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19 de julio de 2006
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Líbano, acosado por el conflicto árabe-israelí

El especialista explica la posición en la que se encuentra el país de Oriente Medio, que es bombardeado desde hace días por Israel, en respuesta a los ataques de Hezbolá

         Líbano, Estado de Oriente Medio que limita con Siria, Israel y el mar Mediterráneo, se ha visto inmerso muchas veces en el conflicto árabe-israelí a lo largo de su historia. La actual ofensiva israelí suma, en una semana, 200 muertos y más de un millón de desplazados. Líbano, que ocupa 10.400 kilómetros cuadrados para casi cuatro millones de habitantes, no tuvo un papel activo en la Guerra de los Seis Días, que enfrentó a árabes e israelíes en junio de 1967, pero sufrió las consecuencias del conflicto cuando su territorio, donde se refugiaban 450.000 palestinos, pasó a ser utilizado como base de actividades contra Israel.


        En noviembre de 1969, el jefe del Ejército libanés, Emile Bustani, firmó un acuerdo con Yaser Arafat, líder de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), para intentar controlar las actividades de la guerrilla palestina. Sin embargo, tras la matanza de 3.500 palestinos en Jordania en 1970, en el Septiembre Negro, durante los enfrentamientos con el gobierno del rey Husein, Líbano se convirtió en el único cuartel general palestino fronterizo con Israel, desde donde operaban los fedayin.


        Los ataques a Israel produjeron violentas represalias que ocasionaron daños a palestinos y libaneses. En abril de 1973, comandos israelíes atacaron Beirut, la capital libanesa, y mataron a tres dirigentes palestinos vinculados a Arafat. Un mes después, el Gobierno libanés, incapaz de contener a los palestinos, atacó por tierra y aire los campos de refugiados, mientras se producía una invasión de guerrilleros palestinos desde Siria. Sólo la mediación de países árabes logró un alto el fuego.


PRIMERA INVASIÓN.


       Los crecientes enfrentamientos entre cristianos libaneses y musulmanes apoyados por la OLP desataron una lucha interconfesional en el país, la que, en 1975, se convirtió en guerra civil al sumarse la izquierda libanesa y Siria. En marzo de 1978, en represalia por las incursiones palestinas en el norte de Israel, tropas israelíes invadieron por primera vez el sur de Líbano hasta la orilla del río Litani. La ONU exigió, en la resolución 425, la retirada incondicional de Israel y creó la Fuerza Interina de Naciones Unidas (FINUL). Un par de meses después, Israel cedió territorio, pero no a FINUL, sino a sus aliados de la milicia cristiana.



     En junio de 1982, tras el intento de asesinato del embajador de israelí en el Reino Unido, Israel invadió Líbano mediante la operación Paz para Galilea, llegando a ocupar Beirut durante 86 días, donde quedaron atrapados unos 6.000 guerrilleros palestinos. Estos, junto a su líder, Yaser Arafat, fueron obligados a abandonar el país el 3 de setiembre de aquel año. Israel pagó un precio alto: 650 soldados muertos.


        A cambio, consiguió echar a la OLP, que trasladó su cuartel general a Túnez. Tras el asesinato del presidente electo libanés Bachir Gemayel, al que apoyaba Israel, entre el 16 y el18 de setiembre 1982 las milicias cristianas mataron a más de 700 palestinos, según unas fuentes, 2.000, según otras, en los campos de Sabra y Chatila, con el beneplácito israelí. Tras la firma de un acuerdo entre Israel y Líbano en mayo de 1983, Israel se replegó de la mayoría del territorio en 1985, pero conservó una zona de 1.100 kilómetros cuadrados al sur.


       En dicha “franja de seguridad”, mantuvo tropas en apoyo a sus aliados del Ejército del Sur del Líbano (ESL), la milicia cristiana que operaba en la zona. En julio de 1993, Israel lanzó la operación Ajuste de Cuentas contra bases palestinas y contra posiciones del movimiento islámico proiraní Hezbolá en el valle de la Bekaa. La operación fue lanzada en represalia por los ataques de ese grupo chií, creado en 1982 con el apoyo de Irán, contra tropas israelíes en el sur libanés. En abril de 1996, Israel bombardeó Beirut en la operación Uvas de la Ira y destruyó la sede de Hezbolá, en respuesta a los cohetes katiusha caídos sobre Galilea. Los ataques alcanzaron Sidón y Tiro. El 18 de abril, Israel bombardeó la base de la ONU en Qana, donde murieron cien refugiados libaneses. En marzo del 2000, el Gobierno israelí aprobó la retirada del sur de Líbano, que se completó en mayo de ese año, dos meses antes de lo previsto, ante el fracaso del ESL y el avance de Hezbolá. El grupo chií libanés considera que la retirada israelí no fue completa, pues Israel todavía ocupa las granjas de Cheba, un estratégico enclave en la frontera entre Siria, Israel y Líbano, que Beirut reclama e Israel dice que es territorio sirio conquistado. Durante el 2005, Israel emprendió acciones militares en represalia por los ataques de Hezbolá, que se han recrudecido en julio tras el secuestro de dos soldados israelíes por milicianos de Hezbolá.


        Además, Israel se ha visto sorprendido por la alta precisión y la capacidad ofensiva demostrada por Hezbolá con sus temidos cohetes katiusha. Ni la peor de las pesadillas de los altos mandos del Ejército israelí contemplaba un escenario como el que Israel vive estos últimos días: más de veinte muertos, un tercio del país paralizado, Haifa, su tercera ciudad en tamaño y segunda en importancia económica, amenazada por cohetes, y la impotencia de frenar militarmente a una siempre desafiante milicia Hezbolá. Los servicios de Inteligencia israelí habían advertido hace varias años de que de que Hezbolá tenía en su poder misiles de largo alcance y con cabezas de más de 100 kilos.



       Y es que, apadrinado por Irán y con la connivencia de Siria, Hezbolá ha conseguido armarse hasta los dientes y dispone ahora de una capacidad quizás superior a la del Ejército libanés, según los servicios de Inteligencia. Aunque en 1991 Irak puso de manifiesto cuál era el talón de Aquiles de Israel –la población civil–, Israel no se veía en una situación como la de ahora con ninguno de sus países vecinos desde 1973, en la Guerra del Yom Kipur. Hoy, lo más frustrante para los israelíes es que una mera organización armada, ni siquiera un Estado, es la que osa alzarse contra el poderío militar de Israel y la que consigue paralizar una ciudad como Haifa, sin precedentes en la historia de este país.



       El Gobierno israelí ha dicho estar decidido a poner fin a esa organización mediante una guerra sin cuartel, pero los analistas creen que es imposible y que el primer ministro israelí, Ehud Olmert, se “ha puesto un listón demasiado alto”. “A lo máximo que puede aspirar Israel es a apartar a Hezbolá de la frontera, pero no a desarmarla”, afirma el veterano comentarista militar del Canal 10, Alón Ben David.


      Para ejemplificar la impotencia de Israel frente a Hezbolá, Ben David sostiene que la Fuerza Aérea ha completado ya el bombardeo de “todos los blancos cualitativos y estratégicos en Líbano” y que “lo que han hecho hoy los cazabombarderos es machacar de nuevo algunos blancos y lanzar bombas antirrefugio para destrozar la infraestructura de Hezbolá al sur de Beirut”.

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