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2 de septiembre de 2006
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La Mendoza polarizada

El pacto entre Kirchner y Cobos podría dividir políticamente a la sociedad. Nuevos espacios se preparan para emerger. ¿A qué le deben temer ambos mandatarios, a la nueva oferta electoral o al humor de la clase media?

    Néstor Kirchner y Julio Cobos pueden haber abierto esta semana una brecha que conduzca a la provincia hacia el extremo de una división política de la sociedad, en términos puramente de opinión, se entiende. La división es general, porque trasciende al radicalismo. El partido gobernante en la provincia ha sido, en principio, el más afectado por la comunión –más que oficial, evidente, y sin retorno, luego del acto en San Rafael– entre el gobernador con el presidente.

    Pero va mucho más allá de un mero impacto en las huestes radicales. Está bien claro que no sólo lo que une a Kirchner con Cobos es un interés electoral pensando en el 2007.Hay que darle la derecha a ambos cuando, a través de sus hombres más cercanos, explican que hubo un flash entre ambos, cuando se aprendieron a conocer. Cobos sedujo al presidente, aparentemente, con su bonhomía, con su apariencia de tipo del montón, con su don de emergente de la nueva política y hasta con un cierto aire de fresca ingenuidad y sentido común.

    El contrapeso ideal para un animal político, para un huracán. La simbiosis entre ellos no sólo metió una cuña en el radicalismo a nivel nacional, con consecuencias en ese partido, las que ya han sido analizadas profusamente. Lo propio ocurrió en el peronismo mendocino, en donde sus dirigentes hoy navegan, literalmente, en un mar de aguas inciertas, sin rumbo, o sin reconocer que el eje de la autoridad partidaria ha cambiado: un partido acostumbrado como ningún otro a contar con liderazgos fuertes y claros, hoy los tiene que buscar en la Casa de Gobierno, en un gobernador que no surgió del movimiento.

   Su jefe local está sentado en el cuarto piso del edificio cívico; de ninguna manera, en la sede partidaria, ni tan siquiera en alguna de las nueve comunas conducidas por la fuerza. Su situación es tan patética como real. Y el problema de muchos de sus dirigentes es lo que les cuesta digerirla, mucho más después de lo ocurrido este martes en el sur. ¿Y por qué los efectos del pacto entre Cobos y Kirchner superan ampliamente a los partidos que le dieron su estructura para alcanzar la gloria? Porque quienes no están contenidos por convicciones, porque lo rechazaron siempre o porque no estuvieron en el lugar y momento indicado cuando se consumó, necesariamente, hoy tienen que armar rápidamente una alternativa para preservar su subsistencia.

   Y tampoco a esta altura, quienes están afuera pocos reparos pueden blandir desde lo ideológico para reunirse y alumbrar una alternativa. Esto parece gestarse, incipientemente, en la provincia. Si Cobos y Kirchner renegaron de sus partidos y de los dirigentes que los conformaban y juntos están dando paso a un nuevo espacio sustentado por el poder de los recursos, por una coyuntura favorable o por un veranito económico que ha ubicado a ambos en la cresta de la ola, ¿por qué no analizan quienes se quedaron en el andén hacer de tripa corazón y, naturalmente, crear algo distinto? Omar de Marchi, al frente del Partido Demócrata, parece haber visto este escenario y se propone como la alternativa.

    De Marchi plantea la creación de un frente electoral con vistas al 2007 sobre la base, dice, “de principios profundamente federales y claramente republicanos”. Niega que lo que ofrece sea anti-Cobos o anti-Kirchner, sino más bien “un espacio serio para la construcción de políticas claras que sirvan para crecer de verdad”. También aclara De Marchi que el frente debe ser liderado por los demócratas, “los únicos con estructura para enfrentar a Cobos y Kirchner en la provincia”.

    El demócrata apunta a los desencantados y marginales del acuerdo entre el gobernador y el presidente. “Hay muchos peronistas enojados, muchos radicales enojados, gente valiosa que no ha sido tenido en cuenta, y especialmente vamos a invitar a Roberto Iglesias a que se sume a esta idea”, sostiene el titular del PD. De Marchi pretende comenzar a desplegar la iniciativa a partir de este lunes, “hablar con todos los sectores posibles, recorrer la provincia y reunir voluntades”, además de estar dispuesto a enfrentar a los que adentro del partido lo acusarán de entregar la estructura, según sospecha, al servicio de Iglesias para que este enfrente a Cobos.

   De contar con algún futuro, la movida de De Marchi sólo es posible por lo que ha generado el acuerdo entre el presidente y el gobernador. Ya poco importa si lo que tiene enfrente el dúo sea de derecha, de centroderecha o un menjunje de muy difícil explicación. Tanto Cobos en la provincia como Kirchner en la nación, no deberían ver con temor este tipo de asociaciones políticas que emergen para destronarlos. Los sondeos de opinión dan cuenta que nadie, al menos hoy, puede arrebatarles el liderazgo a ambos.

    Pero sí deberían preocuparse por algunos indicios que dan cuenta de que no todo está funcionando tan bien en la economía como parece. Es de suyo que el bolsillo de la ciudadanía es lo que marca el pulso y el humor de la sociedad.Mucho más allá de los problemas de seguridad que a esta altura son estructurales y de muy difícil resolución. El mal rumbo de la economía fue lo que terminó con el gobierno de Alfonsín, sentenció el de Menem y aturdió el de De la Rúa. Y las crisis económicas desnudaron las debilidades institucionales de esos gobiernos, como la corrupción, la impunidad y tantas otras enfermedades que contrajo el país.

    El resurgimiento del mal humor social, especialmente el de la clase media, es lo que teme Kirchner y debería temer, por transición, el propio gobernador Cobos. Los indicios objetivos son varios: un acuerdo de precios que tambalea y que no ha dado resultados concretos y que, además, ha generado fastidio no sólo en la gente, sino también en los empresarios productores de bienes básicos. El plan para inquilinos que no es tal, que no arranca y que sólo parece estar diseñado para un sector de los habitantes de Capital Federal con un nivel de ingresos que supera a lo que se considera, todavía al menos, la clase media. Está claro que la clase media porteña no es la clase media mendocina, ni la sanjuanina, ni la salteña.

    La clase media del interior del país es la que puede desatar el malestar. Si de planes de vivienda se trata, los financiados por el Fonavi o los IPV provinciales no los contempla; los índices de precios al consumidor no los tiene en cuenta, lo que ha generado un nivel de inflación real, que funciona de forma paralela al oficial. A todo esto, se suma la crisis energética que se evidencia, pero que todavía no aparece en todo su potencial. O el temido desabastecimiento de combustible que podría afectar al transporte público. Todos estos aspectos se dejan ver lentamente en la marcha general del país. La sola amenaza de explosión de alguno de ellos es lo que inquieta al elenco gobernante, más que los Lavagna, los Macri, los Carrió , los Iglesias o todos esos juntos.

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