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11 de julio de 2006
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LAS CHICAS DE ANTES USABAN SPRAY Y SEDUCÍAN SIN PARAR

Amanecía y mi mirada continuaba lejana, buscando recuerdos que fortalecieran mi historia para tener lo más claro posible mi presente. Eran momentos intensos que llegaban como torbellino llenando de placer de placer mi existencia

      ¡He vivido! ¡Sin dudas que he vivido intensamente casi sin darme cuenta! Recorrí tantos caminos que ni remotamente se me hubiese ocurrido transitarlos bajo ningún concepto nunca. No eran esos los que me llevaron de mi Mendoza a la capital de mi nación. Creí que mi destino sería el que yo marcará, pero comprendí que iba a ser sólo aquello que estaba escrito sin que lo supiera. ¿Adonde finalizará mi transitar por estas huellas de la vida? Ya no es algo que me preocupe. Solo sé que debo vivir y sentirme vivo en cada instante de mi existencia.


      Ese es mi verdadero destino y, quizás, el de todos. Es una foto del diario que me trae más recuerdos de mi juventud. Estando tan lejos y siempre tan cerca de mi Mendoza, me encontré envuelto en el todo y en la nada. En laberintos extraños y desconocidos. Risas y llantos ocupan mi mente. Imágenes de jóvenes bailando, disfrutando del placer de cada instante, con cierta locura mezclada con miedo. Momentos en que no sabíamos si serían los últimos o los primeros. Eran épocas difíciles. Nosotros, con nuestras ideas y otros, con sus armas.


      Todos contra todo y todos. No sé cómo llegué a ser parte de esa historia oculta de una Argentina que sangraba permanentemente. Amigos de hoy, que estaban ausentes en el mañana. Muertos o desaparecidos ¿que más da? ¡No estaban a nuestro lado! Siempre la culpa era de los otros y, a veces, los otros éramos nosotros. Todo depende del color con que se la mire, a esta triste historia que nos perseguirá por siempre.


      No podremos escapar nunca de ella y cada uno se llevará consigo su verdad, que no es la verdad absoluta pero entristece, mírenla por donde la miren. Los unos y los otros, y el dolor entre nosotros. Esa sensación de vivir casi por permiso ajeno y de casualidad, que nos llevó a muchos a disfrutar el momento plenamente. Buscar el placer que necesitábamos para darle un poco de calor al frío de nuestros temores.


     Todos los teníamos, pero estaba prohibido hablar de él. Mirando la foto de dos mujeres tomadas de la mano y a punto de unirse como pareja, me golpeó. No tanto como cuando descubrí por primera vez que la vida tenía esa parte oculta por esos años. Y recordé mi primera fiesta entre amigos “ideólogos de la revolución en marcha”. Todos actuaban sin inhibición alguna. El placer de la caricia entre todos estaba permitido.

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