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11 de abril de 2007
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Análisis

La lucha detrás de Puma

Tanto en lo profesional como en lo privado, François-Henri Pinault prefirió siempre pasar desapercibido

    Tanto en lo profesional como en lo privado, François-Henri Pinault prefirió siempre pasar desapercibido. Sin embargo, la oferta de adquisición sobre el fabricante de ropa deportiva Puma supone para el jefe del consorcio francés Pinault-Printemps-Redoute (PPR) un golpe de efecto: el hijo busca emanciparse del padre y extender la empresa. A los 44 años, François-Henri Pinault se ubica finalmente como comprador de empresas a la altura del todopoderoso padre, François Pinault, aunque este todavía maneja muchos hilos.

    ¿Y en el terreno privado? También en ese campo pasó un buen tiempo antes de que el hombre de negocios y la bella actriz mexicana Salma Hayek salieran a la luz y dieran a conocer que esperaban a su primer hijo, algo que hicieron sólo tras anunciar su compromiso. Pero antes de la boda con la intérprete de Frida, en la agenda está la unión del consorcio de artículos de lujo PPR con Puma. Tan atractiva como Salma Hayek en lo privado es la empresa alemana para el bretón en el terreno de los negocios. Es natural que el jefe de Gucci e Yves Saint-Laurent se entusiasme por una marca que une de manera ideal moda y deporte.

    Dispone, además, de una red de establecimientos e ingresa dinero por miles de millones y con tendencia al alza. Como el negocio de la distribución no funciona tan bien en PPR como el del lujo (20 por ciento de la ventas y 40 por ciento de los beneficios), Puma es para la empresa francesa un vínculo entre sus distintos sectores. Con la guerra en torno a Gucci, el padre mostró hace años al antiguo alumno de la renombrada Escuela de Estudios Superiores Comerciales lo que en esta ocasión apenas tuvo que aplicar: cómo se apodera uno de una empresa con oposición.

    El millonario François Pinault luchó por esa empresa durante dos años y medio en el reino del lujo y la moda con LVMH. En 1999, la exitosa compañía de un pequeño pueblo bretón ya se había hecho con la casa de moda Yves Saint-Laurent. Y las dos adquisiciones merecieron la pena. Ahora es el turno del hijo, quien empezó su ascensión en la empresa como vendedor de madera dos décadas atrás y, hace dos años, sucedió a su padre como jefe del consorcio, además de dirigir el holding financiero Artemis. Ahora, debe llevar a cabo la adquisición amistosa del fabricante deportivo y luego el matrimonio con la más bella exportación mexicana a Hollywood. Ambas cosas alegrarán al padre, de 70 años, por igual: a la empresa le va bien, al hijo también.

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