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4 de febrero de 2011
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La vuelta

Los psicólogos deberían observar con mucha atención una epidemia de depresión que se está produciendo en esta época y que yo llamaría crisis postvacacional

    Los psicólogos deberían observar con mucha atención una epidemia de depresión que se está produciendo en esta época y que yo llamaría crisis postvacacional. La tipa o el tipo vuelven de vacaciones después de haber vivido una semana o quince días distintos, relajados, sin apremios, y al otro día tienen que enjaretarse en la rutina de todo el año: el trabajo, las obligaciones, los compromisos.

    Ayer nomás, la tipa estaba desparramada como silicona que se salió de la teta sobre la arena calentita de Mar del Plata, empachándose la espalda de sol, lejos de los pibes porque, por suerte, el padre decidió asumir su responsabilidad y los llevó a jugar a la paleta a la orilla del mar, y sólo se movió de esa posición para tomar unos mates con gustito a arena o para leer algunas páginas del último libro de Bucay donde le dice que para encontrar la felicidad es necesario ser feliz, y, de golpe, en veintidós horas, porque al volver el Peugeot 404 recalentó en la zona de Pehuajó, en veintidós, digo, pasó de ser veraneante sin responsabilidades en una playa del Atlántico a ser nuevamente ama de casa, sin un lógico período de adaptación.

    Es un golpe muy grande. Porque en un cerrar y abrir de valijas tiene que volver a encargarse de la casa, con el inodoro que sigue perdiendo por goleada, con la heladera que está más vacía que ropero de Tarzán, con el agravante de que tiene que lavar toda la ropa que enchastró su familia durante las vacaciones, y el toco así de impuestos y vencimientos que la esperan, y el contestador del teléfono fijo donde tiene guardadas ciento cinco llamadas de su mamá pidiendo que la llame cuando llegue, y, encima, cuando abre el placard se encuentra con el delantal de docente que la espera con una sonrisa sarcástica como diciendo “dale que se te termina, dale que se te termina”.

    Es realmente angustiante lo que están pasando miles de personas en estos momentos. Ayer fui a casa de un amigo a visitarlo porque se había tomado quince días en las playas de Mexico, lo encontré con cara de amargado tomando un mate de tequila al lado de la Pelopincho mientras los pibes lo salpicaban todo, me miró y me cantó convencido: “Con dinero y sin dinero hago siempre lo que quiero y mi palabra es la ley ya en mi casa me aburro. Ya laburo como un burro pero sigo siendo el rey”.

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