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19 de noviembre de 2009
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aniversario

La Zero, el papel del rock & roll

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? La revista cumple 10 años. Historia de un proyecto que difunde la música local y otras expresiones artísticas.

La década menemista se acababa, y con ella el siglo XX (el del nacimiento del rock), y la gente se preparaba para despedirlos a ambos. Las bandas seguían naciendo, tocando, reproduciéndose y muriendo, y junto a todo ese proceso, tímidamente, como pidiendo permiso, el 18 de noviembre de 1999 llegaba a los quioscos el primer número de Zero. Gaby Góngora y Darío Manfredi se ponían al hombro un proyecto de publicación que difundiera la actividad cultural local. Cuentos, comics, cine, teatro, literatura, música, todas las manifestaciones artísticas contarían, a partir de ese momento, con un espacio en el que serían bienvenidas. Desde aquella primera Zero hasta hoy han pasado diez años, y, ya instalada en el medio y con un concepto estético definido, la publicación ha ampliado su oferta, organizando recitales, poniendo a disposición del público discos de bandas locales y llevando adelante un ciclo en el que el rock, en todas sus formas, tiene un lugar cada semana.
Salir a la calle. Góngora y Manfredi son diseñadores gráficos y amantes y admiradores del rock y la cultura local, entonces, no es extraño que la profesión y las pasiones decantaran en un proyecto de publicación que las amalgamase. Así fue como salió a la calle el número uno de la revista Zero, “casi como un hobby”, asegura Manfredi. Pero la recepción que tuvo la publicación entre la gente los obligó a plantearse el proyecto de otra manera. “El éxito de ventas hizo que nos tomáramos la cosa más en serio. Evidentemente, la falta de medios gráficos (habían desaparecido los suplementos jóvenes de los diarios locales) y la necesidad de los artistas de difundir lo que hacían lograron que la Zero se posicionara”, recuerda Darío. Actualmente, la revista Zero es sinónimo de rock, pero esto, más que una intención de sus creadores, es consecuencia de los caminos que la publicación fue construyendo en su contacto con los lectores. Góngora resume este proceso explicando: “Quienes fueron acercándose se encontraban con las puertas abiertas, y así fuimos sumando gente al staff, pero lo que más nos llamó la atención es que quienes más llegaban eran los músicos, especialmente los de las bandas de rock. Hoy por hoy se conoce como una revista de rock, y eso fue por una simple necesidad de los músicos locales”. Los responsables de Zero saben lo que la publicación representa para el movimiento del rock local, y los integrantes de las bandas, conscientes de esto, hacen su retribución, generando una retroalimentación permanente que impulsa a continuar. “Las bandas están agradecidas, porque sienten que tener un medio para ellas es necesario”, dice Manfredi, y Góngora agrega: “La respuesta de las bandas es lo que nos hace seguir adelante”. En cuanto a la gente, al público lector, este también hace su devolución, con críticas buenas en la mayoría de los casos, aunque también de las otras, de las destructivas, de las que tiran a matar.  Y esto es un buen síntoma, porque, para los integrantes de la Zero, ese ruido es el mejor indicio de que algo se está moviendo y de que su trabajo no pasa desapercibido. Sin embargo, sienten que, a pesar de diez años y de inserción efectiva en el medio, la revista no ha logrado que más gente deje de creer que en Mendoza no hay buenas bandas de rock. En este sentido, tienen como una deuda la realización de una campaña publicitaria que incentive al público a acercarse a las manifestaciones musicales inmediatas, que son “tanto o más buenas que las que nos muestran las radios masivas”.
El rock versión Zero. El staff de la Zero es una conjunción de periodistas, actores, dibujantes y, claro, músicos, en la que confluyen nombres como los de Iñaki Rojas, Alberto Bistué, Pablo Pavezka, Romina Pesciullesi, Mariela Encina, Roly Giménez y Daniel Camps, sólo por citar algunos. Y entre sus páginas desfilan entrevistas, relatos, información general sobre el rock, cómics y, como si todo esto no sirviera ya como para constituir un documento histórico en sí, hay dos secciones fijas que son un lujito. Una es un abecé del rock mendocino y la otra está dedicada a la historia del movimiento en la provincia, y ambas están a cargo de Roly Giménez. La primera es un glosario de bandas y solistas, con información sobre su procedencia, su estilo y, en el caso de los grupos, su duración. La segunda desanda la historia del rock en Mendoza, con un cuidado trabajo de contextualización de cada etapa musical y sus influencias, amén de las novedades que algunas aportaron. Pero, más allá del formato papel, la publicación apostó desde hace algunos años a la inclusión de CD en algunos números. Estos discos (más de 40 ya), unos gratuitos y otros de compra opcional con la revista, son de bandas locales, que generalmente no cuentan con un sistema y un circuito de distribución. Y, como si esto fuera poco, los responsables prometen para dentro de poco DVD con recitales en vivo. El contenido de estos DVD surge del ciclo Versión Zero, en el cual todos los miércoles desde enero de este año se presentan dos bandas en vivo, además de muestras de fotografías, pintura, juguetes, ropa y perfumes, a lo que se agregan proyecciones de entrevistas y videoclips y los unipersonales Manual de autoayuda para el roquero mendocino, de Iñaki Rojas. A todas estas actividades, en la historia de la revista también se incluyen el programa radial Zero de una, que estuvo semanalmente al aire durante tres años; la entrega bianual de los Premios Zero, en cuyo jurado participan periodistas de espectáculos de los medios locales, y el nuevo proyecto (aún en estado germinal) de llevar lo que la revista hace a formato televisivo. “Muchas veces nos han felicitado y han destacado el ‘sacrificio’ que hemos hecho para mantener la revista. Yo quiero decirles que, a pesar de los vaivenes económicos que un medio independiente tiene que enfrentar, jamás sentimos que hacer la Zero fuera un sacrificio. Muy por el contrario, es un placer enorme. Estoy convencido de que es ahí donde radica el secreto de estos diez años”, concluye Manfredi.

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