En Argentina el primer caso de COVID 19 se registró el 03 de marzo. Tan solo 17 días después de eso el presidente de la Nación, Alberto Fernández, anunciaba el inicio de la cuarentena y del aislamiento generalizado, que durante más de 2 meses fue estricto, por lo menos en Mendoza, y que según los expertos en Salud Mental, ha generado un trauma psicológico en la población.

Los especialistas en la materia (psiquiatras y psicólogos) advierten que se aproxima una ola histórica de problemas de salud mental: depresión, abuso de sustancias, trastorno de estrés postraumático y suicidio. Incluso ya se habla de pandemia de lesiones psicológicas y sociales. Esta “sombra” a menudo es persistente a la pandemia por el virus y continúa atacando por semanas, meses e incluso años. Y recibe poca atención en comparación con la enfermedad, a pesar de que también devasta familias, daña y mata.

Los problemas de salud mental emergentes pueden convertirse en problemas de salud duraderos, aislamiento y hasta en un estigma. Según una investigación publicada en el Centro Nacional para la Información Biotecnológica de los Estados Unidos (NCBI por sus siglas en ingles), el impacto a largo plazo en la salud mental de COVID-19 puede tardar semanas o meses en ser completamente aparente, aclara el escrito.

En Argentina, la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires (UBA), a través del Observatorio de Psicología Social Aplicada (OPSA), presentó el último informe de una encuesta denominada Crisis Coronavirus. La primera edición fue presentada incluso antes de que se estableciera la cuarentena obligatoria en el país y cuenta con una actualización constante cada diez días. Este último documento refiere a la incidencia del ASPO -medida en 4 momentos diferentes- en la salud mental de los argentinos.

A partir del 20 de marzo de 2020, entró en vigencia la cuarentena obligatoria de toda la población argentina, con excepción de los trabajadores de la salud, la seguridad y defensa, la prensa y la industria, distribución y venta de alimentos. El resto de la población, solamente podía salir de sus hogares para obtener alimentos, medicamentos o pasear mascotas.

Al momento de este informe, el Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio (ASPO) ya había finalizado y había comenzado la etapa del Distanciamiento Social Preventivo y Obligatorio (DISPO). El ASPO duró más de 33 semanas (en Buenos Aires, aquí en Mendoza el Gobierno Provincial fue habilitando permisos de acuerdo al análisis de la situación epidemiológica local), durante las cuales se realizaron diversas modificaciones que se fueron actualizando cada 14 días. Los efectos psicológicos de las cuarentenas se han estudiado en diferentes ocasiones y países. De dichos análisis históricos se desprende que la cuarentena de mayor duración (hasta la argentina de este año) fue de 21 días en el país africano de Liberia en 2015, por un brote de ébola.

La prolongación de la cuarentena se asocia con un empeoramiento en la salud mental siendo los síntomas de estrés postraumático, conductas evitativas e ira los más prevalentes afirman los profesionales de la salud especializados en el tema. 

Los aspectos que más destacaron los participantes como negativos o traumáticos fueron: la separación de los seres queridos, pérdida de libertad, incertidumbre sobre el estado de la enfermedad y aburrimiento, con considerables pérdidas económicas.

De los estudios realizados en cuarentena se desprende que existe una relación directa entre bajos ingresos, trabajos independientes y trabajos sanitarios con mayores niveles de síntomas psicológicos. Además, quienes realizan trabajos sanitarios sienten una mayor estigmatización por parte de la población general, mostrándose más evitativos luego de la cuarentena y psicológicamente más afectados.

El estudio realizado por la Facultad de Psicología de la UBA expresa que las autoridades subestiman la relevancia de aspectos psicológicos importantes que desempeñan un papel vital en el manejo de la cuarentena. Los aspectos psicológicos juegan un rol determinante en el afrontamiento de la pérdida de seres queridos (que en los casos de COVID ha sido complejo de abordar,ya que durante la cuarentena estricta los velorios estuvieron prohibido. Entendiendo esto como una parte esencial del ritual de duelo cuando muere un ser querido) y en el incremento de la xenofobia y estigmatización de sectores sociales.

Según los datos arrojados por la investigación, el porcentaje de personas en riesgo de trastorno psicológico se incrementó significativamente de marzo a octubre pasando de 4,86% a 10,24% para ese último mes de toma de muestra. En octubre, el 80% de los participantes reportó experimentar malestar psicológico, el 54,8% de los participantes reportó consumir alcohol y 46,5% consideraron necesario tratamiento psicológico.

Según este informe, el porcentaje de personas que consideran necesitar tratamiento psicológico, y que no lo reciben, aumentó de marzo a octubre de modo sostenido, llegando al 43,75%. Los problemas económicos y de acceso a la atención psicológica se destacan sobre otras barreras para realizar tratamiento psicológico por parte de aquellos que consideran necesitarlo.

