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29 de septiembre de 2009
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ARQUITECTURA

Las torres de Stalin, las ?siete hermanas? de Moscú

La gran obra arquitectónica de José Stalin, los siete rascacielos, continúa alzándose imperturbable al paso del tiempo, ajena al debate de que el Kremlin desarrolla una campaña de ?neosovietización? de la sociedad rusa

    Ajena e indiferente al debate sobre la figura de José Stalin y las denuncias de que el Kremlin desarrolla una campaña de “neosovietización” de la sociedad rusa, la gran obra arquitectónica del dictador soviético, sus siete rascacielos estalinistas, continúa alzándose majestuosa y, aparentemente, imperturbable al paso del tiempo. La primera piedra de las “siete hermanas” –que en un principio debían ser ocho–, como llaman los rusos a las torres, fue colocada en setiembre de 1947 y su construcción concluyó en la década del 50.

    El proyecto más ambicioso, el Palacio de los Sóviets, un edificio monumental de 415 metros de altura, concebido como un enorme pedestal coronado con una estatua de Vladimir Lenin, el líder de la revolución bolchevique y fundador de la Unión Soviética, jamás llegó a ser construido, porque la naturaleza del suelo no podría haber soportado semejante estructura. En su lugar se hizo una piscina climatizada al aire libre y en la década de los 90 se volvió a erigir la catedral de Cristo Salvador, a semejanza de la primera, que había sido dinamitada para levantar el Palacio de los Sóviets.

    Los siete rascacielos (“visotki” como se los denomina en ruso) son considerados aún hoy un símbolo de poder del país y del pueblo que participó en su construcción, aunque se dice que fueron erigidos por prisioneros de guerra alemanes y represaliados del estalinismo. Cuenta una leyenda que uno de los convictos que participaba en la edificación del edificio de viviendas de la plaza Kúdrinskaya, una de las “siete hermanas”, fue enterrado vivo en hormigón líquido por un capataz enfadado y dicen que continúa sepultado allí. Esta torre, de 186 metros y 24 plantas, tiene 452 departamentos y en tiempos soviéticos era una pequeña ciudad: contaba con peluquería, sucursal de correos, caja de ahorros, farmacia, cafetería, cine y la tienda de comestibles más grande de la capital.

    En el malecón Kotélnicheskaya se encuentra otro edificio de viviendas, de 216 metros de altura y 32 plantas, con unos 700 departamentos, además del cine Ilusión, oficina de correos, cafetería y salón de belleza, entre otros establecimientos. El edificio de Krásnie Vorota, de 24 plantas y 159 metros de altura, situado en el Anillo de los Jardines, avenida que circunvala el centro de Moscú, alberga unos 270 departamentos y oficinas y en tiempos soviéticos era la sede del Ministerio de Infraestructuras Viales. Es el único que cuenta con una estación de subte, que lleva el mismo nombre, bajo una de sus alas. No lejos de allí, el hotel Leningrado, con sus 28 plantas y 160 metros de altura, preside la plaza Komsomólskaya, punto neurálgico de la capital, que alberga tres estaciones ferroviarias centrales y dos de metro.

    El edificio fue adquirido en el 2006 por la cadena de hoteles Hilton, que lo reformó en forma integral, tras lo cual el Leningrado pasó de tres a cinco estrellas. La otra torre hotel, el Ucrania, de 29 plantas y 200 metros de altura, fue en sus tiempos uno de los más altos de Europa. Actualmente está siendo reformado y su reinauguración está prevista para diciembre de este año, para sumarse a la red de hoteles Radisson Royal. El más imponente de los rascacielos estalinistas, el de la Universidad Lomonósov de Moscú, fue inaugurado el 1 de setiembre de 1953.

