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27 de junio de 2007
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TRABAJAN EN LAS FERIAS

Los changarines cobran 15 centavos por el traslado de cada carga de verdura

En un día de mucho trabajo pueden ganar hasta 30 pesos. Sus herramientas son un carrito y un par de guantes. Aseguran que les gustaría tener los mismos beneficios que otros empleados.

    No tienen obra social ni aportan a la jubilación, aunque trabajan todo el día en las ferias de frutas y verduras de la provincia. Ganan, como mucho, 30 pesos al día, después de transportar pesados bultos de un lugar a otro. La situación de los changarines que trabajan en ferias mendocinas es más que precaria. Tienen la obligación de trasladar las cargas sin dañarlas y por eso se les paga pero, hasta ahora, ese es el único derecho al que parecen ser acreedores. Por pedido expreso de los changarines consultados por El Sol, los nombres que aparecen en la nota son de fantasía, porque señalaron que temen posibles represalias.
    Quizás una de las razones de su temor es la verdadera batahola que se desató hace dos semanas en el predio de la feria cooperativa de Guaymallén, cuando los inspectores del Ministerio de Trabajo de la Nación, la subsecretaría local y la AFIP intentaron controlar la situación legal tanto de puesteros como de trabajadores. Según los changarines, no fueron ellos los que les tiraron frutas y verduras a los inspectores, porque quieren mejorar su situación laboral.
DE SOL A SOL. Cuando se vislumbran los primeros rayos de sol, a las ferias de frutas y verduras de toda la provincia comienzan a llegar los compradores, quienes buscan productos frescos para llevar a las verdulerías de los barrios. El traslado de la mercadería desde los camiones hasta los puestos y desde estos hasta las camionetas de los verduleros sería imposible sin la presencia de cientos de personas que tienen como único elemento de trabajo un carrito, que les permite hacer menos pesada la dura tarea de transportar durante todo el día bultos de veinte kilos.
    Algunos trabajan siempre en un mismo mercado, con puesteros y compradores conocidos. Otros van adonde los necesitan e, incluso, pasan de una feria a otra para tratar de aumentar las ganancias. Los changarines trabajan por día, no pueden pensar a largo plazo, sino simplemente en tener lo necesario para que su familia coma en esa jornada. Si faltan, no cobran; si están enfermos, tampoco y nadie se hace cargo si tienen un accidente. Y lo que es peor, si dejan de ir, hay otros cientos que pueden trasladar las pesadas cargas. Juan trabaja como changarín desde hace veinte años. Su jornada empieza temprano, toma un descanso al mediodía y vuelve a la tarde para tratar de mejorar sus ganancias.
    Durante todo el día traslada los paquetes de los camiones a los puestos o de estos hacia los vehículos de los compradores. Por cada uno que llega a destino gana entre 10 y 15 centavos, es decir que en un día de trabajo excepcional puede llegar a ganar hasta 30 pesos. Además del carrito –que cada uno consigue como puede– muchos utilizan un par de guantes, lo único que evita que sus manos no se llenen de callos por el esfuerzo.
     Para Esteban, el de los changarines es un trabajo sacrificado, que implica un gran esfuerzo físico. Los dolores en espalda, en brazos y piernas son frecuentes, porque las cargas son pesadas. Aunque tanto los gerentes de las ferias como los dueños de los puestos dicen que no son sus patrones, César comentó que suelen trabajar para las mismas personas, quienes ya los conocen y tienen confianza en ellos. Algunos descansan el fin de semana para esperar con más fuerzas el lunes pero otros no dejan de hacer changas en las ferias o en otro sitio en el que necesiten que alguien traslade paquetes.
 UNA ESPERANZA. Para los tres, la mayor alegría es que sus hijos puedan ir a la escuela, aunque reconocen que muchas veces se les hace imposible pagar los útiles o el guardapolvo. “Ellos pueden tener un futuro mejor”, comentó César, esperanzado. Aunque con timidez, los tres coincidieron en que les gustaría trabajar en forma legal, gozar de un día libre o poder enfermarse sin tener la preocupación de no ganar el pan del día. Pero parece que, por ahora, sus deseos son sólo eso.

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