“A pesar de la importancia de los factores psicológicos en el manejo de epidemias y pandemias, y que la Argentina tiene el mayor número de psicólogos por habitantes, los organismos de salud del país han dedicado escasos recursos a tratar específicamente el impacto psicológico de la pandemia. Dada su relevancia, este estudio tiene por objetivo conocer cómo las mismas afectan psicológicamente a la población de la Argentina. Continuando la tarea iniciada a pocos días de comenzada la cuarentena y del primer caso confirmado de COVID-19 en el país, este informe presenta los hallazgos obtenidos a las 32 semanas de ASPO y los compara con aquellos obtenidos a la primera semana, a las 8 semanas y a las 16 semanas”, advirtieron los investigadores.

En este sentido, el consenso de especialistas alerta sobre un deterioro global de la salud mental. Aseguran que las intervenciones a distancia que proporciona la telesalud no son suficientes, es un tema complejo de abordar finalizan.

El informa realizado por los expertos en Salud Mental demuestra que en nuestro país la población de adultos jóvenes es la que mayor estrés reporta y mayores dificultades tienen para el cumplimiento del aislamiento y distanciamiento social. 

Los adultos jóvenes son los que reportan mayor sintomatología frente a los adultos mayores. Las personas de menor edad afrontan estresores mayores característicos del ciclo vital, incertidumbre en cuanto a la vivienda, inserción profesional, laboral, parejas menos consolidadas, embarazos, hijos pequeños se expresa en el escrito.

En nuestro país, los niveles de pobreza son más altos en los adultos jóvenes, por lo tanto, son más vulnerables, presentan mayor inestabilidad laboral y menores recursos en general. Podría pensarse sobre este punto que los jóvenes perciben más la sintomatología. Esta otra explicación parcialmente consistente con la anterior se explicaría por una desensibilización o habituación de los adultos mayores a sus propios síntomas psicológicos.

En cuanto a los adultos de mediana edad, puede considerarse la mayor estabilidad laboral y el acceso a tecnología que permite el trabajo a distancia como un factor protector que explique su menor sintomatología frente a los adultos jóvenes. Sin embargo, un estresor escasamente explorado es el impacto de la suspensión de clases de los niños en edad escolar en los adultos de edad media. En los sectores más vulnerables las escuelas también incluyen comedores escolares, gabinetes psicopedagógicos y funcionan como una primera contención psicosocial.

Con respecto al género de los participantes, el estudio muestra hallazgos consistentes con la literatura científica que son las mujeres las que manifiestan los síntomas durante más tiempo.

Actividades saludables

En cuanto a las conductas que benefician la salud, los hallazgos muestran que más de la mitad de la población no realiza las actividades que se consideran saludables. En la minoría que sí realiza estas actividades, se observó un incremento de la actividad física..

Que más de la mitad de la población no haya realizado actividades saludables resulta relevante para el impacto psicológico de la duración de la cuarentena. Es decir, además de promover la salud mental y global, las conductas saludables permiten tolerar el estrés de la pandemia, amortiguando su impacto en el malestar psicológico.

Del 80% de los participantes experimentaron malestar psicológico a las 32 semanas de ASPO, solo el 9% de los participantes recurre a la consulta psicológica. Esto resulta desalentador, dado que en los anteriores períodos más personas reportaron utilizar este recurso. Sin embargo, una proporción creciente de los participantes reportó utilizar el alcohol para manejar el malestar. De hecho, el consumo de alcohol se incrementó con la duración de la cuarentena llegando a más de la mitad de los participantes a las 16 y 32 semanas de ASPO. No se observa lo mismo con respecto al tabaco y las drogas ilegales. El consumo de todas estas sustancias es una de las conductas problemáticas que se implementan para manejar el malestar psicológico. Si bien proporcionan un alivio porque impactan en la neurotransmisión produciendo placer o sedación, pasado su efecto deterioran la salud global.

“Mejorar el acceso de la población a intervenciones psicológicas resulta prioritario. Alrededor del 40% de la población ha reportado la necesidad de acceder a tratamiento psicológico en este tercer período. Entre las razones por las que no lo ha logrado se encuentran las siguientes: el problema económico, la preferencia por tratamiento presencial y la falta de cobertura médica o la falta de respuesta de los centros de salud cercanos”, manifestaron los especialistas a un medio nacional.

Y concluyeron: “Nuestros hallazgos enfatizan la necesidad de mejorar el seguimiento del impacto psicológico de la cuarentena y la pandemia, así como evaluar las intervenciones psicosociales o abordajes en crisis, presenciales y a distancia, para encontrar modelos óptimos para implementar políticas de salud que incluyan la salud mental. Asimismo, muestran la relevancia de los factores psicológicos y destacan la inclusión de la salud mental a la hora de implementar medidas de salud pública. La medida de cuarentena obligatoria priorizó el salvamento de vidas y ese fin, de alta prioridad, debe incluir su impacto psicológico y en la salud mental”.