    Con sus 36 plantas y 240 metros, fue durante 40 años el edificio más alto de Europa y es aún hoy el centro de educación superior más alto del mundo. Inicialmente, las autoridades locales no eran partidarias de su construcción, por su costo excesivo, pero Stalin era de la opinión contraria y decidió erigir un edificio de no menos de veinte plantas en la cima de las Colinas de Lenin (hoy, Colinas de Boroviobo o de los Gorriones). Se dice, además, que propuso que cada uno de los 6.000 estudiantes de la Lomonósov contara con una habitación individual en el rascacielos, aunque consiguieron convencerlo de que, con 3.000 cuartos, había más que suficiente, con el argumento de que el colectivo estudiantil acostumbra a ser muy alegre y prefiere la compañía. Cuentan también que en la obra trabajaron más de 14.000 presos, para los que se instaló un campamento provisto de torres de vigilancia en Rámenki, en las afueras de Moscú.

    Cuando la construcción llegaba a su fin, los trabajadores fueron alojados en las plantas 24 y 25 con el fin de no perder tiempo en el camino y ahorrar en gastos: no hacía falta ni vigilancia ni alambres de púas, pues a esa altura no había adónde ir. Sin embargo, cuentan que un osado fabricó algo parecido a un ala delta de madera contrachapada y alambre y se lanzó al vacío, tomando rumbo hacia el otro lado del río Moscova. Una de las versiones cuenta que logró huir; otra, que el recluso fue abatido en el aire.

    Otra de las leyendas en torno a la universidad es que el edificio principal de la misma cuenta con una entrada secreta a la estación Metro-2, una línea que une el Kremlin con el aeropuerto estatal de Vnúkovo 2, así como un túnel a una ciudad subterránea con capacidad para un máximo de 15.000 personas. Si el rascacielos de la Lomonósov busca reflejar la superioridad de las ciencias soviética y rusa, el del Ministerio de Asuntos Exteriores, con sus 27 plantas y 172 metros de altura, simboliza la autoridad en el ámbito internacional de Rusia y, anteriormente, de la Unión Soviética.

    Las “siete hermanas”, cada una de las cuales recuerda por su forma una torta de boda, formaban parte del proyecto de construcción de ocho rascacielos de estilo barroco estalinista en conmemoración del octavo centenario de la fundación de Moscú, que se celebraba tan sólo dos años después del fin de la Gran Guerra Patria, como denominan los rusos al período de la II Guerra Mundial entre 1941 y 1945. Fue una tarea llena de excesos, desde el número de personas empleadas en su construcción hasta el lujo desmesurado de todo, y cada uno de sus detalles, y un sueño inalcanzable para millones de soviéticos, obligados a convivir con otras familias en “komunalkas”, departamentos compartidos.

    El lujo estaba reservado para los generales, científicos, artistas y, cómo no, la “nomenklatura” estalinista. Con motivo del 850 aniversario de la fundación de Moscú, las autoridades de la ciudad lanzaron una campaña para devolver a los rascacielos estalinistas su aspecto inicial, pero los numerosos aparatos de aire acondicionado y antenas parabólicas que hay en sus exteriores hacen imposible ese viaje en el tiempo. Algunos vecinos de las antiguas generaciones opinan que las “siete hermanas” fenecen ante sus ojos.

    Hace tiempo que la altura de las “visotki” estalinistas se ha visto superada con creces por otros edificios de construcción reciente, como la torre Federación, un rascacielos de 87 plantas y 506 metros de altura, situado en el centro internacional de negocios Moscow City. Sin embargo, este gigante se quedará pequeño cuando concluya la construcción, paralizada ahora por la crisis financiera, de la torre Rusia, diseñada por el arquitecto británico Norman Foster, y que con sus 612 metros y 130 plantas será el edificio más alto del continente europeo. Con todo, los siete rascacielos estalinistas, testigos mudos del ambicioso plan de desarrollo arquitectónico de la capital, que prevé la construcción de 200 rascacielos para el 2015, siguen siendo y serán por mucho tiempo, rasgos distintivos de Moscú, como el Kremlin y la Plaza Roja.

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