access_time 07:07
|
13 de octubre de 2020
|
|
Instigación de un crimen

La Yaqui Vargas a juicio por asesinato: las escuchas telefónicas

https://elsol-compress-release.s3-accelerate.amazonaws.com/images/large/1602535880705Portada%20Yaqui%20Arce2.jpg
La Yaqui habría ordenado vengar el crimen de su esposo y mataron a un inocente, Andrés Arce.

La investigación del fiscal de Homicidios Carlos Torres, que culminó hace pocos días y busca que la jefa narco se siente en el banquillo. Los detalles del crimen de Andrés Arce, un joven que nada tenía que ver con la guerra de bandas.

Sábado 8 de febrero del 2014. Unos minutos antes de las 15. En sectores del barrio Sarmiento y Campo Papa hay tranquilidad a pesar de que es una de las zonas rojas del Gran Mendoza. En horas de la siesta, rara vez se escuchan detonaciones de un arma de fuego. La tensión se vive generalmente por la noche.

Pero, casi veinte disparos llaman la atención de los vecinos de calles Monte Hermoso y Salvador Arias. “El de atrás, el de atrás, ese es, ese es”, escucharon los curiosos que gritaron los matones.

Acto seguido, dos sujetos que vestían chalecos de la Policía de Mendoza y portaban armas calibre 9 y 40 milímetros, acribillaron sin piedad a Andrés Alejandro Arce, un muchacho de 31 años a quien llamaban "Potrillo".

Trece proyectiles terminaron con la vida de este joven que circulaba con dos conocidos en un auto Peugeot 306 bordó.

Los sicarios fueron directamente a borrar de la tierra al sujeto que ocupaba el asiento trasero después de correrlo unos metros. Sin embargo, el plan de los matadores estuvo lejos de ser certero: se confundieron de víctima y asesinaron a una persona inocente.

El Potrillo había ido a comprar drogas al barrio Sarmiento y los malvivientes lo confundieron con Javier "Carnicero" Quirino, el ex penitenciario que mató a fines de enero de ese año a Cristian Mauricio Gelvez, el marido de la jefa narco del oeste de Godoy Cruz, la Yaqui.

Tal como reveló El Sol, el fiscal de Homicidios Carlos Torres terminó la instrucción contra la mujer de 44 años y la mandó a juicio oral. El pesquisa entiende que planeó y ordenó eliminar al asesino del padre de sus cinco hijos junto con algunos integrantes de su organización criminal.

Ver también: La Yaqui frente a su causa más dura: arriesga hasta 32 años de cárcel

La imputó por la calificación de homicidio agravado por el uso de arma de fuego en calidad de instigadora y el caso, más que seguro, se terminará de definir por culpabilidad o inocencia cuando se siente en el banquillo de los acusados una vez que terminen las apelaciones de la defensa.

El representante del Ministerio Público armó la reconstrucción del caso y se basó en una serie de pruebas para acusar a la mujer oriunda del barrio Los Toneles.

Básicamente, analizó declaraciones de testigos, escuchas telefónicas y posicionamiento de los celulares, y, todo, en conjunto, la colocó como sospechosa número uno.

Un dato que no deja de sorprender: horas después del asesinato del Potrillo Arce, la Yaqui abandonó la provincia y se refugió en su coqueto chalet de Juana Koslay, en San Luis.

Desde ese domicilio, siguió usando su teléfono celular y dando directivas para ocultar pruebas que incriminaban a los autores del hecho, sostiene la pesquisa del fiscal.

La jefa narco no tenía idea de que le estaban espiando los teléfonos en una causa federal por venta de estupefacientes, y esas conversaciones que mantuvo por esos días con diversos personajes que la rodeaban (hermanas, hijas, sobrinos y otros sujetos no identificados) terminaron por complicarla en el crimen del Potrillo Arce.

Silencio

Este diario accedió a las escuchas telefónicas que forman parte de las fojas del expediente y otras pruebas que serán ventiladas si la mujer que pasa sus días en la cárcel de El Borbollón es juzgada por la calificación que prevé de 10 años y 8 meses a 32 años de encierro.

