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7 de enero de 2019
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La perversidad de la incertidumbre

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La gente –entendiendo por esto que se trata de un concepto representativo de la opinión pública– parece haber relegado temas que hasta hace unos meses generaban sensibilidad y que ahora dejaron de tener un rol protagónico a la hora de establecer prioridades.
La inseguridad y el desempleo aparecían como flagelos, los principales puntos a solucionar, y como las demandas más fuertes en el momento de hacer planteos a la clase dirigente.
El clima cambió. El reclamo apunta a la estabilidad, a la previsibilidad y a la necesidad de dejar de sentir la presión constante que los tarifazos y la inflación han generado. Peor aún, el modelo económico impuesto genera tal incertidumbre que los objetivos ya no pasan por intentar una mejoría, sino que buscan un grado de certeza que, a pesar de la espera, no llega. Esa vulnerabilidad en un año electoral puede ser la mejor carta para los oportunistas. Cuando no hay en qué creer, todo viene bien.

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