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23 de septiembre de 2009
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EL REGRESO TRAS EL GOLPE DE ESTADO

La llegada de Zelaya generó tensión

Los seguidores del mandatario depuesto fueron reprimidos y hay caos social

TEGUCIGALPA (DPA). Honduras se paralizó totalmente ayer, a raíz del toque de queda impuesto por el gobierno de facto que preside Roberto Micheletti, que desalojó a los zelayistas que rodeaban la embajada de Brasil en Tegucigalpa para respaldar al retornado presidente Manuel Zelaya, que se encuentra en la sede diplomática desde el lunes. El gobierno de facto decretó el toque de queda para ayer y lo extendió hasta hoy, debido al regreso clandestino de Zelaya, quien fue acogido como “huésped” en la embajada de Brasil en Tegucigalpa.

    Zelaya había llamado a sus parciales a dirigirse a la embajada, a fin de crear un cerco humano que los “proteja” de la actividad militar. La policía informó que, en horas de la mañana de ayer, los seguidores de Zelaya apostados en las cercanías de la embajada fueron desalojados, para lo cual utilizó gases lacrimógenos.

    En el desalojo se enfrentaron los policías, asistidos por militares, con los manifestantes, desatándose una batalla campal, que dejó varios heridos, destrucción de autos, incluyendo uno policial, así como de residencias vecinas a la misión diplomática. Aunque inicialmente Orlin Cerrato, vocero de la Secretaría de Seguridad, dijo que no había detenidos, otro vocero policial, Miguel Molina, señaló que “hay algunos retenidos”, los que, según algunos medios de prensa, serían unos 200.

    Marvin Ponce, diputado por la izquierdista Unificación Democrática, que apoyó el regreso de Zelaya, denunció que la policía torturó a varios detenidos y los recluyó en el estadio de béisbol. Varias decenas de zelayistas abandonaron las instalaciones de la embajada de Brasil, donde se habían refugiado para eludir la represión policial. La esposa de Manuel Zelaya, Xiomara Castro, manifestó al canal 36 que la embajada se encuentra rodeada de efectivos policiales y militares y que, incluso, hay francotiradores apostados en las inmediaciones. Bertha Oliva, del Comité para la Defensa de los Derechos Humanos en Honduras (Codeh), denunció en conversación telefónica con periodistas en Washington la “muy alarmante” situación creada tras el toque de queda.

    “Hay un control absoluto del centro de la capital por las fuerzas militares, sólo se ven retenes militares persiguiendo a jóvenes, menores de edad y mujeres. Algunos espacios se han convertido en centros de detención al estilo nazi, esto es muy alarmante, preocupante”, sostuvo la activista. Oliva, según la cual su organización había logrado ya la liberación de 148 personas, indicó que, sin embargo, “aún quedan otras” muchas detenidas en todo el país. Por su parte, Tirsa Flores, miembro de la Asociación Jueces para la Democracia en San Pedro Sula, afirmó también que las acciones de “resistencia” en la segunda ciudad del país estaban siendo “truncadas” por la policía tras el toque de queda y denunció amenazas a varias emisoras locales fieles a Zelaya.

    Todas las actividades públicas y privadas estuvieron paralizadas ayer en Honduras, y los contactos aéreos están cortados con el exterior, ya que el Gobierno suspendió toda actividad en los cuatro aeropuertos del país. Bancos, supermercados y gasolineras no abrieron sus puertas, igual que escuelas, fábricas y oficinas. Solamente operaron los servicios hospitalarios públicos y privados y los medios de prensa. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) llamó ayer al gobierno de facto de Honduras y a las fuerzas de seguridad del Estado a respetar las manifestaciones públicas y el “derecho de expresión de todas las personas”, tras la inesperada llegada del derrocado presidente Manuel Zelaya. Por su parte, el canciller de Brasil, Celso Amorim, consideró como un hecho “extremadamente grave” el corte de los servicios de agua, luz y teléfonos que sufrió la embajada brasileña en Tegucigalpa.

    “Estamos lidiando con un gobierno peculiar, pues ese gobierno (de Roberto Micheletti) no es reconocido por la comunidad internacional”, expresó el ministro brasileño en Nueva York, donde se encuentra para participar en la Asamblea General de las Naciones Unidas. Según el encargado de Negocios de Brasil en la capital hondureña, Francisco Catunda Rezende, el suministro de energía eléctrica y agua fue reanudado ayer, pero los teléfonos siguen sin funcionar y preocupa la dificultad para obtener alimentos.

    “La embajada está virtualmente cerrada. No había luz, ahora ya se restableció, los teléfonos están cortados. Sólo podemos usar los móviles”, dijo el funcionario, en una entrevista telefónica concedida ayer a la red televisiva brasileña Globo. Según el funcionario, preocupa también el tema de la alimentación: “Ayer –por el lunes–, todavía pudimos comprarnos unas pizzas que fueron entregadas a una vecina de la calle de atrás y quien, solidariamente, nos las entregó a través de un muro”. Funcionarios de la embajada de Honduras en Nicaragua, donde Mel Zelaya estableció su base de operaciones desde que fue derrocado el 28 de junio, dijeron que han recibido informes muy preocupantes desde Tegucigalpa.

    Elizabeth Sierra, primer secretaria de la representación diplomática en Managua, denunció que el Ejército hondureño ha impedido el paso de vehículos de la Cruz Roja que trasladaban víveres y agua hacia la embajada de Brasil. Amorim advirtió que cualquier violación de la inmunidad de la embajada brasileña sería “intolerable”, pero expresó su confianza en que ello no ocurrirá. Asimismo, reveló que recibió una llamada telefónica de la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, quien dijo: “Coincidimos en la búsqueda de una solución moderada, pacífica y por la vía del diálogo, sin que haya perjuicio a sus derechos (de Zelaya)”.

    También Estados Unidos llamó al respeto de la embajada brasileña. En un comunicado, el Departamento de Estado destacó la importancia de “respetar la inviolabilidad” de la legación diplomática en Tegucigalpa, aunque a la par dijo “apreciar” las aseveraciones del gobierno de facto de Roberto Micheletti comprometiéndose a respetar la Convención de Viena sobre relaciones diplomáticas de 1961. A su vez, el gobierno de facto de Honduras garantizó que no ingresará a la sede de la embajada de Brasil en Tegucigalpa.

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