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29 de septiembre de 2009
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OPINIÓN

Los problemas de Alemania (por Rosa Aranda, de DPA)

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Los aliados del nuevo gobierno de Alemania, la Unión Cristiano Demócrata y el Partido Liberal tienen cuatro años de duro trabajo por delante

Los aliados del nuevo gobierno de Alemania, la Unión Cristiano Demócrata (CDU), de la canciller Angela Merkel, y el Partido Liberal (FDP), tienen cuatro años de duro trabajo por delante: la deuda estatal de la primera economía europea alcanza su máximo histórico y el desempleo amenaza con explotar en los próximos meses.

 “Somos conscientes de la seriedad de la situación en la que nos encontramos y vamos a trabajar y a buscar un buen programa”, aseguró Merkel ni bien se confirmaba su resonante triunfo en las elecciones legislativas del domingo.

“Nos espera el trabajo. No quiero ser aguafiestas, pero no debemos olvidar que hay muchos problemas que resolver en este país”, remarcó la líder conservadora, cuyo partido inició ayer mismo las negociaciones con los liberales de Guido Westerwelle.

 Y entre los múltiples problemas a los que hace referencia Merkel hay dos fundamentales: la deuda y el desempleo.

Las deudas públicas escalaron hasta una cota histórica de 1,6 billones de euros (2,34 billones de dólares) y hasta el 2013 superarán los dos billones de euros, una suma que llega casi a la riqueza que Alemania genera en todo un año.

La deuda pública aumenta cada segundo en 4.439 euros (6.504 dólares). Los empleados de un país cada vez más envejecido tendrán que trabajar hasta una mayor edad y hacerlo de manera más efectiva para no dejar esa deuda millonaria a sus descendientes. Para los dos partidos en el poder, el reto será encontrar la fórmula mágica para obtener el equilibrio entre las ganancias y los gastos públicos.

Pero ni siquiera en el tema impositivo muestran un acuerdo. Mientras los democristianos propician un leve recorte de los impuestos y rebajas fiscales para las familias, los liberales demandan una simplificación radical del sistema impositivo y una sustancial reducción tributaria.

Por otra parte, en el país más poblado de la Unión Europea (UE), el desempleo afecta a 3,5 millones de personas y a otros 1,4 millones se les recortó la jornada laboral en los últimos meses, como medida para hacer frente a la crisis.

Los expertos han advertido en numerosas ocasiones que la situación se complicará rápidamente y la cifra subirá a cuatro millones a finales de este año y a cinco millones al término del 2010.

Con ello, el déficit de la Oficina Federal de Empleo alcanzará probablemente una cifra de 17.500 millones de euros a finales del año que viene y, para frenarlo, las cotizaciones de desempleo deberían subir del 2,8 por ciento actual a 4,8 por ciento, calculan los expertos, algo impensable para un gobierno liberal-conservador.

Para los liberales, una de las soluciones pasa por flexibilizar el empleo para la pequeña y mediana empresa, mientras que la CDU se niega a imponer un salario mínimo en todo el país, como exigía el Partido Social demócrata (SPD), pero es partidaria de formar comisiones que decidan según los sectores y las regiones.

De todos modos, para ambos la solución a largo plazo es fijar una mayor inversión en educación. En el último estudio Pisa, las escuelas alemanas quedaron en un lugar intermedio y el país sólo invirtió en educación 4,8 por ciento de su PIB en el 2006, frente al seis por ciento de la media de la OCDE.

Tanto Merkel como Westerwelle aspiran a fomentar una mayor autonomía de las universidades y ampliar las plazas de guarderías. Ambos son conscientes de que si no realizan mayores esfuerzos por mejorar la educación infantil y superior y el reciclaje profesional, no podrán hacer frente a la competencia internacional.

Según el Instituto de Economía Alemana, en el 2014 faltarán en Alemania 220.000 ingenieros, expertos en ciencias naturales y técnicos industriales.

A nivel internacional, el mayor reto del nuevo Ejecutivo de Berlín es la presencia del Ejército alemán en Afganistán, el tema más polémico de la política exterior del país.

Dos de cada tres alemanes están en contra de esa misión, y aunque la CDU y el FDP abogan por mantener las tropas, en su nuevo gobierno tendrán que diseñar un rápido calendario de salida.

Por último, Merkel y Westerwelle tendrán que buscar soluciones a la dependencia energética de Alemania y volver a sacar a colación el tema de la prolongación del funcionamiento de las 17 centrales nucleares, que, según dispuso el gobierno roji-verde de Gerhard Schröder, deberán apagarse paulatinamente hasta el 2021.

Ambos coinciden en la necesidad de que continúen funcionando más allá de esa fecha, pero para ello tendrán que modificar la legislación.

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