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17 de septiembre de 2009
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LITERATURA Y RADIO

Las voces de las letras

Tres referentes de la cultura en la provincia se sentaron a una mesa a conversar. No estaban ante los micrófonos de sus programas de radio. ¿O sí?

    No le tienen miedo a la palabra, porque trabajan con ella. No le escapan a una opinión, porque su labor es esa. Viven pegados a los libros, leen todo lo que les caiga a las manos, y cada uno tiene su propio espacio radial sobre literatura. Facundo Mercadante (Oso anda, radio Universidad), Julio Rudman (El candil y La libroteca, Libertador), candidato al Martín Fierro por su labor periodística, y Darío Zangrandi (Contemporáneos, Nihuil) llegan puntuales a la cita, se sientan a una mesa y ya comienzan la charla. Se conocen y se respetan, y hacerles una entrevista es un placer, porque saben cuáles son los códigos del diálogo, porque se apasionan, porque viven lo que dicen. Escucharlos es una buena experiencia, así que les proponemos eso, escuchar a estos animales de radio sin que otras voces interfieran.

BLOQUE UNO. Para comenzar, viene bien saber qué motiva a este trío a trabajar con literatura en la radio, y hacia allá vamos. Julio Rudman: En mí caso, es por desafío, ahora, como deformación profesional, es porque soy un lector. Trato de contagiar los amores y desamores que produce la literatura, pero, en realidad, me pasa que pongo un tema musical porque estoy fascinado por determinada cosa o porque tiene que ver con determinada cosa que quiero decir y con la necesidad de transmitir esa curiosidad.

Darío Zangrandi:Además, hay otros elementos que enriquecen el fenómeno de la literatura, como la música, y eso que se dice que la radio es el teatro de la mente. Hay grandes ejemplos en la historia de la radio, Carrizo, Alberto Muñoz, Julio Rudman, que favorecen el fenómeno del texto, tanto por lo dicho como por todos los insumos del medio: el sonido, la edición. Creo que ese es otro motivo, una manera distinta, enriquecida de la literatura.

Facundo Mercadante: La radio también es un espacio válido de acercamiento. Creo que son muy pocos los que quieren a la literatura, muy pocos los que leen, y me parece que esta es una forma de llegar con algo que se asemeje a lo literario. Son ámbitos que tal vez suenan distinto, pero está en la naturaleza de uno esto de compartimentar, de que esté por un lado el papel, que es más permanente, y la radio, que es más fugaz, más instantánea. Me parece que es acercar la literatura, mostrar que se puede escuchar una hora de radio donde, de paso, te comés el mambo de nosotros, pero que tiende a que se conozcan autores, mendocinos sobre todo, en nuestro caso. El diálogo, con los oyentes, con los textos, con los autores, es el leitmotiv de los tres programas, y esto no es casual.

J.R.: A mí me pasa que la radio es una de las tantas maneras de compartir. Cuando estoy leyendo, ahora que leo más allá de para el consumo y el deleite personal, a veces leo para entrevistar al autor, estoy pensando en el diálogo con el oyente, qué me pareció bien, qué me pareció mal y hasta qué hubiera hecho yo en determinado momento. No pude hablar nunca con Dostoiewski, pese a que, por edad, lo podría haber hecho, pero habría estado bueno decirle que yo hubiera terminado Crimen y castigo de otra manera, pero no estoy presumiendo. La historia dice que la terminó a las apuradas, y quedó como el final de una telenovela mexicana. Estas cosas son diálogos con el libro, con el autor y, sobre todo, con el oyente.

D.Z.: Es eso de cómo se enriquece el hecho literario y cómo se empobrece en la radio. Hay algo de performático en la literatura en radio, que es show, una palabra que parece escandalosa, pero no lo es si sacamos la mala prensa que tiene. Esos son los elementos con los que se enriquece, con el diálogo. Dialogar con el instante, con vos mismo, con esos elementos que están presentes en mucho de la literatura actual. Me parece que es donde se gana con la literatura en radio. La literatura es una cosa íntima, pero necesita del público.

J.R.: A mí me gustaría hacer La libroteca con público en vivo.

