access_time 19:59
|
6 de marzo de 2007
|
|

La pelea que faltaba: Argentina vs. OMC

El economista analiza los enfrentamientos entre el Gobierno argentino y los organismos internacionales, como el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio.

    Hace unos días, la Organización Mundial del Comercio (OMC) difundió un informe sobre la situación económica de nuestro país, conjuntamente con la visita a Buenos Aires de la vicepresidenta del Banco Mundial para América Latina y el Caribe, Pamela Cox, la cual recomendó a Argentina previsibilidad para quienes tienen que tomar decisiones con mayor horizonte, es decir, de mediano y largo plazo.

    Al Gobierno nacional esto le cayó bastante mal, porque considera al documento de la OMC sumamente crítico hacia la gestión económica de la actual administración y, en principio, sería la visión que tiene la comunidad internacional de Argentina. Ahora bien, ¿quiénes son estos que nos critican? La OMC es el foro multilateral que intenta negociar e imponer las reglas para el desarrollo del libre comercio a nivel mundial.

    Está dirigida por el francés Pascal Lamy, fue creada en el año 1995 por las negociaciones de la Ronda Uruguay y está integrada por 150 países, de los cuales Argentina es miembro fundador.

    En dicho informe, el organismo internacional elogia la recuperación argentina (primero la noticia buena, después la mala) pero reclama que se intente evitar el “sobrecalentamiento e impedir que se consoliden las distorsiones del mercado”, además de decirle al Estado argentino que logre llegar a un acuerdo con los bonistas que quedaron fuera del canje de deuda, que atraiga inversiones para no caer en cuellos de botella por el lado de la oferta, que no intervenga tanto en la economía, que cuide la tasa inflacionaria, que no abuse de las retenciones, entre otras pretensiones.

    Estas son algunas de las críticas que ha recibido la administración Kirchner por parte del organismo internacional dirigido por Lamy, las que no fueron bien vistas por el Gobierno argentino y, sobre todo, por el equipo económico dirigido por Felisa Miceli. Sin ir más lejos, la ministra de Economía trató a dicho informe de mentiroso y fue más lejos al decir: “Este Gobierno no recibirá más presiones” por parte de organismos de este tipo.

    Es verdad que a este Gobierno no le gustan mucho las críticas (mucho menos, las recomendaciones) y más si vienen de organismos internacionales. Pero analizando el informe fríamente, vemos que algo de razón tiene, ¿o no? Veamos: los pilares de la política económica siguen firmes y el contexto internacional continúa a nuestro favor, la intensificación del actual modelo económico vía políticas netamente expansivas comienza a presentar signos de debilidad bastante marcados.

    Tenemos problemas serios con la energía, desde el punto de vista de la oferta y también de la demanda; el estímulo a la demanda agregada ha llevado a que la inflación sea uno de los puntos más preocupantes para el Gobierno nacional (y para los provinciales también), que se ha tratado de frenar a través de acuerdos de precios, intervenciones y controles.

    Por el lado del Banco Central (quien debería estar más atento a la inflación), tiene problemas para llegar a cumplir con el tipo de cambio nominal, el aumento de reservas y las tasas de interés. Por ahora, parece impensado en un año electoral que el Gobierno aplique medidas de fondo para solucionar estos problemas y asegurarse un crecimiento sostenido en el tiempo y no pensar solamente en el corto plazo y después vemos.

    Por el lado de los aciertos económicos, es cierto que el sostenimiento de un alto tipo de cambio real le permite al Gobierno mantener el superávit de cuenta corriente y también acumular reservas, para, de esta manera, tener un reaseguro frente a shocks externos. Además, al mantener a rajatabla el superávit fiscal por quinto año consecutivo, después de años de grandes desequilibrios, establece una especie de ancla ante cualquier nubarrón que ocurra en la economía.

    Pero el Gobierno se engolosinó con medidas que ponen en riesgo dichos aciertos, como una política monetaria expansiva que ayuda a incentivar la demanda agregada, una política fiscal expansiva con un nivel de gasto que crece porcentualmente a mayor ritmo que los ingresos –lo que pone en peligro el superávit fiscal primario–.

    Por el lado de la política de ingresos, el Estado es cada vez más interventor económico de los mercados, en los que afecta los precios y los salarios, estimulando el consumo y controlando policíacamente el índice de inflación. Mirando los niveles de inversión, si bien ha crecido más de 150% en los últimos cinco años, ha empezado a desacelerarse y sigue muy concentrada en el sector de la construcción y no en el sector de los bienes durables, que son los que nos ampliarían la capacidad productiva y así evitar los famosos cuellos de botella.

    Como dijimos, la inflación sigue siendo alta y por eso la terquedad del secretario de Comercio Interior en intentar (ya parece que de cualquier modo) disminuirla o por lo menos atenuarla. En un año electoral, con presiones salariales y capacidad instalada en el límite, va a ser difícil que se mantenga a un nivel de 10 por ciento anual. Sin ir más lejos, ya se ha puesto en duda que el índice dado a conocer por el INDEC sea real y hasta provincias, como en el caso de Mendoza, difundió dos índices, desvirtuando aún más esta variable tan temida.

    Argentina ha sabido salir adelante a pesar del profundo pozo en el que se encontraba, es bueno reconocer los aciertos, los vientos de cola externos y las debilidades del actual programa económico. Pero también es bueno poder ver a nuestro país a través de los ojos de organismos internacionales, como la OMC o el Banco Mundial,porque la crítica sirve para saber internacionalmente dónde estamos parados.

TEMAS:

Opinión

SEGUÍ LEYENDO:

Diario El Sol Mendoza. Domicilio: La Rioja 987, M5500 Mendoza. Argentina. Director Periodístico: Jorge Hirschbrand. © Copyright Cuyo Servycom SA 2020. Todos los derechos reservados.