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22 de septiembre de 2006
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Análisis

La verdad sobre ?la crisis energética?

El economista habla sobre las políticas en materia de energía y el desafío que se avecina con la llegada del verano. Las raíces de un serio problema para el país.

    Últimamente, se viene escuchando por los distintos medios masivos de comunicación, de manera muy insistente, la frase: “crisis energética”. Ahora bien, usted se preguntará qué significa que en nuestro país haya o estemos muy cerca de sufrir una crisis de este tipo. Como lo muestran algunos colegas, parece el Apocalipsis, ¿es realmente así? Veamos. A la luz de los acontecimientos, este es el tipo de política en materia de energía que siguieron los dos últimos presidentes en nuestro país. Se distorsionó el mercado por una política energética oficial (entiéndase del gobierno) desacertada.

    Vale la pena aclarar que es desacertada desde el punto de vista económico, pero desde el punto de vista político, quizás no (por lo menos, por ahora). La política oficial, por un lado, fijó precios al consumidor final que no cubren los costos económicos de los productores, alentando de esta forma el derroche de energía y, por otro lado, se castigó a los dichos productores “pisándoles” los precios y, de esta manera, se desalentó la producción e inversión para seguir generando la energía necesaria o por lo menos la que equilibra el mercado según las leyes de la oferta y la demanda.

    Así las cosas, hoy por hoy, el principal opositor del gobierno no son los radicales, ni los Macri, los Carrió o los Blumberg, sino el verano que se avecna. Usted se preguntará porqué. Básicamente, por el hecho de que si este verano es muy crudo, vale decir, con temperaturas muy altas y constantes, pondría en un aprieto al gobierno nacional. Quizás, el ciudadano común no lo note tan superficialmente, porque el faltante de energía no afectará a todos los usuarios por igual, sino a los grandes consumidores industriales y comerciales, que deberán salir a buscar la energía que necesiten por encima de la consumida en el año anterior.

   Según expertos, si el verano se presenta bastante caluroso, el sistema operará prácticamente al borde de sus posibilidades, y si tenemos menos reservas de energía, cualquier falla en alguna línea de transmisión puede originar un apagón de tipo general que cada vez tardará más tiempo en solucionarse. El crecimiento actual de la economía argentina, obviamente, demanda un consumo (entre otros, bienes y servicios) de energía muy importante, que terminará por colapsar toda la capacidad de generación que existe trabajando a pleno.

    Como dijimos, al faltar una política energética basada en una regla (hoy, mantenemos congeladas las tarifas y se cambian permanentemente las reglas de juego en el tratamiento impositivo de las empresas), se ha impedido realizar las inversiones necesarias para que el sistema no colapse. Aunque se ve una luz de esperanza, por el hecho de que el gobierno nacional está empezando a reconocer el problema, ya sea a través de la creación de Enarsa, de anuncios públicos que hace para ahorrar energía, de la Resolución Nº 1281 (a través de la cual la Secretaría de Energía implementó el programa Energía Plus) o, como todos los años a esta altura, ya se empieza a hablar de modificar el huso horario para el mejor aprovechamiento de la luz solar o, incluso, a través de la diagramación de políticas que los empresarios tienen que llevar adelante para generar energía propia.

    Por un lado o por el otro, es un problema que está generando una bomba de tiempo,por el hecho de que si el gobierno deja las cosas como están, el sistema terminará colapsando. Además, si el gobierno deja a las empresas que aumenten sus márgenes de utilidades para alentar las inversiones en generación, el tema es cuánto de esto trasladarán a precios finales, rompiendo de esta manera los acuerdos establecidos con las autoridades nacionales. La política energética, en la actualidad, ha alentado a consumir en demasía todos los productos energéticos.

   Este juego puede continuar en el cortísimo plazo, pero a esta altura de los acontecimientos, más allá de los paliativos que se apliquen del tipo incentivos fiscales, el camino hacia una solución en forma definitiva depende de que los precios reflejen los costos económicos. En Argentina, se terminó pasando de tener energía de sobra y a precios competitivos en la década del 90 a una energía mucho más barata, pero cada vez más escasa. La solución con resultados ya en el mediano plazo pasa por sincerarse, con el gobierno nacional aplicando políticas energéticas adecuadas para que las empresas recuperen sus costos económicos y que los consumidores paguen precios más realistas. Pero esto, obviamente, trae costos políticos que, por ahora, ante la inminencia de un año electoral, el gobierno no está dispuesto a correr.

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