F.M.: El tema es ese, cómo creás un público lector. Ahí está el desafío, en tratar de enganchar al tipo que pasó por el dial y vos estás hablando de literatura creo que en clave accesible, para justamente decir, por ejemplo, hay una historia como Crimen y castigo, andá y leela.

D.Z.: Y al mismo tiempo está la otra cuestión, que es que por ese camino de los elementos comunicativos de la radio uno no vaya al otro extremo, el de estupidizar todo y sacarle lo genuino y la exigencia natural que tiene la obra de un autor.

F.M.: La intención también es ocupar un espacio que nos interesa. Incluso desde un punto de vista político, es como poner un pié en la casa de alguien y que de repente le empiece a gustar lo que estamos haciendo. Yo coincido en eso de no estupidizar, vanalizar, no dejarlo a un nivel raso que compita con Tinelli, pero a la vez creo que estamos laburando mucho para hacer de la literatura una cosa más chabacana en algún sentido, con todo lo feo que pueda sonar. Por ahí lo hemos hablado con Rolando Concati respecto del tema de la historia, que, para conocer la historia, hace falta que venga alguien y la despeine. Claro que tenemos momentos muy grávidos en el programa, donde discutimos sobre temas literarios, pero al toque cambiamos, porque sabemos que el que está del otro lado también espera cagarse de risa de alguna cosa o escuchar música.

BLOQUE DOS. Además de los programas radiales que conducen, su relación con la cultura en general es más amplia. Rudman dirige Libertador, Mercadante está a cargo de la Biblioteca San Martín y Zangrandi trabaja desde hace años llevando la poesía a los bares y editando. Ante ellos, entonces, es inevitable terminar analizando lo que sucede en Mendoza con la literatura.

J.R.: En principio, me parece que, como en cualquier lugar del mundo, hay buenos y malos escritores, y a la vez, lo que a mí me puede parecer un buen escritor a vos no, o te puede gustar menos. Con esto quiero decir que está viva, que la literatura en Mendoza está viva, y, si querés, está viva pese a los gobiernos, salvo para los burócratas de la SADE, que se colgaron ahora del funcionario de turno. Me parece que hay buenos y malos escritores, la literatura hecha en Mendoza tiene desde Di Benedetto, que es una de las glorias de la lengua española, hasta el pibe que está empezando, pasando por Lorenzo, Ramponi, Draghi Lucero, por el gordo Levy. Pasa por gente de mucho talento. Está viva, y eso significa que tiene cosas de altísimo nivel y basura, porque estar vivo es eso.

F.M.: Yo no afectaría el fenómeno de la literatura en Mendoza sólo a los escritores. Creo que volvemos a pedalear ahí, en uno de los ejes importantes. El artista intenta la búsqueda, el sentido, y hay cosas que me sorprenden para bien, pero yo no diagnosticaría desde ahí. Lo haría desde todas las patas que tiene la literatura. Por un lado, está quien chupa eso y para qué le sirve, partiendo de que la literatura no tiene que servir para nada. Me parece que desde esa parte, está menos viva de lo que quisiéramos, y aparece todo el otro tema: sí, hay quien escribe, pero hay gente que no está siendo alimentada por esto. Entonces, hay algo en el medio, que son todas las otras patas, como los canales de distribución, las editoriales, la editorial de la Provincia, que ahí es donde está fallando la cosa. Me animo a decir que si hay algo de vivo en la literatura mendocina, está dado por el afuera del aparato estatal.

 J.R.: Tiene que ver con enfocar también, que no lo están haciendo.

F.M.:Me refería a eso, a cómo se está respondiendo a lo que pasa, a las editoriales independientes, a los ciclos de lectura, que están haciendo que la cosa se mueva, pero no reniego de la posibilidad que tiene la gestión cultural de establecer criterios y hacer aportes. Yo he tenido la oportunidad de encontrar espacios donde se puede dar esto de mostrar a los escritores por las escuelas. Son pequeñas cosas que hacen a eso de encontrarse con la literatura.

J.R.: A lo que voy es a que el Estado no puede dar las soluciones, pero sí las condiciones.