Del estudio de esas pruebas se desprende que, minutos después del asesinato de Arce, la narco les indicó a diferentes integrantes de la organización por dónde debían moverse, que mantuvieran la calma y que no realizaran ningún tipo de comentario, ni personalmente ni vía telefónica.

Por aquellos días, en la calle se manejaba la información de que la mujer ofrecía 100.000 pesos a quien terminara con la vida del homicida de su esposo.

A modo de ejemplo, cronológicamente y después de mantener charlas con familiares que sirvieron para confirmar que la mujer estaba en Mendoza, a las 22.43 del viernes 7 de febrero, un día antes de que se perpetrara el asesinato de Arce, los investigadores registraron una conversación entre la Yaqui y un sujeto apodado Pirincho, quien no está identificado con nombre y apellido. Para los pesquisas, la jefa narco y el hombre se encontraban planeando el ataque para vengar la muerte de Gelvez.
Después de saludarse, se inició el diálogo.

–Pirincho: ­“Bueno, yo siempre la saludo con la mejor onda y respeto y... lo que sea, ya sabe que mañana tenemos 24 horas disponibles...”
–Yaqui asintió.
–Pirincho: “Cualquier cosa me avisa, ¿ah?”.
–Yaqui asintió.
–Pirincho: “Sabe que poquito a poquito vamos a tratar de revanchar, ¿ah? Eso es lo de menos porque no lo podemos dejar así...
– Yaqui: “No, no...”.
–Pirincho: “Aunque nos demore, muchas veces se disfruta más cuando se demora más, ¿vio?”.
–Yaqui: “Sí, sí... sí. Me dijo el abogado: ‘No gana el desesperado’”.
–Pirincho asiente.

Ver también: Las escuchas que complican a la Yaqui Vargas y su familia

El Potrillo Arce había ido a jugar al fútbol con un grupo de amigos –algunos del barrio Huarpes, ubicado en la triple frontera– hasta las canchas de un descampado de calles Perón y Salvador Arias, frente al parque de descanso de Godoy Cruz.

Tras el encuentro, Arce y sus dos conocidos decidieron ir a comprar estupefacientes a un quiosquito de la manzana A del barrio Sarmiento, sostiene la investigación.

Minutos antes de que arribara el Potrillo, llegaron al lugar tres sujetos armados que se movilizaban en un VW Fox negro y destrozaron la puerta de ingreso a patadas.

Uno se quedó al volante y con el auto encendido (un sobrino de la Yaqui, declaró una testigo) y los otros atacaron a los presentes. “¿Dónde está Javier Quirino, el flaco? Dónde está la rata culiada, que la vamos a matar”, gritaron, portando armas de grueso calibre mientras amenazaban a todos con una lluvia de proyectiles.

Tenían la información de que en esa morada, de su ex suegra, se escondía el homicida de Cristian Gelvez. Pero, el dato era pésimo. El Carnicero allí no se encontraba.

Mientras esto sucedía, llegó hasta la casa el Potrillo Arce, quien había descendido del vehículo dos cuadras antes con unos pocos pesos en el bolsillo para comprar un par de dosis.

Los investigadores sospechan que se encontró con la dramática escena y salió corriendo por temor. Esto llamó la atención de los sicarios, quienes lo confundieron con el Carnicero Quirino por su aspecto físico (misma altura y color de cabello, entre otras características) y fueron tras él.

Vieron que se subió al 306 y lo atacaron sin titubear. “El de atrás, el de atrás, ese es, ese es”, dijeron al tiempo que comenzaron a disparar y lo mataron sin tiempo a reacción. Arce recibió balazos en los brazos, las piernas y el tórax. Murió en el acto.

Sus amigos, ante el miedo que les provocó el hecho, dejaron el cuerpo tirado en la vía pública y escaparon. Se refugiaron en distintos domicilios y escondieron el auto en una casa de Guaymallén.

Mientras todo esto sucedía, el teléfono celular de la Yaqui mostraba una actividad poco común. Una de esas comunicaciones se produjo a las 15.28, minutos después del crimen de Arce, entre el novio de una hermana de la Yaqui y la propia jefa narco.

“Bueno, váyansen; está tirado todavía, váyansen, agarrá la ruta y andate con los chicos, con él, más que nada, con mi hermano (al parecer, se refería a Ariel Pitu Vargas Méndez, sostiene la instrucción). Y, lo otro, que no comente nada.”, le dijo la Yaqui a este hombre.

