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24 de agosto de 2006
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OBJECIÓN DE CONCIENCIA

?La necesidad del paciente está primero?

Mario Sebastiani, titular del Comité de Bioética del Hospital Italiano de Buenos Aires, explicó los límites a la objeción de conciencia, argumento por el cual los médicos pueden negarse a realizar un aborto terapéutico.

   En medicina es factible que la frontera entre los principios éticos de los profesionales y los tratamientos solicitados o rechazados por los pacientes se convierta en una tarea difícil de delimitar. Una de estas situaciones –por demás compleja– es el aborto no punible, contenido en el artículo 86, incisos 1 y 2 del Código Penal. Los profesionales de la salud pueden negarse a llevar adelante tal práctica, recurriendo a un argumento contemplado por los códigos de bioética médica y conocido como “objeción de conciencia”. Sin embargo, existen limitaciones en cuanto al ejercicio de ese derecho.

    Sobre el tema, El Sol consultó a Mario Sebastiani, presidente del Comité de Bioética del Hospital Italiano de Buenos Aires y miembro de la Sociedad Argentina de Ginecología y Obstetricia, quien aclaró dudas sobre cómo y cuándo es factible que se ponga en práctica la objeción de conciencia y cuáles son sus limitaciones. En tanto, el ministro de Salud mendocino, Armando Calletti, quiso llevar tranquilidad a los médicos, asegurando que quien decida llevar adelante la interrupción de este embarazo no podrá ser demandado penalmente, puesto que lo ampara la ley.

LIMITACIONES. En principio, Sebastiani explicó que la objeción de conciencia está contemplada en la ley de ejercicio de la medicina, y por eso el profesional puede negarse a realizar una práctica, aunque esta sea legal.No obstante, existen límites para este argumento: son los que se ubican en la necesidad de prestar el servicio y que están reconocidos por el sistema de salud. Una de estas restricciones corresponde a que, desde la bioética, la objeción de conciencia no puede ejercerse a nivel institucional. Es decir, no está permitido que todos los médicos del sistema de salud pública, por ejemplo, se nieguen sistemáticamente a efectuar una intervención.

CÓMO PROCEDER. El especialista consideró algunas de las posibles formas de proceder correctamente, tanto para expresar la negativa por parte del profesional como para asegurar que esta objeción no interfiera en el derecho del paciente. Así, explicó que sería conveniente la creación de un registro de objetores de conciencia que contemple la derivación del paciente a otro profesional del mismo servicio de salud que pueda prestarle la atención médica adecuada.

    Si bien en el ámbito de las instituciones confesionales (las que responden a un dogma) podría aceptarse una excepción, debe existir la explícita derivación a otro centro. “Ningún médico debería estar obligado a efectuar una práctica de salud en contra de sus creencias, pero si la práctica es legal, el objetor de conciencia está en la obligación de derivar al paciente a otro profesional que sí pueda realizar el procedimiento”, aseguró Sebastiani, y agregó: “Siempre y en todo momento, la necesidad del paciente esta primero”.

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