D.Z.: Con respecto a eso y para ilustrar esto de que la cuestión de la literatura en Mendoza excede a los autores, y en eso coincido con Facundo, hace unos años, en una feria del libro a la que me invitaron, yo ofrecí la idea de hacer un premio Vendimia inteligente. En vez de darle dos mil pesos a un chabón, por qué no hacen un taller con veinte finalistas, un taller conducido por una persona que sepa de literatura, un referente de las nuevas tendencias, o sea, invertir ese dinero en formación, en vez de hacerlo en el premio Vendimia, con una edición horrible y un año después.

J.R.: Y bajo presión.

D.Z.: En vez de eso, seleccioná un grupo y traé, con esa plata, a Daniel Durand, a Villa.

F.M.: Esto que estás diciendo atenta contra algo que me parece que en el sentir del escritor está muy presente: el ego. Ante esta propuesta, muy dentro probablemente el tipo está diciendo “quiero ganarme un Vendimia y salir posando en la foto”. Nosotros le decimos el monstruo, eso que se morfa al tipo que escribe.

D.Z.: Está bien, pero si los chabones son inmaduros y caen en eso, dales las condiciones para cambiar.

J.R.: Ofrezco una propuesta alternativa. Me parece que el Estado tendría que hacer las dos cosas. Está bien que un tipo se gane dos lucas, porque es el premio identitario de determinada literatura. Lo otro, el Estado lo tiene que hacer cotidianamente, eso de brindar las condiciones para que 50 personas tengan esa posibilidad de capacitación.

D.Z.: Lo que me proponía al contar esta anécdota era ilustrar de qué se trata la política cultural, se trata de ignorantes, porque ninguna de esas personas sabría cómo hacerlo, no sabrían a quién invitar, porque no leen, no estudian.

BLOQUE TRES. Y para el cierre, el tema que gran parte de la población está debatiendo: la ley de medios.

J.R.: Me parece que es absolutamente necesario el tratamiento y la aprobación ya, teniendo en cuenta que esta no es la ley K, es una ley que viene siendo trabajada por organizaciones sociales que elaboraron los 21 puntos de base. Y sí hay que reconocerle al Poder Ejecutivo que haya tenido la valentía de hacerla propia. Quiero hacer una sola referencia. La Nostradamus de la política argentina, Elisa Carrió, dijo que si para defender la libertad de expresión es necesario apoyar a los monopolios, ella lo iba a hacer. Esta es una contradicción conceptual muy seria, pero me parece que se sinceraron. Y sí, yo entiendo la bronca de Vila, del grupo Clarín, porque se les terminó un curro muy importante. Yo estaría preocupado si ellos estuvieran a favor, y me parece inadmisible que se opongan en nombre de la libertad de prensa.

D.Z.: Una compañera dijo una frase que me parece significativa: “Si la ley no sale ahora, no sale más”. Además, ese 33, 33, 33 (en referencia a la distribución en los medios de contenidos de los actores privados, estatales y de las organizaciones civiles) es elocuente. Con esos porcentajes, a mí me alcanza. Con esto digo que la apoyo plenamente, pero de la misma manera digo que no me simpatizan los Kirchner, no me simpatizan algunos de sus perseguimientos de la vieja demagogia peronista renovada. No se puede hacer la vista gorda a eso, pero, al mismo tiempo, creo que es imprescindible que salga la ley. La gente de la red nacional de medios alternativos pide que quede más claro que el 33 por ciento destinado a las ONG es para cooperativas, asociaciones de vecinos y demás, de manera que no quede rendija para iglesias, por ejemplo, para que la ley tenga un rol de política transformadora y no de reproducción hegemónica.

F.M.: Para mí, no es una batalla cualquiera. Como escritor, estoy de acuerdo. Ahora, como director de una biblioteca pública, estoy el triple de acuerdo, porque siento que hay luchas similares. Nosotros trabajamos por eso, por el derecho a la información. A mí esta ley me hace sentir muy bien. Ya con ver quiénes están en contra me siento bien, y cuando la analizo, me siento mejor, por las posibilidades que puede dar.

J.R.: Un resumen es que la gran batalla en Argentina tiene que ver con la redistribución del ingreso, y es imposible que la haya si no hay redistribución de la palabra y de la imagen.

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