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28 de julio de 2006
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La paradoja con el precio del vino

Las peleas por el valor del producto, sus implicancias económicas y las particularidades del mercado. Todo esto en la columna de nuestro especialista

         En los últimos días, hemos presenciado una pelea mediática entre los productores y la ministra de economía provincial por el valor en el que debería estar el precio del vino.Obviamente, para los productores, el precio actual es demasiado bajo, mientras que para la ministra está bien donde está, porque es el que dicta el “mercado”. Para poder sacar una conclusión clara, es necesario analizar el mercado por separado. Es decir, abstraerlo del problema. El problema, como mencionó días atrás la ministra Montero, no se acrecienta aún más porque casi un tercio de los productores mendocinos está integrado y por los operativos oficiales de “tonificación” de los precios al productor, a pesar de que estas acciones no estén alcanzando, al menos por el momento, los objetivos prefijados, y en torno a ellos giren los permanentes cortocircuitos sector-Gobierno.


       Los reclamos de los productores es el siguiente: que el blanco escurrido, que hoy se paga a 40 centavos, trepe a 60 centavos, algo de difícil concreción inmediata en el mundo vitivinícola con sobreproducción y, por lo tanto, con tendencia a la baja en los precios de la materia prima. Esta caída en los ingresos se vuelve bastante peligrosa ahora que están subiendo los costos de producción (según relevamientos, aproximadamente 34% pertenece solamente a subas salariales), porque la utilidad queda hecha pedazos entre esta doble perforadora de ganancias.


       Según estudios oficiales (del Gobierno de la provincia), para que al productor le genere ganancia su actividad, debería vender el kilo de uva a 32 centavos como mínimo. Actualmente, y este no es un dato menor, se vive una pequeña reactivación del consumo interno y una fuerte suba de las exportaciones, lo que permite suponer que una franja que hoy no tiene rentabilidad, empiece a tenerla. A esta altura, tendría que haber una paridad entre los organismos técnicos, entidades gremiales vitivinícolas y el Gobierno provincial en cuanto a la famosa línea de flotación de la vitivinicultura.


      Es lógico que cada sector tire para su lado, pero para eso están los debates, las reuniones y, por sobre toda las cosas, el mercado para poder llegar a un equilibrio, porque eso sería lo más sano para el mercado del vino. Esto que se plantea debería ser lo más normal, dado que en los organismos especializados los consejos directivos están integrados por representantes de entidades sectoriales y oficiales, como lo es el Instituto de Desarrollo Rural dependiente del Ministerio de Economía. La idea fundamental pasa por implementar medidas urgentes en este sector productor, dada la situación de colapso en la que se encuentra actualmente.


       El Gobierno de Julio Cobos puede ayudar a mejorar el precio, pero no todo hay que cargárselo siempre al Estado provincial, porque como bien dice uno de los principios de la economía: el Estado, a veces, puede mejorar los resultados del mercado. Como bien dice este principio económico, es sólo “a veces”, porque no siempre que interviene el Estado se logra mejorar los resultados que muestra el mercado.


      En este caso puntual, pareciera que así lo amerita, pero, como todo, no hay que abusar, el Gobierno puede hacer un esfuerzo adicional y ayudar para que el precio del vino no caiga tanto, pero donde más tendría que hacer hincapié es en fortalecer el lado de la rentabilidad, para lograr que este sector pueda aumentar su nivel de inversiones y mejorar su rentabilidad en el mercado o, en su defecto, buscar mercados alternativos que estén dispuestos a pagar más por este producto. Como sabemos, el precio de un bien está determinado por la oferta y la demanda, que es lo que determina la cantidad y el precio de equilibrio para que no quede nadie sin ser satisfecho con ese bien. El mercado, en ese sentido, es correcto.


       Pero, a veces, por una o por otra razón esto no necesariamente sucede y es ahí cuando el Estado puede mejorar las cosas. Pero como se mencionó anteriormente, en primer lugar hay que dejar al mercado actuar con total libertad porque es la única forma por la cual nos beneficiemos todos, porque cuando se subsidia a un sector para mejorarlo se perjudica a otro, ya que hay que cobrarle más impuestos para poder mejorar a ese sector subsidiado y, de esta manera, se terminan distorsionando las decisiones de los consumidores.

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