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28 de febrero de 2007
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Los mayas, bajo la lupa de Gibson

Se estrena Apocalypto, del mismo director de La pasión de Cristo.

    “Si le das a elegir a un chico entre escuchar el cuento del conejito que recogía margaritas y el de un duende que devoraba niños, siempre te va a pedir el del duende que devoraba niños”. Con estas palabras, el 8 de diciembre, día del estreno en Estados Unidos de la película Apocalypto (que mañana llega a Mendoza), el director Mel Gibson explicaba por qué creía que su fábula de indígenas precolombinos despertaría el interés de un público internacional.

    “Nos fascinan los temas del miedo y tenemos el deseo de enfrentarlos desde un lugar inconsciente”, dijo Gibson. Pero los miedos que se describen en Apocalypto, ¿son los de quién? “Bueno, creo son los miedos de la mayoría de la gente”, contestó el director, quien rápidamente agregó, interpretando el otro sentido de la pregunta:“Probablemente, muchos de esos miedos son míos”.

    Apocalypto se filmó en el sur de Veracruz (México). En octubre del 2005, días antes de empezar el rodaje, Mel Gibson dio una conferencia de prensa en la que dijo que su película sería “una historia épica sobre individuos mesoamericanos de hace tres mil años”.

    Cuando alguien le preguntó sobre el tema de la precisión histórica, él respondió que la mayoría de lo que ocurría en Apocalypto eran cosas que él se había inventado, que después consultó a historiadores y arqueólogos y que entonces se dio cuenta de que su historia no se alejaba demasiado de la verdad (sus fuentes, dijo, habían sido el Popol Vuh y los textos de los cronistas).

    “Todavía hay mucho misterio alrededor de la cultura maya. Pero, incluso cuando todo se haya dicho sobre ella, eso sólo sería el escenario de lo que me interesa hacer: una película de acción de proporciones míticas”. Su objetivo, dijo al final, era entretener al público y hacer que el maya yucateco se volviera otra vez cool.

    Situada en lo que parece ser el período posclásico de la cultura maya, hablada en lo que, en apariencia, es el maya yucateco y teniendo como argumento central una guerra tribal, Apocalypto es la historia del joven Garra de Jaguar, cuya aldea es sometida por guerreros de una tribu vecina que busca prisioneros de guerra para ofrendarlos en sacrificio, a fin de complacer a su dios Cuculcán.

    Si bien es cierto que Gibson pasa lista a casi todas las convenciones del género (persecuciones que desafían la lógica y las leyes de gravedad, proezas físicas sobrehumanas y, en fin, la victoria espectacular del héroe), también es cierto que reta a Hollywood en dos de sus condiciones casi innegociables: nadie en Apocalypto es un actor conocido y en la película se habla un idioma que obliga al espectador a leer subtítulos.

    LOS PROS Y LOS CONTRAS DE UNA SUPERPRODUCCIÓN. Como todo gran filme, este también parece estar cargado de errores que rápidamente descubrieron los fanáticos. Entre ellos (y por nombrar sólo algunos) se cuentan la impresión de que los mayas eran desorientados y fácilmente sorprendidos por un eclipse de sol y algunos equívocos arquitectónicos, como mezclar estilos de construcción y ornamento de distintas épocas y regiones.

    Pero, ¿qué ofrece Apocalypto a cambio? Una historia bien contada de amenaza y supervivencia (el miedo como resorte de lucha) y una estética que transporta al espectador a un tiempo y un espacio desconocidos, aunque sí vibrantes. En oposición al cine netamente histórico, Apocalypto (como María Antonieta, de Sofía Coppola, que también llega mañana a las salas de Mendoza) utiliza las sensaciones como puente por el que un espectador moderno transita y se interesa por una realidad extinta (ya sea la de un maya o la de una reina en Versalles).

    En la cinta de Gibson actúan Rudy Youngboold, Dalia Hernández, Raoul Trujillo, Gerardo Taracena, Fernando Hernández Pérez y María Isidra Hoil y Farhad Safinia, quien colaboró con el guión.

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