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25 de noviembre de 2006
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Las lecciones de la bella Ségolène

La candidata a la presidencia de Francia por el poderoso socialismo galo ha cimentado su carrera política en su condición de mujer y en propuestas que incomodan a sus compañeros del PS

           Los militantes del Partido Socialista francés (PS) eligieron a una mujer como su candidata a la presidencia de Francia. Ségolène Royal se impuso por una amplia mayoría, con 60 por ciento de los votos, a sus dos rivales masculinos, el ex ministro de Economía Dominique Strauss-Kahn y el ex primer ministro Laurent Fabius. Pero la victoria de Royal es algo más que el triunfo de una mujer.Abre una etapa de cambios en la política francesa, al calor de propuestas muy peculiares, alejadas del programa oficial del PS.



        Hace poco más de un año, cuando anunció en la revista Paris Match que aspiraba a convertirse en la candidata socialista a la presidencia, recibió una agria respuesta de algunos dirigentes del su partido. “¿Quién cuidará a los niños?” o “Las elecciones no son un concurso de belleza” fueron algunas de las expresiones lanzadas por las primeras espadas del PS y también fueron, involuntariamente, las primeras contribuciones a la victoria de Royal.


       Ségolène se ha valido de su condición de mujer para neutralizar tanto desprecio machista. Cada vez que recibía alguna crítica, respondía: “¿Me diría usted esto si yo no fuera una mujer?”. En realidad, detrás de la apariencia delicada, se esconde una fuerte personalidad forjada en la ENA, la Escuela Nacional de la Administración, en la que se forman las élites de Francia. Ingresó en el Partido Socialista en 1978, junto con su compañero François Hollande, también salido de la ENA. Tempranamente se incorporó en el equipo de François Mitterrand, poco después de que este accediera a la presidencia de la República, quien la nombró encargada de la Juventud y, luego, de Asuntos Sociales.


         Obtuvo su primera acta como diputada en 1988 y entró por primera vez en un gobierno como ministra de Medio Ambiente entre 1992 y 1993. Después del descalabro de los socialistas, continuó como diputada. Con la vuelta del PS al gobierno, en el gabinete de Lionel Jospin obtuvo una nueva cartera ministerial, la que abandonó para ganar la presidencia de la región de Portu-Charantes. En el interín tuvo cuatro hijos con Hollande, su compañero afectivo y de militancia, con el que nunca se ha querido casar.


         Ségolène Royal consiguió arrebatar a la derecha conservadora el terreno de la seguridad, con su propuesta de enviar a los delincuentes de entre 16 y 18 años a misiones humanitarias controladas por los militares, como medida alternativa a la cárcel. Pero la propuesta estrella de la candidata socialista es la constitución de comisiones de ciudadanos sorteados que controlarían el trabajo de los políticos, que es una idea tomada del libro La contrademocracia, del constitucionalista francés Pierre Rosanvallonen.


        La instauración de jurados populares elegidos por sorteo para supervisar el cumplimiento de los cargos electos es una medida audaz, francamente revolucionaria. La clase política francesa ha calificado la iniciativa de Ségolène Royal como populista y demagógica. Incluso, un socialista como Fabius ha manifestado que la creación de estos jurados supondría una “falta de confianza en los políticos”, lo que no deja de ser cierto. Pero esa falta de confianza en la clase política no sólo es patrimonio de los ciudadanos franceses.


       Es una desconfianza extendida y ganada a pulso también en América latina, una tierra donde, tal vez en un futuro no muy lejano, estas ideas reciban justificada acogida.

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