El informe policial agrega que el cuñado de la Yaqui estaba nervioso porque algunos vecinos habían visto el asesinato y uno de ellos “es medio sapo”, en referencia que podía informar a la policía cómo y quiénes habían cometido el crimen.

Además, sostiene que la antena de calle Chuquisaca al 200 captó las comunicaciones de los celulares utilizados el día del hecho y arrojó como resultado que la Yaqui y su banda se encontraban en la zona donde quedó el cadáver de la víctima y a la hora que se produjo el hecho.

Esa misma jornada, la Yaqui viajó a San Luis y, a las 21.23, una comunicación de ella fue captada en Juana Koslay, es decir, tras el hecho se fugó de la provincia.

La investigación del fiscal de Homicidios señala que la Yaqui tenía pleno conocimiento de lo que estaba sucediendo en la zona del barrio Sarmiento y lo que se había organizado. A las 15.11, la Yaqui llamó a una mujer NN y esta preguntó: “¿Qué pasó?”
–Yaqui: “No, no... ¿Pasó algo?
–NN: “Sí porque dice mi mamá que se pudrió, pasaron todos los patrulleros por acá”.

Dos minutos después, la Yaqui llamó a quien era pareja de su hermano y le dijo: “Fijate porque los chicos los iban correteando pero no sé por qué el gil se alcanzó a pirar para atrás. Y agregó: “Fijate porque no tenía mucha nafta el auto, no vaya a ser cosa que se queden tirados por ahí... Disimuladamente, disimuladamente, igual, disimuladamente”.

Al otro día del crimen de Arce, el sujeto apodado Pirincho volvió a llamar a la Yaqui, quien ya se encontraba en San Luis. Luego de mantener una conversación trivial, el hombre le dijo que había estado esperando que lo llame, encontrando una justificación de parte de la mujer.

–Pirincho: “Qué le iba a decir, amiga, han matado un tonto ahí por Salvador Arias estaba leyendo en el diario.
Yaqui asintió y le dijo que no sabía.
–Pirincho: “Un tal Arce, Arce, veintiocho años”.
–Yaqui asintió.
–Pirincho: “Ud. sabe que cuenta conmigo siempre, (no) se haga drama, amiga”.

Así las cosas, el Ministerio Público entendió que Vargas debe ser juzgada por la calificación de homicidio agravado por el uso de arma de fuego en calidad de instigador.

Para el fiscal, quedó acreditado que la mujer fue quien “hizo surgir en los autores la decisión de llevar a cabo su conducta, dando un aporte psíquico al hecho, realizando actos concretos de inducción, los que se encaminan hacia una determinada dirección intencional. En este sentido, la instigación constituye una participación meramente psíquica, consistente en haberle hecho tomar al autor la resolución de ejecutar un delito consumado o tentado, lo que supone una cooperación consciente, voluntaria y libre de ambos sujetos”.

Ver también: Mandan a juicio a otra hermana de la Yaqui por droga y lavado de activos

Condenada

Sandra Jaquelina Vargas nació 18 de agosto de 1976. El miércoles 11 de mayo del 2016, poco más de dos años después de ser detenida en San Luis, fue condenada a 15 años de cárcel por la comercio de estupefacientes y lavado de activos. 

A fines de junio de ese mismo año, reconoció en un juicio abreviado desarrollado en la Justicia ordinaria que era jefa de una asociación ilícita. También admitió el delito de falso testimonio. Su abogado pactó una pena de tres años con la fiscalía. 

Ver también: Alarma por las salidas de la cárcel de un angelito de la Yaqui

Además de ella, hermanos y sobrinos han sido condenados por esos y otros delitos. Además, sicarios que respondían a ella han sido hallados culpables por asesinatos, tentativas de ese delito, amenazas y también abuso arma. 

SEGUÍ LEYENDO:

Diario El Sol Mendoza. Domicilio: La Rioja 987, M5500 Mendoza. Argentina. Director Periodístico: Jorge Hirschbrand. © Copyright Cuyo Servycom SA 2020. Todos los derechos reservados.