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7 de septiembre de 2006
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LAS RAZONES DE MI FASTIDIO

Por medio de la presente, me dirijo a la ciudadanía de Mendoza para manifestar mi repudio a la lamentable forma en que fue rechazada por el Honorable Senado Provincial mi postulación para integrar el Consejo del Río Tunuyán Inferior dentro del Departamento General de Irrigación; sin perjuicio de aceptar sin reparos la resolución adoptada por dicha institución legislativa, en mérito al inquebrantable respeto por las leyes y los procedimientos democráticos.

    Por medio de la presente, me dirijo a la ciudadanía de Mendoza para manifestar mi repudio a la lamentable forma en que fue rechazada por el Honorable Senado Provincial mi postulación para integrar el Consejo del Río Tunuyán Inferior dentro del Departamento General de Irrigación; sin perjuicio de aceptar sin reparos la resolución adoptada por dicha institución legislativa, en mérito al inquebrantable respeto por las leyes y los procedimientos democráticos.

    Quiero referirme a la ofensa que ha representado hacia mi persona el haber recibido el voto mayoritario en mi contra de parte del grueso de senadores de la Unión Cívica Radical, puesto que la expresión del partido al que pertenezco desde los dieciocho años, y en el que he confiado mis esperanzas y esfuerzos colectivos durante toda una vida, lo sufro con fastidio, especialmente por la actitud trapera de mis correligionarios, aún cuando bien cabrían las quejas hacia el conjunto de los legisladores que rehusaron mi designación, por carecer de genuinos fundamentos personales, morales y políticos en la evaluación, siendo la misma más una queja al funcionamiento del sistema de acuerdos.

    Es la actitud partidaria lo que en verdad me agravia, al ser un acto de total desconsideración hacia un correligionario de intenso trabajo por las ideas y los hombres de la UCR, del signo interno que fueran, ya que en cuarenta y cinco años de militancia jamás pertenecí a ningún núcleo interno; ello por el convencimiento de que el ideario de la UCR era el único sentido inspirador de mi vocación política, muy por encima de las fracciones internas, muchas veces teñidas de intereses personales o de grupos intolerantes, que lastimaban –y aún lo hacen– la unidad y confianza social de aquel centenario partido.

    Despojado de todo subjetivismo e interés personal, siento, sin embargo, que la injusta tacha hacia mi designación por parte de los legisladores radicales no es la legítima expresión de un partido –en el cual, a pesar de todo, sigo creyendo– sino la estrecha visión de un grupo, cegado por pasiones sectarias e intereses de corto plazo, completamente alejados del sentir e historia de sus afiliados y, lo que es peor, de la valoración y esperanzas de los mendocinos. He ahí mi queja visceral. Esa distancia, o más bien esa práctica nefasta, es uno de los vicios que debemos desterrar de nuestro partido y uno de los graves motivos de la crisis en que hoy está inmerso.

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