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8 de enero de 2007
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A UN AÑO DE LA MUERTE DE MARCELA SÁNCHEZ

?La UNCuyo y el Gobierno fueron indiferentes?

Ricardo Sánchez, el papá de la niña que falleció en la pileta del campo de deportes universitario, dijo que nunca recibió ayuda oficial. El abogado de la causa aceptó que está demorada. Podría haber nuevos imputados.

    Indiferencia. Con ese término, Ricardo Sánchez, el papá de la Marcela, la niña que murió ahogada en la pileta del campo de deportes de la UNCuyo, sintetiza la desazón que, a un año de la muerte de su hija, le provoca el silencio de aquellos por parte de los que deberían haberle brindado muestras de apoyo y solidaridad: la Universidad y el Gobierno.

   Sánchez tuvo palabras de decepción y bronca para con ambos y dijo que el olvido sobre la pérdida de su hija ocurrió rápidamente. Con la voz entrecortada por el llanto, el padre de la niña afirmó “Nadie nos ayudó. nadie nos ofreció nada, ni ayuda psicológica, ni acompañamiento, ni pedidos de disculpas. La Universidad y el Gobierno fueron igualmente indiferentes a nuestro dolor. No había pasado ni un mes y pocos se acordaban de lo que a nuestra familia le había ocurrido.”

    POCA SOLIDARIDAD. El diez de enero del 2006, dos días después de la muerte de Marcela Sánchez, El Sol se comunicó con la dirección de Participación Comunitaria, dependiente de la Subsecretaría de Relaciones con la Comunidad. Esta repartición cuenta con los medios para brindar asistencia psicológica a las personas víctimas de delitos o situaciones violentas.

   En ese tiempo, la repartición estaba a cargo de la funcionaria Natacha Eisenchlas, quien aseguró a este diario que su dirección se había acercado en reiteradas oportunidades a la casa de la familia Sánchez y que no habían obtenido ninguna respuesta. Sin embargo, Ricardo dijo que jamás recibieron tal visita.

   “Oficialmente, nadie se acercó a nosotros a ofrecernos nada, notamos una total falta de solidaridad e interés por parte del Gobierno” aseveró. Con un concepto similar, Ricardo describe la actitud que el personal directivo de la universidad ha tenido para con su duelo. Dijo que el hecho de que la investigación judicial avance lentamente (ver aparte) no es la principal decepción de su familia en este año sin Marcela. “Lo único que sabemos de la universidad es que han tenido más precauciones en la pileta. Pero lo cierto es que por parte de las autoridades la indiferencia ha sido total. No nos han tenido en cuenta, no se interesaron en averiguar cómo continuaba la vida de mi familia”.

   ASISTENCIA PSICOLÓGICA
. Para Ricardo, la sensación tras la pérdida de un hijo es que el tiempo se detiene. “El mundo puede seguir girando, pero para los padres, es como que los días no pasaran más”, dijo con profunda tristeza. Esa terrible angustia fue lo que lo impulsó a buscar ayuda, tanto para él como para su esposa y sus tres hijos menores, ayuda que les llegó de parte de un grupo de personas que lo apoyan. Son amigos que pertenecen al Damsu, la mutual de la UNCuyo en dónde su esposa trabaja, y también gente de la parroquia a la que asisten.

   Los chicos, en cambio, recibieron asistencia psicológica y pedagógica en los gabinetes de sus colegios. Lo que Ricardo destacó es que, a todos los miembros de su familia, la pérdida de Marcela los ensombreció de igual modo. “Cada uno elabora el duelo como puede, porque el dolor que deja la ausencia de un hijo no se repara jamás. Sólo que la causa se resuelva sería un alivio para nosotros”.

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