales.

SIN CUIDADO. El hombre aseguró que, horas después del trágico episodio que le costó la vida a su sobrino, los animales continuaban merodeando la zona. “Nadie se hace cargo de los perros ahora, pero creemos que son de la finca que está detrás de la que cuidan mis primos. Si es así, lo vamos a comprobar”, aseveró el hombre.

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